¨En los trenes también viaja la melancolía¨ de Ricardo Vacca-Rodríguez

Ediciones Erradícame

 

 

1.— En los trenes también viaja la melancolía es un corpus de 39 textos breves que bien podrían ser considerados microrrelatos. ¿Por qué usted los define como antipoemas? ¿Y cómo ha sido su evolución dentro de su poética?

Desde los inicios en que comencé a escribir poesía, en mi adolescencia, tenía la tendencia a que mis escritos en cuanto a su estructura, fueran de versos largos, oraciones extensas, al contrario de lo usual en aquel tiempo de ser cortas incluso algunos poetas le otorgaban mayor importancia a la forma en que iban diseñando su contenido en sus páginas además del ritmo, corte, caída, musicalidad, etc. Yo en cambio me preocupé más bien en escribir mis poemas de manera descriptiva, de versos extensos, como si contara historias. Mis propias vivencias, los sucesos que me ocurrían, los eventos que les sucedían a terceros los convertía en historias donde mi atención la centraba en la atmósfera contextual del suceso para posteriormente ingresar a la descripción de la vivencia, a su contenido, de forma extensa en sus oraciones, pero con esto no deseo decir que el pensamiento que exponía fuera lineal.

Existían, sin embargo, algunos de mis poemas cuya mezcla de lo poético y la manera narrativa se confundían, se amalgamaban y durante su transcurso iban tomando otra forma, convirtiéndose en lo que algunos denominan prosa poética, poesía narrativa, poesía en prosa o inclusive, micro o nano relatos. Pero también existía otro de los elementos importantes dentro de mi trabajo de escritor el cual fue el proceso de trasladar mi discurso imaginado a mi discurso escrito. A este aspecto de mi producción le dediqué y le sigo dedicando hoy en día una significativa cantidad de tiempo. Recuerdo que cierta vez al leer a uno de los estudiosos de la obra de Gustave Flaubert, (aquel de los grandes de la literatura universal), referente a su novela Madame Bovary, manifestaba que cada línea en sus escritos en cuanto a su redacción, corrección y edición le había ocupado a Flaubert un mínimo de 4 a 5 horas. Y en el episodio del paseo de Madame Bovary con uno de sus amantes en la carroza por las calles de Paris mientras tenían relaciones sexuales dentro del carruaje, le tomó en su construcción un aproximado de tres meses. A mi me sorprendió. Sin embargo, al leer esa parte de la novela, es como si la hubiera trabajado con un bisturí, donde no existe un artículo adjetivo o palabra demás, la construcción de las escenas y los cambios de sus secuencias, están precisas, magistralmente integradas y descritas. Ese dato histórico, anecdótico y que podríamos considerar hasta técnico, utilizando por primera vez lo que se llamó posteriormente “la palabra sonora”, fue de gran influencia en mi forma de escribir.

Otro de los aspectos en mi vida ya no en mi condición de escritor, sino en mi rol de lector fue cuando llegaba a mis manos algún libro de literatura en el género poético, me percataba que en algunos de ellos el uso de figuras poéticas era generalmente repetitivo y cuando trataban sobre todo el tópico del amor, era la repetición de palabras, figuras literarias y formas de expresión que se habían venido reproduciendo a través de los años en diversos escritores. La manera de expresarse era similar y los aspectos en que trataban este tema era análogo y me sonaba cacofónico y hasta carente de fuerza y rutinario. Yo no desee eso para mis escritos, y puse especial cuidado en este aspecto, investigando y experimentando nuevas formas de expresión en la unión de palabra-imagen y más aún, en identificar formas diferentes para expresar el sentir de una emoción o sentimiento y en eso me ayudó mucho mi especialidad en la psicología.

