Miguel Rubio Artiaga

Ayer volé a lomos de un colibrí
yo le preguntaba mil cosas
y él me contestaba
con el idioma incansable
de sus parlanchinas alas.
Probé junto a mi montura
el néctar de los dioses
que guardaban las flores
de tres montañas.
Volamos contra el viento riendo
yo subía y bajaba los brazos
como queriendo ayudarlo
y atravesar el muro invisible
de sus tenaces ráfagas.
Mi amigo colibrí
es como yo solitario,
solo busca compañía en celo
cuando está enamorado
y una picazón grabada a fuego
sube por su garganta.
Lo mismo cada primavera
sus tonos azules brillando al sol
el aleteo más seductor
y se iba con la hembra
a dar vida a la vida
mientras yo lo esperaba.
Cuando volvía aun sabiendo
siempre le preguntaba
sonriendo ¿De dónde vienes?
¡Cosas de colibrí! No entenderías,
ni yo mismo lo entiendo
siempre me contestaba.

Solitario como el colibrí. Dicen que es llevador de buenas noticias, que quién los ve sabrá que la familia que ya partió al más allá están bien. Que no se deben preocupar ni llorar.
Solo sé que a mí me gusta verlos, que al volar de flor en flor va duplicando el amor.-