Manuel Villa-Mabela
Desengáñese, querido amigo, no estamos tan solos. ¡Ya es Navidad! Además, hemos superado los siete mil millones de personas. Invite a sus vecinos a casa para hacer el pesebre más hermoso jamás contemplado en una comunidad vecinal sindicada. Si no disponen de medios económicos, si el paro habita generoso en todos los rellanos del bloque, no hay problema y lleven a cabo un belén mínimal. Es un estilo novedoso, casual, moderno y nada empalagoso para los ateos. Vamos a profundizar en el problema que usted cree arrastrar. ¿Desde cuándo se siente solo en Navidad? ¡No fastidie! No jugaba al fútbol, no hacía botellón, no iba de putas con los amigos, ¡qué vida más triste!
¿Cuántas novias ha tenido usted? Ah, le cuesta contestar, ya veo que está haciendo memoria, esa es buena señal. ¿Cuántas dice? No puede ser. Digo yo que habrá habido algún tonteo con las niñas del colegio, con la vecinita que todos sus colegas conocían al dedillo, con la pareja de su mejor amigo. Ya, que nunca ha tenido amigos ¡No, hombre, no! Cómo quiere contar como novia la niña que espiaba libidinoso cuando saltaba a la comba para desahogarse furtivamente. ¿Y la mili? Por su edad ha tenido que hacer más de una y en el servicio militar había muy buen rollo. ¡Tristeza crónica! Le licenciaron para que no contagiara su desaliento a los demás. No tiene buena pinta su caso, no señor, pero no me acabo de creer que usted esté solo. ¿No me diga que su familia no le ofrece calor en estas fiestas? Creo que el término odiar es un poco exagerado. Hombre, si acaban siempre en una casa de socorro será mejor que cambien el orden de sentarse en la mesa. Recuerde que los cuñados tienen que estar siempre muy separados y nada mejor que utilizar cubiertos de plástico muy endebles para evitar emociones indeseadas. Son jornadas entrañables, todo el mundo se disfraza de felicidad y se saluda jovial por las calles. Otra cosa es la resaca que padecemos todos cuando se termina la amnistía social y volvemos a las reglas cotidianas de conducta. ¿Qué ha pedido a los reyes? ¡No me diga! ¿Y por qué se quiere morir? Pida que se mueran los demás como hace todo el mundo. Creo que debería armonizar su vida: mucho yoga, mucha terapia de apoyo, mucho baile de salón, matricúlese en algún curso de chino. Hay tantas maneras de esquivar la soledad. ¿Y las medicinas? Las hay de multinacionales que ayudan al tercer mundo, de multinacionales que ayudan a derrocar democracias y multinacionales que experimentan con los menos afortunados. Hay muchas posibilidades donde elegir. ¿Tiene alergia compulsiva a las luminarias navideñas que adornan las ciudades? Pues desaparezca del centro urbano esos días, no vaya de escaparates, evite la publicidad, métase en un monasterio y cierre su celda con llave ¿Usted dónde vive? No conozco esa calle. Eso está en el espacio exterior que se extiende como un desierto al perder de vista la última aglomeración del extrarradio, ¿no es así? ¿Vive allí por gusto, prescripción facultativa o para evitar las visitas? Bueno, cuenta con la ventaja de que los ayuntamientos no plantan en esas extensiones ninguna parafernalia navideña. Tenga en cuenta que esas zonas están todavía sin civilizar por el consumo. Otra ventaja de vivir en el quinto coño es que tiene más naturaleza. ¿Por qué odia la naturaleza? Usted es amigo de pocas cosas, caballero. Sí, hombre, los aviones hacen un poco de ruido al sobrevolar su terraza, pero no hay nada que no se pueda arreglar con unos buenos tapones. Ya, también es mala suerte que tenga alergia a la cera. Usted cultiva demasiadas alergias y eso que estamos en crisis. Si no quiere pasar las navidades con su familia porque teme un atentado, dado que no tiene pareja, aunque sea virtual y tampoco tiene amigos a pesar de las horas que se pasa con otros individuos en las colas de la oficina del paro, aproveche estas entrañables fiestas y pida a su parroquia que le visite una ONG. Hay muchas, seguro que alguna habrá que se dedique a hacer visitas navideñas. Saque