DESFASES RÍTMICOS: Violeta Serrano

Dúo del descubrimiento

Yo escuché el canto de los grillos que devoraban tu pecho

me dormí en el desamparo innoble de vinagre de tu sangre.

Tú viste el quebranto del aullido de un lobo que se amilanaba

en el precipicio de mi vientre.

Descorchaste el invertebrado alambre del canto

y yo recorrí las calles indecibles de tus pasos

y me arrullé en los brazos de tu desdicha.

Tú sólo lo hiciste para extasiarte, para desvirgar mi inocencia de fantasmas.

Qué impúdica insolencia la tuya

desnudarme para cegarte con mis pechos,

con la blancura insana de mi vientre.

Pero había un lobo que corría, tú lo viste,

-yo también lo vi-

y no pudimos alcanzarlo.

Y, así y todo, te empeñaste en perseguirlo

te cubriste de lodo para emular su blancura

te dormiste en las alcantarillas del desánimo

para despertar después

más limpio

más cejado

más ingrato.

Sólo quería tropezar con la sal que construiste

con la sal que almidonaba las juntas de tus huesos.

Quise restituir tu pesadez de hiedra seca

la savia aletargada en el desdén de tus pupilas.

Y hubo llantos,

hubo incesantes y trémulas desazones de llantos,

nos oímos las patadas en el seno de un estómago

que en el fondo estaba yermo…

Y tú no lo quisiste ver,

quisiste retorcerme de reproches,

robarme esa calma confortable del no bruit.

Viniste a joderme el cuartito de no espacio.

Viniste a resabiarme,

a entorpecerme el camino de la ignorancia.

Lo hice porque lo había visto

porque había encontrado el cruce

la perpendicular exacta que derriba la frontera

el punto incólume donde se desprecian las desgracias.

Estuve allí y sólo quería acercarte

revivirte el instante del no tiempo

del no aquí, del no ahora y del

todo

aquí y ahora.

Y te hice daño.

Y ahora lloras sobre un crucero de hormigas rojas

te deshaces en pestañas pútridas e infames

castañean tus dientes de vivificada temeridad

y me miras iracunda

porque ya no puedes ir atrás

porque ya has visto algo más alto que la última vértebra de tu espalda

porque el resto del ser es innoble.

Para siempre.

Me has rajado el estrépito de tambores que dormitaban en mis hombros

me has rebautizado con un nombre que no era mío

me has atildado de besos tempranos un anochecer eterno

y me has fustigado el planteamiento de todo tiempo.

Me has comido la garganta con enjambres de abejas

me has roído el rostro con un verbo tan bello que mata.

Y ya no hay fuga posible

no hay rechazo,

es imposible rechazar la blancura de ese desgajado alboroto de tambores insolentes

de ese divergente punto de armonía de contrarios

porque te has fugado con ellos

me has lisiado la mirada

me has lamido el sexo con tu impertérrita dulzura

y me has dejado a merced de una luz

que ensordece a la quimera de mis pasos.

El lobo está aquí,

pero lo guardan bajo llave…

Biografía:

Violeta Serrano García (León, 1988) es licenciada en Filología Hispánica y Filología Francesa con el reconocimiento de Premio Extraordinario en ambas titulaciones concedido por la Universitat Autònoma de Barcelona, donde está finalizando sus estudios de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Paralelamente estudia el Máster de Creación Literaria [IDEC-UPF] y colabora en varias revistas digitales con textos de carácter poético, ensayístico y narrativo.

Ha trabajado como correctora para la RAE, como profesora auxiliar de español en Francia e investigando en el Departamento de Filología Francesa y Románica de la  UAB acerca de la adaptación de textos literarios franceses de los siglos XIX y XX al cine.

Hoy por hoy vive en Barcelona, ha recibido menciones en varios premios de poesía tanto nacionales como internacionales y cuando puede se dedica a zapatear por bulerías en las alcantarillas que no despiden humo.

Web personal: www.violetaserranogarcia.com

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