Otro punto que me preocupó en mi proceso como escritor fue el uso de adjetivos para calificar comportamientos, sentimientos y vivencias. La construcción de figuras usando palabras que no tenían tradición o historia dentro de la poética, cuya unión sonaban chirriantes y hasta tal vez para algunos no armónicas y disonantes, fue uno de mis objetivos y a esa búsqueda y experimentación me dediqué gran cantidad de tiempo. Múltiples fueron los ensayos en la búsqueda de palabras e imágenes que obedecieran a esa caracterización, cuidándome de no caer en el facilismo y de no perpetuar las formas y figuras hartamente recurrentes. Por ejemplo, creo recordar que, en unos de mis escritos en el presente libro, escribí: “Soy el abrazo con olor a humedad colgado frente al espejo. El charco de tristeza que huele a orina antigua. Soy la lágrima intacta, la roja botella de vinagre con sabor a maravilloso olvido…”, lo cual da testimonio del desarrollo de mi escritura en esa dirección.

El descubrimiento del poeta Nicanor Parra y su estilo literario allá por el ano 1967 en un viaje que en mi condición de estudiante universitario realicé a Chile, fue uno de los elementos que cerró un ciclo y abrió otro en mi condición de escritor, y la palabra antipoema, su significado y alguno de sus libros que compré y sobre todo la impresión que me causó el haber contactado con dicho vate impusieron en mi un afán de inquietud e investigación que colmaron mis expectativas de novato-escritor. Este acontecimiento me alejó definitivamente de la lectura de la poesía clásica y tradicional para aproximarme más al estilo de la ‘Poesía Rupturista” aparecida en el escenario español a mediados del siglo XX siendo el abanderado de esta corriente precisamente, el poeta chileno Nicanor Parra, lo cual hizo que iniciara una experimentación diferente con mi poética. Unir la palabra-imagen fue uno de mis objetivos. Exploré y utilicé (lo cual uso hasta la actualidad en algunos de mis escritos) un lenguaje más directo, un tanto ecléctico, y ensayé y comencé el uso de frases o pensamientos utilizados en la cotidianeidad por la gente común y corriente de la calle como, por ejemplo, en mi antipoema “Apuesta”, termino diciendo: “Me resisto en tomar la vida en serio, total, estoy plenamente convencido que no voy a salir vivo de ésta”. Con el uso de este pensamiento, “no voy a salir vivo de esta”, reingreso a lo cotidiano, en cuanto a la imagen, pero también a lo cotidiano en cuanto a su significado y significancia en la forma de vida.

Cuando me trasladé a vivir a New York por motivos de trabajo fui incluyendo dentro de mi poética, los lugares que frecuentaba en mi quehacer diario o que para mí tenían valor poético rescatándolos de lo cotidiano que vivía el habitante de New York. Pero a la vez en mis escritos también rescaté y retrotraje vivencias ocurridas en mi país -el Perú – y las reinventé, pues la lejanía muchas veces es la partera de la melancolía. Aquí en New York, más que en otros estados de la Unión en los cuales he vivido, rescato lo inusual, lo extra-cotidiano, lo que el común de la gente omite dentro de su contexto diario y hasta lo grotesco del panorama: las ratas por las calles, los mendigos y sus pesadillas, las prostitutas, los borrachos, los marineros abandonados de los muelles del bajo Manhattan, los desempleados, los adictos a drogas, los vagos, la angustia de los migrantes… Extraigo aspectos de la realidad imprimiéndoles un cierto sarcasmo a veces, presentando a la vez de manera paralela sensaciones y vivencias de la soledad, la “rutinización” de las horas, y como no, la melancolía, la cual está presente en el transcurso del libro y que a la vez contribuye a darle nombre a éste.

Mis escritos no proponen ser un manual psicoterapéutico para la restructuración en la forma de interpretar la realidad o de adaptarse a ella, sino más bien unas pautas que pretenden devolver al lector la manera anestesiada, simplona y rutinaria con que a veces se ubican en la realidad o expresan los sentimientos sobre todo aquel tan sublime que los mortales llamamos amor. Para intentarlo, en mi escritura no sigo una línea continua, de sentimientos o de pensamientos, sino que a veces, esta, se torna fragmentada, incluyendo imágenes o ideas dentro de un contexto general, pero desde diversos ángulos de la estructura temática de mi discurso, pretendiendo un collage. Pinceladas de una influencia surrealista, tampoco están ausentes, donde a veces también la corriente dadaísta aparecida por la década del 20 en Suiza se ha filtrado a través de sus líneas en mis intenciones literarias.

