De la necesidad, virtud

Juan Alberto Campoy






“El reino de la libertad solo empieza allí donde termina el trabajo impuesto por la necesidad y por la coacción de los fines externos”. Eso decía, al menos, el bueno de Carlos Marx. Sólo seremos libres si somos capaces de desprendernos de las tareas repetitivas y embrutecedoras que ocupan nuestro tiempo, y utilizamos todo ese tiempo liberado en liberarnos a nosotros mismos, mediante la realización de actividades gratificantes y enriquecedoras. Y sólo si somos libres, sólo si no estamos forzados a hacer una determinada cosa (para lograr el sustento o para lo que sea), si tenemos la posibilidad de hacer una cosa o su contraria, o ninguna de las dos, podremos hablar, en rigor, de un comportamiento voluntario, de un comportamiento estrictamente humano.

Los actos libres son los únicos que son fruto de la voluntad y, por tanto, los únicos susceptibles de ser considerados desde un punto de vista moral. Así pues, es completamente absurda la expresión utilizada por Pedro Sánchez en el reciente Debate de Investidura: “hacer de la necesidad virtud”. Si tú no tienes más remedio que hacer una cosa, esa acción no puede ser considerada, de ninguna forma, una buena acción (aunque salves a media humanidad –la que queda a tu lado del muro-), ya que no está en tu mano hacer algo distinto. Y, desde luego, si Sánchez quería seguir gobernando a toda costa (esta es la principal premisa), lo único que podía hacer es lo que ha hecho. Así que, virtud, virtud, ninguna. Maldad, tampoco, evidentemente. La maldad (que no es poca) radica en la premisa.

Sólo cabría hablar de virtud, si acaso, desde un punto de vista etimológico. Recordemos que la palabra que se usaba en la antigua Roma para referirse a este concepto es virtus, que deriva de vir (hombre), que a su vez deriva de vis (fuerza). Y quizá por ahí sí que puede haber una explicación. El valor, la fuerza con la que Pedro Sánchez se ha impuesto a todo su partido (la totalidad de cuyos integrantes pensaban, antes del 23 de julio, que la amnistía era ilegal) no se había visto desde el famoso Pichi de Las Leandras.

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