Felicidad y Filosofía: La Casa Emocional

Nínive Alonso

 

 

 

En el camino del aprendizaje y la enseñanza filosófica, tras años de estudio teórico y análisis casuístico en mi propio despacho, me dí cuenta que las pautas o máximas para solucionar los problemas que quiebran nuestra alma, encontrar el bienestar y la Felicidad, aunque eficaces, con el tiempo podían desorganizarse o en el peor de los casos olvidarse. Supe que era necesario un sistema donde enmarcarlas de tal modo que funcionase como una estructura donde ir insertando tales pautas, un espacio definido y delimitado al que amueblar. Además observé que mis pacientes comprendían mejor aquellos ejemplos donde utilizábamos cosas cercanas, que formaban parte de nuestra vida cotidiana y no del mundo abstracto. Es ahí donde comencé a desarrollar mi teoría de La Arquitectura Emocional, y donde diseñé la Casa Emocional como metáfora del Alma Feliz Sólida (*).

La Escuela de Atenas. Fresco de Rafael (s. XVI)

La relación entre Felicidad y Filosofía se remonta tan lejos en la historia como el nacimiento de nuestra cultura occidental, en la más grande cuna de civilizaciones de todos los tiempos: la Madre Grecia.

Desde hace más de veintiséis siglos los Filósofos han dado pautas para alcanzar el Equilibrio Emocional, el Bienestar y la Felicidad. El divino Platón (s. V a.C) decía que la Filosofía era la Therapeía tes psychés, la psicoterapia: terapia del alma-mente para conseguir el bienestar emocional. Él fue el primero en disertar sobre las emociones y sentimientos propios de los hombres, tanto para su virtud –el amor, la amistad, etc.- como para su perdición –la envidia, la codicia, etc.- y mantenía en su Academia ante sus discípulos, aquello que su maestro, nuestro predecesor Sócrates, siempre decía y que estaba inscrito en el frontispicio, en el pronaos del templo Apolo en Delfos: Conócete a ti mismo – “y conocerás el Mundo” -añadía -, máxima que instaba a la introspección en territorio propio: nuestro ser, antes del análisis de los demás. Aristóteles (s. IV a.C) será el primer pensador en hacer un tratado sobre la Felicidad (eudaimonía), e instar a deleitarse en la vida contemplativa apreciando cada momento desde la reflexión y el actuar propio de un alma que ha abrazado el justo medio. Su coetáneo Epicuro (s. IV a.C) utilizará la Filosofía como el verdadero fármaco para el alma en esa búsqueda constante hacia el fin máximo de toda existencia humana: alcanzar la Felicidad; sus encuentros en el Jardín, con sus amigos y discípulos se centraban la mayor parte de las veces en el estudio sobre ella y sobre cómo fuera posible alcanzarla y mantenerla, evitando sus máximos enemigos: el sufrimiento y el dolor. Por su lado los cínicos (kinicós, kyón –perro-) (s. V a.C-III a.C) como Antístenes o Diógenes de Sínope, veían la Felicidad como la vuelta a la naturaleza y la reunión con el mundo animal, así como la ruptura con los roles sociales y su etiquetamiento y la desaprensión de lo material reduciéndolo a lo mínimo indispensable. Séneca el Joven (s.I a.C), desde otra perspectiva considera también que la Felicidad es el bien más preciado para el hombre, y que no son ni las riquezas ni el renombre quienes la confieren, sino la actitud férrea ante los vicios y las envidias. Immanuel Kant (s. XVIII), habla de ella como uno de los deberes del hombre. Arthur Schopenhauer (s. XVIII) pone hincapié, para conseguirla en el ser (en seguir nuestra esencia), en vez de en la posesiones o en lo que uno representa en la sociedad y Bertrand Russell (s.XIX) propone la conquista del territorio de la Felicidad de la que somos legítimos dueños.

Actualmente nos encontramos varios pensadores dedicados por completo al estudio de las emociones y la Felicidad, así como su tratamiento terapéutico: Lou Marinoff quién proyectó internacionalmente la Terapia Filosófica con su best-seller Más Platón y menos Prozac (1999), Christopher Phillips, Alain de Botton o Roger-Pol Droit entre otros.

Los actuales Filósofos Emocionales, en mi caso desde la Terapia Filosófica individual, proponemos, en definitiva, la recuperación del espíritu griego de la Filosofía como fármaco del Alma, como terapia, herramienta de análisis y trabajo para solucionar los problemas emocionales y ponemos, en entredicho las psicoterapias tradicionales por su uso indiscriminado de ansiolíticos y antidepresivos, que prometen pero no conceden la Felicidad.

Y en esta reivindicación de la disciplina filosófica y la dieta emocional terapéutica es dónde se inserta mi teoría de La Arquitectura Emocional que utiliza macro y micro metáforas para establecer la organización de ideas y piezas de nuestra alma de modo que podamos solidificar nuestra personalidad, así como aprender a establecer límites emocionales con los demás, y conseguir el bienestar propio.