He intentado desde hace años fracturar con la influencia que tuvo en mi evolución poética el lirismo alineándome en el concepto que propone el estudioso Niall Binns, al considerar que “…la poesía de ruptura es el romper con el gusto canónico en su forma y en su fondo”. En mi antipoema: “No me digas que me amas”, planteo que no me importa la palabra, sino la forma de la expresión, pero en la medida que se adentra en el escrito, la palabra va cobrando importancia y la forma queda pospuesta a un segundo nivel en su significado. El uso de palabras, imágenes y símbolos eclesiásticos es otra de mis formas de romper con lo convencional, con lo rutinario, reinventar imágenes e ingresarlas en nuevos y anómalos contextos intentando producir algún tipo de reacción en el lector sea de agrado o desagrado, no me importa cuál de los dos suceda, lo que pretendo es que dicha reacción ocurra en su mismidad y que dicho lector no permanezca pasivo o neutral, sino involucrado en el discurso o en alguna imagen-palabra de éste. En el antipoema “No me digas que me quieres” en el párrafo, “Prométeme extraviarnos en el fondo de nuestra cama el próximo sábado por la tarde para que en un ritual muy nuestro me entregues la hostia profana de tu clítoris a fin de lograr, en esta vida, mi salvación eterna y definitiva”, pretendo otorgar un nuevo significado a las imágenes-palabras, reinventándolas en otro contexto, -como diría F. Schopf- “una resignificación de la imagen ante la presencia de un nuevo contexto”.

Algunas veces el yo-poético, lo presento distanciado del yo-autor, dado que lo que escribo no son vivencias propias sino, robadas de la realidad, usurpadas de otra corporeidad, extraídas de una concreción ajena. Soy de los que considera que el escritor es fundamentalmente un ladrón de la realidad, se apropia de imágenes, historias, pedazos de vida de otros. No siempre lo que nos cuenta en sus escritos es su historia o sus vivencias (a no ser que el escritor lo manifieste de forma taxativa) y esa es una de las equivocaciones en que incurre a veces el lector al considerar como propias del escritor su historia y/o las vivencias que él,  les entrega en sus relatos o poesías.

 

2.—Por lo que se desprende de estos textos usted lleva escribiendo desde muy joven, ¿Su formación literaria es de tipo académico o se la debe a sus lecturas?

Bueno, fíjese Ud. en ambas alternativas la respuesta es sí. La escritura de poemas esta dentro de lo que yo llamo El “SPO”, es decir el Servicio Poético Obligatorio, lo cual forma parte de la evolución emocional y cognitiva del ser humano, ocurriendo generalmente en la etapa de la adolescencia en la cual solemos enamorarnos y a veces canalizamos y moldeamos nuestros sentimientos y vivencias de adolescentes a través de la escritura de otros, como simples lectores, con cuyos textos nos sentimos identificados y de esa forma comenzamos leyendo poesía. Sin embargo, hay otros que se adentran a un compromiso mayor con la literatura iniciándose en la escritura. A veces la transición de esta etapa es fugaz, sin trascendencia y la abandonamos sin tener mayor relevancia. Pero bajo determinadas circunstancias la continuamos y nos desarrollamos en esa área, y la lectura literaria y/o escritura se convierte en un pasatiempo, en un hábito hasta a veces tomarlo en serio haciendo de este un quehacer profesional. El hecho que la escritura se convierta en un hábito, desde luego que no nos convierte en escritores, dado que el hábito no hace al monje.

