Al maestro Camilleri, con cariño

Carlos Salem*
 
Hay mucha gente que lee novelas y aún no conoce a Andrea Camilleri. También, por suerte, hay mucha gente que lo conoce y contagia. Los primeros cuando subsanen su error, descubrirán por qué este veterano viejo zorro te atrapa desde la aparente sencillez y te convierte en cómplice.
Camilleri usa el humor para envolvernos en sus palabras, porque estoy convencido de que conoce un secreto que los demás ignoramos. Y es un humor de aquí, mediterráneo, latino y milenario a la vez. Cualquiera que lea una de sus historias sobre Vigatà (tanto la serie de Salvo Montalbano como las otras novelas), creerá que está en un pueblo cualquiera de esta España que se apoya en el mar pero siempre mira más lejos.
En lugar de reflejarnos en los autores yanquis y copiarles los tics, los que pretendemos escribir novelas con un fondo policial deberíamos tomar ejemplo del maestro y darnos una vuelta literaria por cualquier pueblo de nuestras costas, agrandado hasta creerse ciudad.
Allí encontraríamos la risa y los cuernos, la muerte y los pulpitos, la sopa del mar en la que necesariamente nos cocemos y nos renovamos.
Allí está todo pero nos acercamos con prevenciones, como si un crimen cometido en Ronda tuviera menos glamour que uno perpetrado en Queens. Ese «complejo del chico de la vuelta de la esquina» (subestimar lo cercano porque lo damos por sabido aunque no sepamos nada) no es exclusivo de aquí. También está presente en mi otro país, la Argentina en la que nací y donde tengo enterrado el ombligo. Dos claros ejemplos de esto son los maestros Raúl Argemi y Guillermo Orsi, polipremiados y multi traducidos, y apenas conocidos allí. 
Pero volvamos al gran Camilleri, que es su día.

 
Generaciones y generaciones de intelectuales que se han gastado buscando la cuadratura del círculo, experimentos con y sin gaseosa para mostrarse como vanguardia o modernidad, y todo para que el viejo pícaro y sabio nos de una lección de humildad en novelas como La forma del agua, El olor de la noche, La voz del violín, La temporada de caza, El movimiento del caballo… podría seguir hasta agotar toda la obra de Camilleri, y siempre me reservaría una enseñanza en su nueva novela, la que sea, la que le salga de ahí escribir en ese momento, porque con la pila de años que tiene, el siciliano no renuncia a contar su aldea sin amargura ni concesiones.
Y no deja, tampoco, de ofrecennos en cada obra una sencilla lección magistral , que para mí se basa en tres puntos:
1) a la literatura hay que tomársela en serio entre carcajadas, como a la vida. 
2) la solemnidad mata al arte o por lo menos impide que se le ponga dura. 
3) Los lectores no son gilipollas, aunque a veces dejen que se los trate como a tales.
Camilleri aplica esa recetas en todo lo que escribe y todo lo que escribe llega, conmueve, provoca. Y lo hace sin estridencias, sin códigos davincis o templarios pasados de fecha.
Salvo que me engañe la memoria (mala mujer), en ninguna de sus tramas aparecen conspiraciones de alcance nacional, ni depende de Montalbano salvar el mundo ni el país. Se conforma con salvar al individuo, al mejor estilo de Chandler pero frente al mar, comiendo unos salmonetes como para ponerles un piso y dudando entre el amor y la cómoda soledad del que nunca está solo del todo.
He cometido la audacia de poner a un Camilleri desnudo y astuto dentro de la trama de Matar y guardar la ropa. Sé que, si alguna vez llega a leer el libro, el viejo maestro se reirá del descaro de este novato que tal vez aprendió algo a fuerza de leerlo una y otra vez. Y confieso, sin vergüenza, que uno de los gustos que quisiera poder darme si esto de los libros funciona, sería conocerlo en persona y sentarme con él, en una roca plana para ver cómo el agua lava la tierra sin prisa, y maldecir, juntos, cuando se acerque una nube.
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Carlos Salem es uno de los autores de vanguardia dentro de la actual novela negra en España. Nacido en Argentina, afincado en Madrid, representa el lado canalla y desvergonzado de una novela negra inteligente, corrosiva y desopilante. Cultiva también el teatro (acaba de estrenar El torturador arrepentido), la poesía (Memorias circulares del hombre-peonza)  y el relato (Yo lloré con Terminator 2-Relatos de Cerveza-Ficción). Su última novela es Cracovia sin ti.

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