La metáfora ha sido y es una herramienta mental y visual muy potente para ejemplificarnos aquello que nos queda lejano o nos resulta difícil de discernir; Platón o Aristóteles la utilizaban como recurso de enseñanza también de las emociones y es por ello que yo me hago eco de esta utilización y la fomento, como comentaba al principio en mi propia filosofía, concretándola en tres macro-metáforas centrales que utilizo a nivel terapéutico con mis pacientes:

La Casa Emocional, de la que hablaremos en las próximas líneas, como metáfora de los mínimos necesarios para construir un Alma Feliz Sólida.

El Barco, como el constructo metafórico de una vida que consigue la estabilidad en el movimiento, sin caer en el aburrimiento, la apatía o estaticidad de la vida cotidiana, encontrando la velocidad de crucero propia para cada cual.

La Fortaleza, como la arquitectura necesaria para establecer límites emocionales justos y adecuados, bien para la vida sentimental, familiar, laboral o social.

Si bien es cierto, que debo decir que utilizo también en un perfil de matiz adecuado otros volúmenes o micro-metáforas como el Cono S.E.S, para la explicación de la conexión entre Sensualidad, Erotismo y Sexualidad, la Diana 4Ds (Deseo, Decisión, Disciplina y Deleite) para la consecución de un proyecto fijado al que lanzar la flecha, la Pirámide Escalonada (hobbies, pasiones, o vocación) para fortalecer los momentos de ocio, diversificar actividades o encontrar aquello que nos apasiona, o la Pila Emocional-Energética, que utilizo para el trabajo con personas que les falta energía vital, estás desganados, desgastados emocionalmente, melancólicos o tristes.

Hoy hablamos de La Casa Emocional porque se encuentra dentro de esta teoría para enseñarnos a construir los mínimos de un Alma Feliz pero sobre todo Sólida es decir que sea capaz de soportar las inclemencias o desventuras de la vida. Recordad el cuento de Los tres cerditos, ni la casa de paja, ni la de leña sobrevivieron, sino que lo hizo la casa de ladrillo que hizo el cerdito que fue previsor y dedicó tiempo, recursos y esfuerzo para que fuese lo suficientemente sana como para hacerlos felices dentro y lo suficientemente fuerte como para defendernos del Lobo,. Imaginad entonces, que debemos hacer los mismo cuando construimos nuestro Alma y por ello tenemos que poner atención a varias partes fundamentales para poder estar sanos, seguros y felices.

Por todo ello, La Casa emocional como metáfora del Alma Feliz Sólida debe tener tres estancias principales: el sótano emocional, la casa principal, y el desván emocional.

El sótano emocional, es el lugar donde están los miedos, los vicios, las adicciones, y los complejos. Se dispone y se relaciona con los cimientos emocionales, aquello que hemos vivido con nuestros padres, la infancia feliz o traumática, las circunstancias de nuestra primera infancia. Al igual que en una casa, en necesario bajar al sótano, mantenerlo aireado, atenderlo, limpiarlo, porque sino la filtraciones de agua, las humedades o los ratones pueden estropearlo y posteriormente estropear nuestra casa. El Alma necesita no taponar, no silenciar, sino airear, observar y reflexionar sobre estos pareceres, tanto aquello que hemos vivido con nuestros padres y hasta qué punto nos debe afectar, tanto para bien como para mal,como cuáles son nuestros complejos, miedos, o traumas a los que no queremos mirar a la cara, esperando que desaparezcan por arte de magia, auto-engañándonos.

La casa principal, en la que desarrollamos la vida diaria, tiene dos partes fundamentales: la puerta y las ventanas.

Las ventanas es cómo miramos al mundo, un Alma debe tener una ventanas abiertas pero con su justo tamaño. Vemos que cuando las personas están en tristeza profunda ni siquiera suben sus persianas, ni quieren mirar a través de las ventanas, ni ver la luz del Sol, y por otro lado, vemos a personas colgadas durante horas de sus ventanas criticando a los vecinos y entrometiéndose constantemente en las vidas ajenas, cotilleando. Lo idóneo es mantener un alma que quiera mirar, experimentar, conocer el mundo y las personas, minimizando la crítica, y observando con tolerancia a los demás, porque sólo de ese modo podremos sentirnos a gusto.

Las personas que son muy críticas con los otros, suelen ser muy duros también consigo mismos no quererse y tener baja autoestima, aprender a mirar a los otros con curiosidad sana nos ayuda a mirarnos a nosotros mismos del mismo modo.

La puerta, es la forma con la dejamos pasar a los demás en nuestro territorio, en nuestra casa, en nuestro Alma, lo ideal serían esas puertas partidas por la mitad, de tal modo que tengamos una parte cerrada y la de arriba abierta, al igual que antiguamente en las aldeas y pueblos se cerraba la parte de abajo para no dejar entrar, por ejemplo, a las gallinas, y sin embargo, por el hueco abierto de la puerta uno podría escuchar, ver o conectar con el exterior. De igual modo, un alma necesita interconectar con los demás siempre y cuando establezca unos límites con su intimidad, no es casualidad que digamos “pasó hasta la cocina” cuando queremos decir que alguien se tomó unas demasiadas confianzas demasiado pronto; Así que mantener a salvo partes de nuestra intimidad, y no contar ciertos episodios íntimos o problemas emocionales a la primera de cambio, es una buena solución, sin que por ello dejemos de conocer a gente, interactuar o tratar de ligar o divertirnos.

