¨El juego de las buenas intenciones¨ de Estefanía Farias Martínez

Ediciones Erradícame

 

 

 

1.—¿Cual ha sido el criterio que empleaste para reunir los 7 relatos que componen “El juego de las buenas intenciones” en un conjunto que ofrece diversidad de temas, formatos y estilos narrativos?

Los reuní en base al tono de las historias, los personajes que aparecen en ellas, el tipo de situaciones que enfrentan y cómo lo hacen. Todos los relatos dejan un poso común: la vida es así, esas cosas pasan.

 

2.—Un detalle que sobresale en tu estilo es que no abordas las historias desde un punto de vista femenino; son relatos que van más allá de esa limitada visión. ¿No influye en ningún momento tu condición de mujer al escribir?

Nunca lo ha hecho. Ni siquiera me lo planteo cuando escribo. La literatura no tiene género ni diferencias de condición social, no hay nada más democrático que la literatura.

 

3.—En el libro aparece una variedad de personajes cuyas características individuales transmiten diferentes sensaciones al lector. ¿Todos ellos están basados en personas que has conocido a lo largo de tu vida o los construyes partiendo estrictamente de la ficción?

Yo me alimento de lo que conozco, de las personas que han pasado por mi vida, de lo que sucede en mi entorno; a veces construyo personajes de ficción, pero la base siempre es la realidad que me rodea.

 

4.—La mayoría de diálogos en tus textos contienen un inquitetante toque de cinismo, por lo que se nota que el humor juega un papel crucial en tu propuesta narrativa. ¿Cual es el origen de esa actitud para desarrollar tu trabajo literario?

Tomarme la vida con humor, ser cínica y a veces cáustica es parte de mi personalidad y por supuesto, como no podía ser de otra manera, está presente en mi forma de escribir.

 

5.—El sexo es otro elemento siempre presente en tus relatos. Sin embargo desde la publicación de tu primer libro “Tengo un amante, 15 relatos devoradores” es evidente la transformación que ha experimentado tu manejo del tema. ¿A qué consideras que se deba ese cambio?

Descubrí la sensualidad en el lenguaje, aprendí a dominarlo mejor y eso me permitió hablar de sexo  de una forma diferente, a no ser tan explicita, a utilizar el humor, a jugar con este tipo de historias.

 

6.—Hay además en este conjunto de historias algunas estremecedoras como las de las minas en “De uno en uno y de cuatro en cuatro”, pero también otras conmovedoras como “El loco de la frontera”. ¿Qué factor te mueve, en determinada circunstancia, a probar otro registro narrativo?

Yo me aburro con facilidad y necesito cambiar de registro continuamente. Aunque en realidad  las historias surgen en mi cabeza como un puzzle, y al unirse las piezas y tomar forma cada relato impone un tono y hasta un formato. Es lo que cuentas lo que determina absolutamente todo.

 

7.—Un atractivo adicional de “El juego de las buenas intenciones” son los escenarios donde se desarrollan las historias; pequeños pueblos de España, Perú y Holanda, lo que constituye una especie de viaje para el lector. ¿Cómo consigues dar a tus personajes las voces necesarias para desenvolverse en lugares geográficos tan disímiles?

Escuchando, observando, investigando. Me he movido mucho y siempre he estado rodeada de gente muy diferente.

 

8.—Según tu propio concepto, ¿cómo defines “El juego de las buenas intenciones”?

Como un libro de relatos a la antigua usanza, de los que tienes en la mesilla de noche y lees un poco cada día.

 

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