La edad del idiota: 38. Malena

Diego M. Rotondo

 

 

38

MALENA

Hoy empiezo en un colegio nuevo, dijo mamá que toda la escoria del barrio va a parar ahí; eso me reconforta bastante, al fin conoceré gente como yo. También me cuenta que el director es un hippie que se dedica a rescatar casos perdidos. Es un colegio mixto, me alegra saber que voy a ver chicas en minifalda a diario. Estoy seguro de que ahora las cosas irán mejor, para mí es importante tener compañeras; con las minas me llevo bien, además, siempre está la posibilidad de transar con alguna.

Llevo 3 meses saliendo con Valeria y ya no la soporto. Me gustaba más cuando me ignoraba, cuando la imaginaba como la novia perfecta; pero resultó ser una punk sin cerebro que vive fantaseando con Sid Vicious. Admito que las primeras semanas estuvieron bien, nos la pasábamos fumando y besándonos en la plaza. La boca de Valeria siempre tiene gusto a chicle de menta y tabaco. Después de estar unas horas con ella vuelvo a mi casa con el pito agarrotado. Valeria tiene una lengua gorda y larga, cuando nos besamos me la mete hasta la garganta y me provoca arcadas, pero al mismo tiempo me excita. Hace un par de días le pregunté cuándo íbamos a coger y ella me dijo que todavía era pronto, que debían pasar 6 meses para entregarme su cuerpo y bla, bla, bla… Quise saber si lo había hecho con Joaquín, para mí era muy importante saberlo. Ella me juró que no, aunque Joaquín me había dicho que sí, con detalles y todo. Prefiero creer en lo que dice ella, me da un poco de asco pensar que mi amigo se la metió antes que yo. Valeria además me confesó que era virgen, y que si en algún momento nos acostábamos lo iba a comprobar… «¿Cómo te das cuenta si una chica es virgen?», le pregunté a mamá un día mientras almorzábamos; ella me miró espantada y me respondió: «No sé, preguntale a tu padre…». Y eso hice; papá me dijo: «Es fácil, cuando una mujer lleva un pantalón ajustado y se forma un agujerito de luz debajo de su culo, justo entre ambos muslos, es porque ya no es virgen…». No entendí bien eso, pero durante varios días estuve viendo si había agujeritos de luz debajo del culo de Valeria y a ella no le gustó un carajo.

Este asunto de coger me tiene preocupado, no me gusta ser virgen. Joaquín dice que además de a Valeria, se garchó a una villera amiga del Tuca y fue asqueroso: «el olor a pescado no se me quitó fácilmente», me contó repelido. Y Pedro, aún con su parche pirata, logró que su vecina Anita, de 16 años, le quitase la virginidad a cambio de un paquete de Marlboro. Anita está fuerte, pero tiene un colmillo postizo que se le suelta a cada rato. Pedro me dijo que mientras lo hacían y se besaban, se le salió el diente y él casi se lo traga. A lo mejor debería quedarme virgen.

Hace unos días soñé que perdía la virginidad con Julia Roberts en su papel de Pretty Woman; ella me agarraba el pito, lo frotaba hasta ponerlo duro y se lo metía; yo acababa abundantemente, no paraba de salirme la leche, parecía una vaca. Cuando me desperté estaba todo mojado. Como el sueño fue tan real, se me ocurrió decirle a Chino que me había acostado con Vale; para que me creyera le conté cada detalle de mi sueño con Julia, y él, por supuesto, no me creyó. Aunque por unos instantes dudó y me preguntó si ella había sangrado; le dije que no, él se rió a carcajadas y me dijo: «¡Entonces, o es un camelo o lo tenés del tamaño de un poroto!, ¡jua, jua, jua!…».

