Entrevista a CARMEN CANET, coautora de “CONCISOS. Aforistas españoles contemporáneos”

Cielo Martínez Roch

 

 

El aforismo es un género milenario que cultiva la precisión, es un reto de inteligencia y dominio de las palabras. No es de extrañar que muchos de sus creadores provengan del mundo de la poesía, en donde la exigencia del rigor y del conocimiento del lenguaje es altísima. Es el caso de Carmen Canet (Almería, 1955. Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, España) que combina y desarrolla tanto la poesía como el aforismo. Acaba de participar en la antología “CONCISOS” (editorial Cuadernos del Laberinto. Madrid) donde se han reunido a los más significativos aforistas españoles contemporáneos (veinte) y se ha logrado una obra sobria y limpia que nos da una idea clarísima de por dónde van los tiros en esto de ser breve y certero.

Hemos tenido el placer de entrevistar a Carmen Canet, que con exactitud y amabilidad responde a nuestras preguntas y nos muestra la minuciosidad de sus pensamientos.

 

1.—¿Por qué escribir aforismos? ¿Qué le ofrece en contraposición a la narrativa o a la poesía?

El amor por la lectura y la escritura me vienen desde niña, vivía con ellas, estaban entre mis juegos y entretenimientos, y lo hacía con mi madre. Desde muy joven me han  gustado las citas, me llamaban la atención las frases memorables. De pequeña jugaba con mi abuelo a cambiar o responder a un refrán popular, entre mis aforismos tengo algunas versiones de éstos (“Lo descortés sí quita lo valiente”). He tenido siempre un cuaderno donde copiaba frases que  oía y leía  en los cuentos que me  gustaban,  de adulta seguí con ese gusto de apuntar en cuadernos  esas frases. En mi profesión de profesora de lengua y literatura, siempre encabezo con un aforismo los ejercicios o exámenes de mis alumnos. El ser lectora incansable de los grandes maestros me ha llevado al estudio de este tipo de escritos y, de forma natural, afrontar la tarea de escribirlos. El escritor de aforismos no es el que se sienta tradicionalmente a escribir, se los encuentra (“Lanzada al aire la idea, el aforista tropieza y recoge vidas sucesivas, incluida la propia”). El gusto por el aforismo y su escritura no me ha quitado mi pasión por la lectura de la narrativa, la novela es mi género preferido, y siempre tengo una empezada. La poesía está en mi vida, no puedo vivir sin ella, incluso escribo, estoy incluida con algún poema, en  antologías, pero no soy poeta. Así que es una aportación esencial  para mi escritura, la narrativa y la poesía.

2.—¿Cuál es la receta para un buen aforismo?

Los aforismos deben tener una dosis necesaria para dialogar, son instantes terapeúticos de carga amable, elegante, irónica y comprometida, con los que te sientes identificados porque dicen verdades, que no te preguntan ni responden, que ofrecen pensamientos y sentimientos, y que muchas veces ofrecen bienestar. Por eso en  ellos, son ingredientes imprescindibles el humor, la concisión, la crítica y la reflexión. Deben acotar el vuelo de la mente con un léxico sutil, lúdico, poético y social. No admiten una única lectura: con licencias, con palabras en libertad que nos llevan a la vez a la inmediatez y a la distancia, con genio e ingenio marcan el camino para descubrir otros senderos, dar que pensar y provocar e iluminar al lector. Al aforista le gusta estar al acecho, tropezar en la vida con ideas e imágenes inesperadas para luego, con un lenguaje lúcido e irónico lanzar sus visiones a la página y así lograr que nos alcancen y nos sorprendan.

3.—¿Cómo sabe que un aforismo está terminado, cómo siente esa perfección?

El aforismo hasta que llega a ser aforismo pasa por muchas etapas y cambios,  desde la primera idea que anotas (que la mayoría de las veces desechas) hasta que está terminado tiene su curso, conlleva un proceso de pulido, de dar forma, a donde vuelves, y sigues dándole vueltas, y una vez  acabado queda plasmado ya en un libro. A veces en una nueva reimpresión he llegado a retocar de nuevo.

4.—¿Se diferencia los aforismos de origen femenino de los masculinos como puede pasar con otros ejercicios artísticos?

A mí entrar en la dialéctica de escritura femenina y masculina no me gusta porque no avanzamos, pero está claro que hay un gran número de ejemplos que un hombre nunca escribiría porque son propios de la mujer. Hay aforistas contemporáneos que se les nota en su escritura que son hombres por las referencias que hacen al género, siempre en un tono de igualdad. A diferencia de muchos autores clásicos, y que también pasa en otros géneros eran misóginos en sus comentarios. La mujer ha estado velada en la historia como todos bien sabemos. No es este el momento de analizar el olvido al que ha estado sometida, y aún seguimos en minoría. Lo interesante es que vayamos juntos.

5.—¿En qué se diferencia un aforismo de un proverbio, de una ocurrencia certera o de un tweet?

Tarea difícil la de la definición y clasificación del aforismo. Ha ido evolucionando su concepto, su contenido. Los refranes, los proverbios han tenido unos fines, unas veces más populares, otros más didácticos, pero siempre con cierta carga de sentencia. El aforismo actual está ya exento de moralismo y de grandilocuencia. No corren tiempos ya para la retórica, el aforismo contemporáneo es más cercano, más poético y humano. Las ocurrencias,  los tweets, tan en boga en las redes, son momentos certeros, pero que nunca se pueden confundir con el género aforístico que tienen su técnica, y  no deben caer en la ligereza y trivialidad de lo espontáneo como son esos juegos de internet, donde la frivolidad  de la instantaneidad tiene cabida.

6.—¿Cuál es su aforismo favorito, ese que no le hubiese importado escribir? ¿Y el favorito de cosecha propia?

Son tantos,  Cervantes, Lichtenberg, Borges, Cortázar…, y aforistas actuales, que sería una  lista de aforismos muy extensa, existieron y existen grandes maestros de la brevedad, de este género que vive un tiempo feliz. De los míos propios siempre recurro a los que veo que gustan más a los lectores: “La vida es un borrador que no se puede pasar a limpio”. “Es preferible que la vida no tenga rima y sus versos sean libres”. “El aforismo es un pasillo estrecho que nuestra mente ensancha”.

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