Francisco José Segovia Ramos

Se habla mucho del destacamento remoto de la Fuerza Aérea Edwards, de los Estados Unidos, más conocida por el común de los humanos como “Área 51”. Es fácil encontrar ensayos, libros, vídeos, documentales, incluso videojuegos, que hablan de los misterios que esconde la base. Encontramos en todos ellos experimentos de viajes en el tiempo mezclados con autopsias a alienígenas, o ensayos con armas extraídas de naves extraterrestres. Se habla mucho, es cierto, y la mente del hombre es capaz de imaginar casi todo.
Pero, por supuesto, casi todo no es todo.
Porque, realmente, esta base militar ni pertenece a los Estados Unidos ni, por supuesto, a ningún otro país del mundo.
Y es que hace años que las primeras tropas de ocupación de lo que los terrestres llaman “Alfa Centauro”, llegamos a la Tierra, instalándonos aquí, al lado de este enorme salar. Luego, nos filtramos en las esferas del poder de los gobiernos del planeta, y hoy lo controlamos todo.
La base no es sino el lugar de llegada de nuestros congéneres de más allá de las estrellas. Y la Tierra, por ende, nuestra última y mejor conquista.
Pero, claro, terrícola, todo esto solo lo conocerás cuando este comunicado sea hecho público el día del fin de vuestra civilización.