La tercera estancia principal de la Casa Emocional, sería el desván emocional, ese lugar donde guardamos aquellas cosas que aunque no utilizamos a diario, sin embargo no queremos tirar, y tampoco queremos meter en el sótano: son nuestros buenos y bonitos recuerdos. Es importante guardar aquellas cosas que sean o hayan sido significativas para nosotros, inclusive aquellas fotos o cartas de amor de una relación rota pasada, que aunque no queramos ver pueden ser un recuerdo bonito en el futuro cuando el dolor haya desaparecido. Seguir cogiendo pequeños recuerdos de nuestro viajes, o aventuras por nuestra ciudad o pueblo, tales como arena, hojas, una pequeño escrito o la servilleta de una cafetería en la que apuntaste una bonita frase, son pequeños grandes objetos que podemos meter en una cajita, y alojar en nuestro desván emocional. Creedme, nos harán mucha falta cuando caigamos en un bajón emocional, tengamos un problema personal o laboral, o pensemos que la vida ya no tiene sentido, esas pequeñas cosas nos recordarán momentos alegres, y nos salvarán.

Es importante tener en cuenta que todo Alma Feliz Sólida, debe disponer de una serie de habitaciones dentro de su Casa Emocional: la Habitación Principal, una parte de nuestro Alma que se dedique a fomentar el erotismo, un baño con aromas y velas, ponernos guapos, arreglarnos y dedicar tiempo a nuestro cuidado personal, no importa ni la edad, ni la situación económica. Con un poco de dedicación cada uno de nosotros puede sentirse más atractivo, y más juvenil.

El Salón o Sala de Estar, nos recuerda que un Alma necesita dedicar un tiempo a la familia (y en el caso de no poseerla a las amistad cercanas) uno no puede dedicar todo su tiempo a su faceta o ambición profesional, porque a largo plazo no le dará la felicidad.

El Baño, es la estancia del deshago, uno no puede estar todo el día llorando, todo el día quejándose, sino que tiene que estabilizar su tránsito emocional con disciplina. El que pueda acudir al terapeuta será de gran ayuda para ese deshago, y el que no pueda por economía acudir puede dedicar un día semanal a escribir en un diario, a pintar expresando las emociones, o a ir a un rincón de reflexión donde pensar en sus problemas. La dieta emocional filosófica es como el ejercicio, nada engorda y mucho enferma.

Y por último, la Cocina, esa parte que diferencia un hotel de un hogar, el lugar donde se ritualiza la comida, el hogar o el lar, es esa parte del Alma que debe ser dedicada a la ternura, que va un paso más allá del Amor. Recuperar la ternura es necesario para nuestra felicidad y la de aquellos que nos rodean diariamente: comprar un pequeño peluche con el que dormir, regalar una piruleta a un amigo, escribir una carta de amor tras décadas de matrimonio, comprar un estuche de colores que ansiabas de pequeño pero que tus padres no pudieron comprártelo; esas pequeñas cosas recuperan nuestro ser niño y adolescente ilusionan nuestra Alma y le confieren alegría.

Así que queridos amigos, construyamos nuestro Alma Feliz Sólida, nuestra Casa Emocional:

Elijamos el territorio libremente sin el peso excesivo de nuestro pasado, no olvidemos bajar de vez en cuando al sótano para cerciorarnos de que no hay problemas, dispongamos en nuestra casa un lugar dedicado a la familia, un lugar dedicado a nuestro atractivo, un lugar dedicado al desahogo emocional, y un lugar dedicado a la ternura; guardemos bonitos recuerdos y conservemos ideas ilusionantes en nuestro desván emocional. Y sobre todo y muy importante, no dejemos que nadie secuestre nuestra casa, invada espacios donde debemos mandar sólo nosotros, nadie es dueño de nuestra vida, nadie puede abrir o cerrar nuestras puertas a su antojo, porque nosotros y sólo nosotros debemos tener la llave de nuestra Casa Emocional: La llave de nuestra Alma.

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(*)Toda la teoría descrita, conceptualizaciones, micro y macro metáforas, ideas e imágenes (excepto aquellas menciones explícitas a otros filósofos) es diseño exclusivo de Nínive Alonso.
Cualquier copia o difusión por parte de otro terapeuta o persona sin su consentimiento o sin mención de autoría atenta contra su propiedad intelectual, y será reclamada ante los tribunales.
Gijón, 1 de Enero de 2018.

Nínive Alonso (Gijón, España, 1985) es abogada y filósofa. Se dedica a la Terapia Filosófica en Asturias (España) donde tiene su despacho de terapia individual. Es además conferenciante y dentro de la filosofía emocional práctica, es especialista en Felicidad y Filosofía del Cine.

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