algo de turrón, agua con gas y un puñado de caramelos de anís y a celebrar las campanadas que lo importante es tener salud ¿Ha probado internet? Puede tener todos los amigos navideños que quiera, son gratis y no contagian. Están disponibles a todas horas y pueden chatear, enviarse fotos y contarse todas las mentiras posibles. Las navidades virtuales es el último invento de las redes. Puede cambiar de salvapantallas navideño tantas veces como quiera, mediante la webcan puede acceder a toda suerte de domicilios, prostíbulos y eremitas urbanos sin olvidar los últimos juegos de la red como el “braketoy” que consiste en romper a pistoletazos del teclado todos los juguetes que los reyes magos transportan en sus cabalgatas virtuales. Quien no se divierte es porque no quiere ¿Cómo que no le aceptan? Pues no sea usted, invéntese una personalidad nueva. No confiese sus verdaderas inquietudes, no hable abiertamente de sus ideologías, parezca casual y transgresor. Diga que bebe, fuma, le gusta la fiesta y no hace prisioneros en cuestiones de sexo. Hágame caso porque yo puedo ayudarle si sigue algunos de mis consejos, por eso tengo un gabinete terapéutico abierto. Vamos a poner solución a su hipotética soledad antes que exploten las navidades y el terrorismo comercial ataque con sus rebajas y propuestas subliminales los guetos de nuestra conciencia más incrédula. Hágase socio de alguna biblioteca, desayune siempre a la misma hora en la misma cafetería y paséese mucho por esos grandes almacenes de siempre, pero no compre, viole los preceptos de la felicidad consumista. Si le echan a la calle se acerca a otro. Hay muchos, pero cuidado, no se confunda porque no es verdad que el Senado haya dispuesto en su salón de actos una franquicia de esos almacenes durante las fiestas. La franquicia autorizada está en el Congreso. Lo del Senado es un mercadillo pirata. Imaginemos que esta terapia de choque no le funciona, bien, es una posibilidad. Entonces llama usted a cinco compañías de teléfono distintas. Con cinco líneas de teléfono en casa no parará de hablar y comunicarse con la gente. Usted tenga paciencia y diga que sí a todo lo que le proponen si no va contra sus principios y ya sabe que no hay que ser dogmático con los principios. Si uno tiene que evolucionar, evoluciona y a otro asunto. ¿Me sigue? ¡Bien! Vamos a suponer, que es mucho suponer, que tampoco le funciona esta terapia de apoyo. Renueve su armario, elija una tribu urbana y súmese a sus propuestas. Le iría ni que pintado el look gótico y ese semblante subterráneo que usted tiene pasaría a ser un rostro aceptado y celebrado. Además el negro adelgaza y el maquillaje fingiría sus ojeras. No le veo muy convencido de mis estrategias. Si, podría visitar otro terapeuta de auto-ayuda pero no creo que encuentre ninguno colegiado por mis tarifas. Sonría, motívese, reorganice sus necesidades, gestione su tristeza y respire profundamente. Primero hágase amigo de sí mismo, salúdese en el espejo, hable consigo mismo, acostúmbrese al diálogo y cuando esté medio bien con usted salga a la calle, pero no como un perro buscando amo consolador sino gente normal, travestidos ideológicos de toda la vida, fingidores de costumbres que descarrilan dentro de su estación central neuronal. Déjese querer por otros transeúntes vitales, no es que vayan a solucionarle todo o nada, pero apretados se está mejor y se pasa menos frío. Al final se acostumbrará a las navidades, a las navidades marginales, a las navidades en la nieve o al recuerdo del significado perdido de las navidades.

Reblogueó esto en Gorrion de Asfalto.
estar solo en navidad no es algo descabellado, ciertas circunstancias nos llevan a eso, la cuestión es que pienses que quieres en esa fecha si es estar solo pues arma tu propio plan y disfrutalo; pero si por lo contrario quieres estar en compañía de alguien pues no seas tímido orgulloso y busca a esas personas en estas fechas http://www.terapiadeparejadfsur.com.mx/8-psicologosdfsur/11-superar-una-infidelidad