En lo que a mi respecta, la lectura y los ensayos de la poética en mi adolescencia fue el inicio. Luego cuando ingresé a la Universidad Mayor de San Marcos me relacioné con jóvenes poetas e integré Grupos literarios, (especialmente el Grupo Amauta), de teatro y artísticos diversos que me sirvieron para tomar contacto con nuevas corrientes literarias, formas de expresión, propuestas poéticas, enfoques experimentales que jóvenes como yo, realizaban y que también estaban en búsqueda de su propia identidad literaria. Paralelamente a eso los estudios de literatura recibidos en la Facultad de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos por connotados intelectuales peruanos como Washington Delgado, Tamayo Vargas, Arturo Corcuera, Tomas Escajadillo, Salazar Bondy y otros, y la inquietud propia de un joven que estaba tomando a la literatura en serio me condujo a participar de congresos, recitales, talleres literarios, y contactar con Grupos literarios de otras universidades del país y del extranjero como es el Grupo CIRLE de la Universidad Católica del Perú integrado por jóvenes intelectuales como Ricardo Gonzales-Vigil, Luis Fernandez-Zavala, Nicolás Yerovi entre otros. El integrar el Grupo de teatro “Los Grillos” con Aurora Colina, Sara Joffre y otros, en Lima-Perú me hizo conocer a Eugenio Barba, Bertolt Brecht, Eugene Ionesco y otros personajes que ampliaron mi cultura literaria. No solo los estudios formales de literatura contribuyeron a mi formación sino sobre todo el contacto con personas con similares inquietudes y sobre todo la lectura de obras de poetas de diversas corrientes y épocas. La asistencia a recitales de poesía diversos en mi país y en NY, me ha enseñado como debía, pero sobre todo como no debía escribir. Uno de aspectos que me causa extrañeza es lo que presentan en las redes sociales ciertas personas que en sus blogs se autoproclaman poetas y que repiten en forma y fondo lo que se viene diciendo en poesía desde el siglo oro español y lo que es peor aún, sus lectores los alaban y vitorean lo cual dice mucho no solamente del escritor, sino de la cultura del lector.

 

3.—El hecho de que su campo de trabajo sea la psicología influye a la hora de plantear determinados temas como las relaciones de pareja?

Fíjese Ud. en verdad el ser psicólogo me otorga algunas ventajas en el trabajo de escritor y más aún el haber desarrollado determinada corriente psicoterapéutica dentro del encuadre objetivista de la Psicología siendo la observación, uno de los principales instrumentos me ha sido de gran ayuda. Como psicólogo, el poder entender “Que sienten” las personas y poder además narrarlo y describirlo, desarrollando el “Como lo sienten”, me facilita mi quehacer de escritor. En lo referente precisamente a la pregunta de Ud. las relaciones de pareja, lo que narro en el libro se caracteriza por ser vivencias propias, pero a la vez historias de las cuales me he apropiado, pero proponiendo un ángulo personal en cuanto al enfoque. Pero también en lo que concierne a la forma de presentar la historia, uso palabras extra cotidianas, a veces nada tradicionales y alejadas del encuadre poético. La comunicación en la pareja, la rutina, la soledad, vida en pareja, la muerte, el vacío, el sexo, el amor y sus “demonios”, eso y mucho más es lo que involucra a una pareja y desde múltiples ángulos y formas de expresión lo presento en mi libro, pero bajo un enfoque personal y propias palabras. Para el tratamiento de esta área de la realidad, no sigo una secuencia lineal del tema pues lo fracciono mediante el uso de imágenes alejadas de su representación formal usando para ello la semántica lógica y a la vez la semántica derivada de las ciencias cognitivas. De esta manera la contextualización de los diálogos y las escenas que se presentan en las relaciones de pareja a lo largo del libro obedecen a este aspecto.

 

4.—Aunque la impresión general que produce el libro es que son vivencias personales y reflexiones vitales, hay cierto componente mágico, sin embargo, en los dos últimos, Sandalias de azufre y Perfume de cangreja predomina de manera absoluta la onírico, ¿Cuál ha sido la intención al completar la secuencia de esa forma?

Bueno, a primera vista impresiona como si se tratara de dos partes de un libro, como si fuera una dilogía, sin embargo, a través de sus páginas desde un inicio están distribuidos, esparcidos, múltiples aspectos y figuras oníricas de un universo mágico que en sus dos últimos escritos “Sandalias de Azufre” y “Perfume de cangreja” se manifiestan de una manera más consistente y profusa. Una constelación de figuras quiméricas se dispersa dentro de sus líneas rubricando el final del libro con un universo donde lo onírico y la realidad se confunden. Estos dos últimos escritos vienen a ser la antesala de lo que viene en mi siguiente proyecto personal en ciernes.

