Francisco Segovia

La prensa occidental, hábilmente controlada por los EE.UU. de Obama, mantiene su campaña para convencer a la opinión pública de la “bondad” de las actuaciones del Imperio y la OTAN. Las noticias no tienen por dónde cogerlas, y un mero análisis de las mismas pone en evidencia las profundas contradicciones que mantienen.
Así, cuando son los EE.UU. y sus adláteres los que bombardean otros países, se justifica aludiendo a “motivos humanitarios”. Si se facilitan armas a uno de los bandos, se hace para “salvaguardar vidas” o “proteger civiles inocentes”. Al mismo tiempo, se apoyan regímenes de clara tendencia fascista implantados mediante un golpe de estado, como es el caso de Ucrania, se condena a Rusia porque envía ayuda humanitaria a los prorrusos de Donetz, o se mira hacia otro lado cuando la población civil de Palestina es masacrada por el sionismo israelí.
Se habla continuamente de combatir el terrorismo islámico, al tiempo que la administración Obama arma a las milicias yihadistas que combaten contra el gobierno de Siria, y que fueron responsables, entre otras barbaridades, del uso de armas químicas contra la población.
Si un país se niega a seguir los dictados marcados por los organismos internacionales controlados por las multinacionales o los países occidentales, su gobierno es tachado de antidemocrático. Si una nación se niega a pagar sus deudas con los usureros multimillonarios que se enriquecen con la pobreza de poblaciones enteras, este es tachado de actuar contra la “legalidad internacional”. Tanto Venezuela, como Bolivia, Perú, o Argentina, están siendo acosados, en una suerte de neocolonialismo, para que tuerzan su brazo y se plieguen a las condiciones impuestas desde Europa occidental y EE.UU. Y los medios, a todo esto, haciendo campaña a favor de la “democracia” y la “economía de mercado”. Las mismas que nos están llevando al caos, las guerras y la extrema pobreza.
Estas son las verdades del Imperio. Las auténticas verdades del famoso y engañoso discurso del “Yes, wen can”. Porque el gato, sea del color que sea, siempre comerá ratones.
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