Una flor entre las piedras: ¨Poesía Metal-Mecánica¨ de Fernando Morote

José Ramallo

Fragmento de ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? (1897)-Paul Gauguin

 

Una flor entre las piedras
vive como yo entre la gente,
desadaptada y absurda,
pero lo hace naturalmente”.

(F. Morote)

 

Un comiqueo: introducir sátira en un verdadero golpe de puño. Con un comienzo así, uno se siente dentro de una película de Cowboys. Recibís el puñetazo, volas – literal – y caes arriba de una mesa, destruyéndola por completo  como si acaso tu peso fuese el de un elefante.  O bien salís expulsado por una ventana, magnificado por el sonido de los cristales destrozados. La idea es que la escena sea ruidosa, graciosa y violenta – la gente tiene tendencia a reír cuando ve esas clases de cosas en el cine –

Hay algo que subyace, y es el deseo de corromporse en cada verso – si acaso el autor me permite la expresión, sin antes escupirme un ojo – No va de la mano de un estilo ideológico o propio. Más bien es una creatividad colectiva, que define descenso de esperanzas con aumento de fastidio.

No es una tarea sencilla explicar la impotencia. Cuando alguien está enojado no puede expresarse con facilidad. Lo último que desea hacer es utilizar las palabras y más bien procura golpear algo, para quitarse la rabia. Aquí el autor lo hace, de una manera sobresaliente y casi original: golpea con las palabras.

¿Qué es la poesía? ¿Acaso una forma de desnudarse con apuro? ¿Por qué no se habla de poesía cuando se habla de la letra de una canción, y sí se habla de ella cuando la encontramos en un libro? ¿Cuáles son los patrones y quiénes los adeptos a leerla o escribirla?

Hay muchas preguntas, pero pocas respuestas. Los escritores modernos redactan de una manera, pero los que han escrito en otra época han sido menos medidos. Y esos golpes al hígado han sido de mi agrado. Al menos así procuro demostrarlo cuando busco libros de poesías. Nada de cursilerías baratas, nada de versitos perfumados y rosados. Busco crudeza, transparencia y sinceridad. Originalidad y decodificación de la visión que tiene – tuvo – el autor al redactar esos poemas.

Es un gusto bastante particular, que tan sólo puedo compartir con un reducido grupo de amigos. Este libro tiene algo que provoca esa sensación. Es un buen resultado, el haberme acercado a Poesía Metal Mecánica. Sus versos breves no se terminan de leer en el punto final. Cuidado, no hay que ser escaso. Fernando Morote escribe breve, pero mete mucha mugre debajo de la alfombra. Y esto lo hace con la intencionalidad de que el lector termine el verso y recueste sus espaldas sobre un pensamiento largo y prodigioso. Nada es lo que parece y ninguna idea se da por terminada en su totalidad. Hay que hamacarse sobre ella y procurar vislumbrar hasta donde llega. ¿Qué sentido tendría la literatura si acaso todo fuese explicado o acabado? ¿El lector tiene como única función el recibir la oleada de libros que caen sobre su cabeza, o puede sumergirse en la cabeza del autor y complementar las ideas que el mismo dio inicio? Los que hemos leído a Morote anteriormente conocemos de sus intenciones al escribir. ¿Quiere un consejo? Si va a leer a este colega peruano no se recueste sobre algún pensamiento liviano. Puede llegar a sentirse perturbado, si acaso así lo hiciese. Cosa suya si se quiere arriesgar.

Procuro bajar líneas de mis sensaciones sobre este libro, y es por ello que de a momentos vuelvo sobre él y lo ojeo. Me parece que hay conceptos tajantes y sus verborragias me trasladan a algunas películas de Woody Allen. Admiro a ese sujeto. Y no tengo idea si Morote lo apreciará un poco o muy por el contrario le tendrá un profundo rechazo. Considero que hay latigazos que me llevan y me traen. Latigazos al estilo sadomasoquismo. Perpetuos y erotizantes. Cuando Fernando Morote habla del amor – quizás lo hace todo el tiempo y yo no lo he notado – lo hace con la sencillez y la brillantez que acarrea un film de Woody Allen. Ejemplo de ello: “El significado crudo, crudísimo, de la palabra (amor): ¡Cachar!” (F. Morote). “Filosofar es como masturbarse con las palabras” (W. Allen). Ahí está, la medida exacta para escribir, llegar y condicionar la reacción del lector. ¿Acaso debe reír o reflexionar, cuando termina de leer algo así? La respuesta es: ¡Las dos cosas!

Conozco a Fernando Morote, pero no conozco de sus gustos literarios. En consecuencia me resulta infinitamente atractivo decir acá que los textos: “Porque todo el mundo ama a un hombre recto” y “Análisis entomológico de los pies de mi mujer” me han recordado a unos poemas del escritor Oliverio Girondo.  A fin de cuentas, si el autor de “Poesía Metal Mecánica” no conoce al autor de “Espantapájaros” – como así se llama el libro donde están incluidos los poemas que aquí relaciono – es muy probable que se sienta tentado a averiguarlo. Y eso es lo que yo llamo infinitamente atractivo. La seducción de las palabras para persuadir o llamar la atención.

Creo que si debiera expresarme por primera y última vez sobre “Poesía Metal Mecánica”, me manifestaría a través de un diagrama, una ilustración, una metáfora: una patada en el culo. Esa sería la primera imagen. Lo que aún me cuesta decidir es la segunda parte ¿a quién va dirigida esa patada? ¿es una patada en el culo a un político peruano? ¿es una patada en el culo a un poeta convencional? ¿es una patada en el culo a un lector puritano? ¿es una patada en el culo a un editor de primera clase? No lo sé. Aún no estoy convencido. Sólo sé que el título del libro es acertado, en cuanto al contenido y a la imagen que se le genera a uno desde el momento en que lee la palabra “Metal Mecánica”. Es un poco rústico y un poco doloroso. Pero es así. Fernando Morote es un poeta metalero. Con él las cosas sencillas no van. No hay primavera en sus palabras, no hay suspiros en sus párrafos, no hay reconciliación con el pasado en sus comas, y no hay amor celestial en sus declaraciones. Quizás haya un poco de vodka derramado sobre los pechos de su ninfa, para que produzca mayor excitación lamérselos. Pero de ahí a que alguien valide eso como sensibilidad al producir poesía, es algo que se verá a futuro. Es decir, cuando se deje de leer perfumería barata y se comience a interpretar esta nueva manera de hacer literatura.

 

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