 

5.—Aunque las referencias a su Perú natal son escasas en el libro, están llenas de luz, sin embargo, cuando el escenario es la ciudad de New York, donde ha estado residiendo los últimos anos, la impresión es completamente diferente, ¿La ciudad de los rascacielos es tan intimidante, gris y fría como la presenta?

Las imágenes, vivencias, y sentimientos que me unen a mi patria el Perú están dispersos en lo extenso de mi libro, si bien es cierto que a veces no se mencionan de manera específica, aunque a veces si, como Marcavelica, Sullana, Cuzco, Machu Picchu, Callao, Piura, etc. están diluidas en él, y la melancolía consecuencia de la lejanía se manifiestan en sus páginas. Sin embargo, esta lejanía en mi condición de migrante no esta contextualizada en mi condición de peruano-migrante, sino identificada a la vez con el migrante anónimo que ha llegado a un New York que es de todos y de nadie, cuya lucha en los diversos aspectos de la vida diaria se da ardua y donde a veces se logra los objetivos personales y otras no.  La descripción que realizo de New York no es que sea intimidante, gris y frio, (aunque tal vez lo sea para algunos lectores), sino que, de él, rescato lo que la cotidianeidad de la gente soslaya o le impide ver. Creo que toda ciudad tiene aspectos dicotómicos, opuestos y más aún, lo que suele ocurrir es que uno descubre de una ciudad lo que necesita ver y oculta tal vez lo que les ocasiona disonancia. New York es llamada la capital del mundo, y por algo es. En ella se confluyen múltiples aristas de una realidad que no es la misma para todos, pero que todos estamos incursos en ella porque cada cual construimos nuestra propia realidad y nos ubicamos en diversas micro realidades de ese todo.  Deseo dejar en claro que nada hay nuevo bajo el sol, y yo no pretendo redefinir la poética a partir de mis escritos, ni de otorgarles novedosa tipificación al considerarlos antipoemas, o de otra denominación que por allí se le ocurra a alguien, sino más bien proponerme la libertad de una escritura con nuevas y personales forma de expresión rescatando de la realidad tanto lo extra-cotidiano como la rutina y devolvérselo al lector colocándolo en otro ángulo de su propia realidad, si lo aceptan o no, es decisión propia y si no, ellos continuaran construyendo su propia realidad a partir de su propio enfoque y necesidad.

 

6.—¿Su próximo proyecto ya está en marcha?

Paralelamente al desarrollo de este libro iba desarrollando mi siguiente proyecto el cual pensé iba a salir primero que este, pero no ha sido así. Este es un libro de micro relatos y algunas veces de nano relatos en el cual también existen relatos de cierta extensión donde lo onírico y fantástico es lo predominante. El hecho mismo de ser psicólogo me proporciona dos de las principales herramientas que usamos en esta profesión, la cual es la observación semiestructurada y la otra es la descripción objetiva. Estos elementos los utilizo de base para el desarrollo y construcción de la fantasía, distorsionando o transformando en imágenes oníricas o simplemente, creándolas. Espero que para el mes de setiembre o tal vez octubre de este año ya esté concluido este proyecto, el cual sería mi segunda obra literaria. La que está en proceso también es una novela semi biográfica de uno de los personajes mas controvertidos que tuvo el Perú en épocas pasadas, considerado el Robin Hood peruano llamado Luis Pardo, El Bandolero, este proyecto más extenso y complejo que obliga investigación y creación sería para más adelante, para lo cual aún no tiene fecha.

Y para concluir, le doy mi eterno agradecimiento por esta entrevista, que me ha permitido ordenar un poco los acontecimientos que ocurrieron en mi vida en mi proceso de escritor por lo cual también os lo agradezco. Hasta pronto.

 

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