por Víctor Montoya
A solas con el Tío*, sentados frente a frente ante una mesa llena de dados y botellas, me propuso jugar una partida de cacho.
–No quiero –rechacé–. “Juego de manos es de villanos”.
–¿Y por qué viniste entonces? –preguntó el Tío.
–Porque quiero que me devuelvas el alma que me has robado…
El Tío hizo chispear los ojos y los dientes, se alisó la barbilla y soltó una sonora carcajada.
En eso, a mis espaldas, escuché que alguien se acercó a la puerta y la aseguró por fuera.
–Nos han encerrado a los dos –le dije.
–No es cierto –replicó el Tío y apareció al otro lado de la puerta.
* Deidad. Diablo y dios tutelar que habita en el interior de la mina. Los mineros bolivianos le temen y le brindan ofrendas.
