¨Hombres buenos¨, de Arturo Pérez-Reverte

Germán Cáceres

 

 

En cierta forma es una novela de aventuras afín al espíritu de las escritas en el siglo XIX (de allí la admiración de Pérez-Reverte por Alejandro Dumas). Trata sobre un hecho verídico, aunque impregnado de ficción: la Real Academia Española logró adquirir a fines del siglo XVIII los veintiocho volúmenes de la Encyclopédie, ou dictinnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, aparecidos en Francia entre 1751 y 1772 (dirigida por Denis Diderot y Jean le Rond D´Alembert; algunos de sus colaboradores fueron Voltaire, Rousseau, Condillac y el barón de Holbach). La novela puede interpretarse también como un homenaje a esa obra que tanto ha influido en la historia de la humanidad.

Para ese cometido peligroso y casi clandestino (en principio estaba prohibida tanto en Francia como en España) son elegidos los académicos Pedro de Zárate y Hermógenes Molina. El autor participa de la trama comentando cómo la trabajó y citando los numerosos libros y mapas que consultó, lo cual permite apreciar su notable calidad de bibliófilo. Este testimonial regreso al presente es un recurso cinematográfico, muy utilizado en el cine documental, en el cual sucesivos testigos relatan sus experiencias respecto a la historia que plantea el filme.

A medida que avanza la historia narrando ese dificultoso viaje en berlina hasta llegar a París, sus dos protagonistas van adquiriendo carnadura humana y conquistan el cariño del lector.

El escritor otorga a Hombres buenos un poder hipnótico, al que no son ajenos la belleza y la perfección de su prosa: “…mientras en la cañada de los Lobos, sobrepuestos al rumor del agua en el río, a la suave brisa que agita ahora las hojas de los árboles, parecen resonar infinidad de ecos lejanos, sonidos de viejos combates olvidados…”/”La línea esbelta y blanca de su garganta se prolonga bajo la muselina del escote, haciendo pensar en el cuello de un hermoso cisne.” La puntillosidad de las descripciones de vestimentas, objetos y paisajes origina que la escritura adopte un estilo amplificado.

Los diálogos son magistrales y convincentes, parece que se están escuchando. Y resultan agudos y cuestionadores de la España de entonces, pero conservan una palpitante actualidad: “Qué triste. Los españoles seguimos siendo los primeros enemigos de nosotros mismos. Empeñados en apagar las luces allí donde las vemos brillar”/”…Nos falta mucho para ser nación civilizada con espíritu de unidad…”/”…En contra de lo que cree mucha gente en el extranjero, los españoles somos un pueblo triste.”

Suenan reveladoras y sorprendentes algunas conversaciones previas al estallido de la Revolución Francesa (“Sin tiranía, sin déspotas, Francia está al abrigo de las conmociones terribles que agitan a los pueblos encadenados.”/”…la Europa culta, ilustrada, no vivirá revoluciones dramáticas”.

Arturo Pérez-Reverte nació en 1951 en Cartagena, España, y es miembro de la Real Academia. La solapa de Hombres buenos asegura que de sus libros lleva  vendidos en el mundo más de quince millones de ejemplares. Fue cronista de guerra durante veintiún años. Entre sus numerosas novelas figuran la serie del Capitán Alatriste, El maestro de esgrima (1988), La tabla de Flandes (1990), El club Dumas (1993), Territorio Comanche (1994), La Reina del Sur (2002) y El tango de la Guardia Vieja (2012).

¨Hombres buenos¨, de Arturo Pérez-Reverte. (Alfaguara, Buenos Aires, 2015, 584 páginas)

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