Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “El pijama de Bob Esponja”

Ítalo Costa Gómez

 

 

 

Todos sabemos que cuando nos producimos, arreglamos, peinamos, maquillamos, pulimos, enceramos y dejamos secar al sol pues no nos ve ni nuestra hada madrina. Salimos a la calle a caminar durante tres eternidades en plena hora punta y nadie te ve. No te cruzas ni con tu ex, ni con tu amiga, ni con tu jefe, ni con el chico que te gusta. Cero. Recurres al triste selfie que encima ni siquiera te hace justicia.

Pero pobre de ti que salgas desarreglado. Vas a dos pasitos de tu casa a comprar dos panes y un Nescafé y te encuentras con el que le sacó la vuelta a tu mamá cuando era joven, tu ex, la novia de tu ex (que se ve regia y eso es treinta mil veces peor que ver al pánfilo de tu “plancha quemada” y encima la flaca te saluda con amores locos y poco le falta para pedirte foto), el primo que te cogiste de chibolo, el compadre que te dio en una noche loca (compadre que no se tira a la comadre es muy mal compadre), el cura que te dio la comunión. Con todo mundo. Con todos, toditos. Es la tradición. Así reza la Biblia en algún lugar del medio, imagino.

Cuenta la historia que vivía una de mis peores etapas, porque problemas no me faltan solo que tengo la facilidad de no hacerles caso.

Tenía una gripe terrible que había venido casada con una infección estomacal. Estaba bien flaco, más que siempre. Mi ex me había dejado en claro que no podía seguir conmigo. Me dio el adiós.

– No me llames mejor. Necesito tiempo y soledad. Que sane la herida. – poético él, dramático. Este debe haber sido fan de Bibi Gaytán que decía que si es lindo el primer amor, qué triste es el primer adiós.

No me preguntes de qué herida hablaba el chochera porque yo nunca hice otra cosa que no sea quererlo y soportarlo a pesar de que el pobre daba un poquito de guacala. Pero ustedes también se han enamorado de una porquería alguna vez así que de hecho me entienden.

La cosa es que se juntó todo eso. No podía con el dolor de cabeza. Otra vuelta con el periquito a la coronta de choclo: Náuseas y fiebre. No había nadie en mi casa y no podía pensar en otra cosa que no sea tomarme mi Excedrín Migraña con mi Vitapirena en polvo (yo siempre pensando en el polvo, mal oshe) y dormir catorce días consecutivos y olvidarme de que tenía vida. 

[Morir con mi gripe, la herida de mi ex, mis náuseas y mis diez kilos de peso. Bye bye mundo. Soy demasiado bello para ti.]

Agarré mis huesitos y me levanté de la cama con el dolor de mi corazón y mi pijama de Bob Esponja (ese dibujito animado gay tan buena onda) y me fui a comprar mis pastillitas.

Tres cuadras. Era todo lo que debía transitar. Encapuchado y adolorido llegué a InkaFarma.

En la misma puerta se estacionó un auto azul y bajaron de el tres personas. Uno de ellos era mi padre al que – en ese momento – no veía hace casi diez años.

Qué carajos hace por acá. No entendía nada. Como yo estaba de amarillo patito y con capucha negra llamaba la atención y debo haberle parecido un choro fashion. Habrá pensado éste se escapó del Centro Victoria y me roba todo ahorita pero me da las gracias antes de irse.

Se quedó mirándome absorto. Ítalo, qué carajos estás haciendo con tu existencia, debe haber pensado.

– ¿Ítalo?, ¡Ítalo! Hijo…

Tú vieja calata, cariño. Me hice el sueco y empecé a cantar algo de Natusha, creo. No llevaba audífonos pero la capucha tapaba mis orejas así que me arriesgué para pasar piola y entré a la farmacia rogándole a San Antonio y a la Virgen de Chapi que no entre tras de mí.

Me tuvo piedad y se fue. Compré lo requerido para dormir un mes y me arrastré hasta mi casa.

Hermosos, presten atención: Si están impresentables pues literalmente no se presenten ante nadie. Ni a la farmacia. Quizá a la morgue. Es la única salida posible en esos asquerosos días porque es como retar al Universo. Es como decirle a Mario Barackus:

– Dame tu mejor golpe, negroe’mierda.

Mala idea, cierto. Antonando, mis queridos irreverentes.

“Bob, El constructor” hubiera sido mejor idea para la pijamita. A mí nomás se me ocurre.

Kha varguanzaaaaaaa.

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