Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “El día que conocí a Maritere”

Ítalo Costa Gómez

 



La querida periodista y conductora de televisión María Teresa Braschi era – en aquel entonces – muy consciente del amor que siento por ella desde que era un chiquillo. Mi papá trabajaba en el mismo canal de televisión que ella y yo tenía acceso a las instalaciones del canal e iba acompañarlo de cuando en cuando y nunca me aburría. Parece que no era muy común que un niño esté sentado ahí con tanto entusiasmo entonces todos me compraban chocolates, tortas, gaseosas… ya no sabían qué hacer conmigo. No tenía la suerte de cruzarme a Maritere así nomás, la primera vez que la vi estaba en el set de “Contrapunto” pero estaba trabajando y yo no podía decirle mucho. La veía de lejitos. A la vista de todos yo era un chiquito latoso muerto por la televisión. Se equivocaban. Yo no estaba deslumbrado por el canal, yo estaba ahí por ella.

Cuenta la historia que mi papi salió de las filas del canal y el reto se volvía mucho más grande para mí. Yo sabía que estaba escrito que formaría parte de su vida, lo sentía. Tenía que ingeniármelas para llegar a su corazón. Llamaba al canal y preguntaba por ella como seguramente cientos de personas lo hacían y solo me decían: danos tu mensaje y se lo haremos llegar. Por supuesto que no decía mucho. Un buen día, viendo su programa presentan la primera página web de Latina y Maritere era su rostro. Ella aparecía en el spot y te enseñaba cómo hacer para comunicarte con Jorge Benavides, para ir al espacio de Don Pedrito o cómo escribirle a ella. Dije: ésta es mi oportunidad. Ahora o nunca. Era una época donde comunicarse con alguien conocido era un reto de Survivor, una cosa improbable, dificilísima. 

La computadora de la casa estaba abandonada, nadie le daba bola, por ahí mi mamá un ratito pero era grande y complicada entonces cero con la maquinita. Pero tras ese anuncio se convirtió en el objeto más preciado de la casa para mí. Me senté y encontré la forma de mandar ese famoso e-mail. Le contaba sobre mí y cuánto la quería, qué se yo… La cosa es que me respondió. A mí se me pararon los pelos peor que a Papagayo. No lo podía creer. Entonces empezó a mandarme saluditos al final de algunas emisiones de su talk show al momento que agradecía las cartas que le mandaban del extranjero. Les dije que quería ir al programa y formar parte del público. Otro reto porque yo era muy jovencito y no me podían sentar en cualquier debate, por lo tanto había que esperar a que haya un tema muy suave y el día llegó en agosto del año 2000. Maribel Tello – que trabajaba en el programa – ya me trataba con cariño de tanto que le escribía y un día me manda un correo y me pone: “Italito llegó el momento. El lunes grabamos un programa de musicales. Ya le dije a Maritere que vienes, te esperamos a las tres de la tarde.” Casi me infarto.

Me fui al canal creo que al mediodía y pregunté por Maribel en la puerta y salió amorosísima a llevarme a mi asiento en el set de “Maritere” que aún estaba con las luces apagadas y vacío prácticamente. Esperé y esperé en ese estudio que tanto amaba y conocía de cabo a rabo. No me quería mover de ahí. Cuando Maritere sale al set, la gente se paró a aplaudirla y yo me quedé sentado mirándola. Era un sueño y se estaba volviendo realidad. Al rato Maribel se le acercó y le dijo algo al oído entonces ella volteó como buscándome y yo ahí recién le alcé la manito, fue y me dio un beso. Me agradeció con mucho cariño, me firmó la foto que llevaba y se la pasó engriéndome porque ella sabía lo que significaba para mí estar sentado ahí y ella siempre ha sido una anfitriona maravillosa. 

Cuando terminó la grabación yo no cabía en mí de lo contento. Sabía que había empezado un camino con ella. Los años nos fueron moldeando y las oportunidades nos hicieron amigos. Es una amistad de diecisiete años donde no nos hemos dejado de escribir prácticamente ningún día, ni cuando estuvo en Ecuador perdimos contacto. Hemos llorado juntos, crecido juntos, reído juntos, hemos trabajado 12 horas seguidas, hemos vivido experiencias increíbles y no hay día de la vida que no le agradezca a Maritere su amor, sus enseñanzas constantes, su paciencia, su calor humano y su capacidad de ser mamá en todo el sentido de la palabra. 

Es mi compañera ideal, mi amiga, mi confidente, mi estrella y mi hermana. 

Para contar mi historia se tiene que contar la de Maritere Braschi y es uno de mis más grandes orgullos en la vida.

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