Desciendo del colectivo justo en la puerta del colegio Kennedy, hay montones de alumnos pululando por la calle. Me fijo en un par de pibas rubias que fuman en la vereda de enfrente, llevan las faldas escocesas bien cortas, si se agacharan un poco podría comprobar si son vírgenes o no. Cruzo la calle y entro al instituto, que al lado de mi colegio anterior es microscópico: un patio hexagonal de 20 metros de largo por unos 10 de ancho, rodeado de 6 aulas con puertas altas y antiguas, tipo conventillo. En el medio del patio hay un cantero —también hexagonal— lleno de flores del cual emerge el mástil de la bandera. Tengo que volver a empezar Segundo año, pero no me importa, de hecho, no me afectaría volver a cursar Primero con tal de no regresar a Los Sacristantes. Papá rezongó bastante con lo de venir a un Bachiller barato, por suerte mamá y la doctora Eva ayudaron a persuadirlo de que no había que exigirle demasiado a mi cerebro. Tanto papá como mamá están esperanzados de que siente cabeza en este lugar, yo no me tengo tanta fe.

Un flaco de unos 20 años se me acerca y me pregunta mi  apellido, me da la mano y se presenta como el preceptor, Gonzalo. Gonzalo me dice que lo siga, noto que algunos pibes y pibas que forman grupitos en el patio me miran y cuchichean. Entramos en una oficina, detrás de un escritorio hay un tipo canoso y bronceado leyendo una Penthouse.

—Permiso Héctor, le traigo a Rotondo. —le dice Gonzalo.

—Hola nene —el tipo baja la revista y me mira—. Antes de que empieces con la clase, quiero informarte que ya sé la que te mandaste en tu colegio anterior. Ese tipo de cosas no pasan desapercibidas en el ámbito educativo del barrio. Pero hay casos peores que el tuyo, no te preocupes. Yo recibo a muchos pibes que rajan de colegios de renombre. Para mí son incomprendidos a quienes no han sabido guiar como es debido. Quiero creer que nosotros, en este humilde instituto, somos capaces de explotar el potencial de pibes como vos. Por eso, quiero que sepas que si te preocupás por las materias y te llevás bien con tus compañeros, en este lugar lo vas a pasar muy bien… además —dice inclinándose hacia delante y guiñándome el ojo—, ya habrás visto las bellezas de alumnas que tenemos…

—Sí. —respondo.

—Bueno, ahora Gonzalito te va a presentar a tus compañeros. Chau pibe, portate bien. —me despide, se hunde en su sillón, coloca los pies cruzados encima del escritorio y vuelve a la lectura de su Penthouse.

Mientras caminamos con Gonzalo rumbo al aula, le pregunto: «¿se pueden leer revistas porno en este colegio?». Él me agarra fuerte del brazo: «Ni se te ocurra», dice.

Entramos al aula y Gonzalo me presenta a mis nuevos compañeros. Esto es el paraíso, cuento 15 mujeres y 8 varones, me encanta. Todos me saludan y siguen con sus asuntos. Gonzalo me indica un pupitre vacío en la tercera fila. Me siento, engancho la mochila en el respaldo de la silla y la veo, justo en el pupitre detrás del mío, ella me sonríe, tiene el pelo lacio, larguísimo, la cara redonda y los ojos más dulces del planeta.

—Hola… —le digo y noto que me quemo por dentro.

—Hola. —me responde mientras saca sus cuadernos de su bolso.

Un pibe bajito como Joaquín, con la melena rubia y alborotada, se me acerca y me pregunta:

—¿Vos sos el que quemó al chico del San Cayetano?…

Me pregunto de dónde mierda lo sabe. No le respondo, no sé si sería adecuado darme a conocer tan pronto.

—¡Teo, dejalo tranquilo y volvé a tu asiento! —lo reprende mi vecina de atrás. Me doy vuelta y le agradezco con la mirada, ella me estrecha su mano fría y me dice: «Yo soy Malena, pero me dicen Mali…».

Mali… Esta tarde pienso romper con Valeria.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s