Fernando Veglia
Juré no abandonar a la más difícil de mis conquistas, la soledad.
Intenté explicar racionalmente nuestro encuentro, pero no pude hacerlo. Tal parece, que debía conocerte de algún azaroso modo. Como a tantos otros te incluí en mi mundo, aconsejado por la curiosidad que a todo misterio me llamaba. Los tantos otros florecían y se marchitaban velozmente; vos eras una incógnita, una palabra desconocida. La prudencia y el tiempo me sugirieron abandonarte, pero surgiste repentina. Quizá la voz del silencio advirtió de una mala decisión, en sueños fue a tu encuentro y la evitó.
De mujer incógnita maduraste a mujer palabra, describiste un universo ajeno; te habías nutrido del saber matemático, exacto e inequívoco, que nunca supe comprender, al que deseaba regresar. Recordé amargamente a la gaviota enamorada del pez, pues amo la palabra como se ama a una mujer.
Opuestos intereses, afines en qué. Ni siquiera nos habíamos visto el rostro, cuando entre nosotros estaba presente lo inexplicable, el capricho de un astro, el vuelo de un ángel, un encanto de invierno.
Fue inevitable negar a los ojos, el rostro y el cuerpo de la mujer palabra. Al vernos, experimentábamos las caricias ocultas de la mirada, e innumerables sensaciones secretas, nacidas de un puñado de coincidencias.
Lo inexplicable confesó ante mi corazón, te extrañaba. Sentí que el tiempo me alejaba de vos, empujándome a la completa obscuridad del recuerdo. Empecinado, construí una Alejandra ausencia, como si se tratará de un rompecabezas. Tomé, de las imágenes que atesoraba en mi memoria, tu fisonomía. Uní cada uno de los poros de tu piel, pinté cada lunar de tu rostro con suavidad, elegí oscuros ojos tiernos, caprichosas cejas, sedosos labios que aún no había besado, un cálido cuerpo que aún no había abrazado. Alejandra ausencia era sólo mi imagen de una hermosa mujer sin alma. Insatisfecho el deseo, destruí la marioneta.
Me dije que te besaría. Acercaría mis labios a los tuyos, susurrarían sin rubor las palabras que dictaría mi corazón. Si fracasará en el intento, no dudaría en confesar que valió la pena enamorarme de Alejandra ausencia, la más bella imagen de tus presencias.
Del libro Líneas, Eds. de los Cuatro Vientos, 2005.
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Fernando Veglia. Nació el 1 de Marzo de 1979 en la Ciudad de Buenos Aires, aunque actualmente vive en Isidro Casanova, partido de La Matanza, Bs.As. Es corredor de bienes raíces (profesión familiar). Su relación con las letras comenzó en la escuela secundaria; en esa época obtuvo la 3ª mención de las Novenas Olimpiadas Federales “Vivencias Estudiantiles ´96”. Editó su primer libro en el año 2005: “Líneas” Ed. de los Cuatro Vientos. Participó, en el stand “Escritores Matanceros”, de la feria municipal del libro del año 2008 al 2010. Participó en las siguientes antologías (todas en Ed. Dunken): “Manos que cuentan” 2008, “Habitar en secretos” 2009 y “Mundos desnudos” 2010 y en la antología del “III Concurso de Relatos Cortos de Viaje 2008”, organizado por Vagamundos, en colaboración con la editorial “Ediciones del Viento” (España).
