Viernes de cine: ¨Muerte entre las flores (Miller´s Crossing) y Los Ángeles al desnudo (L. A. Confidential)¨

Fernando Morote

 

¿Quién dice que los temas en el cine se agotan?

Muerte entre las flores (Miller’s Crossing) de 1990 en manos de Joel y Ethan Coen y Los Ángeles al desnudo (L.A. Confidential) a cargo de Curtis Hanson en 1997, dos clásicos modernos del cine negro, desbaratan por completo esa débil y fácil teoría.

Ambos largometrajes son perfectos en muchos aspectos. La fotografía a color no es un obstáculo para recrear con fidelidad el ambiente en que se desarrollan las historias: la era de la Prohibición en los años 20’ y la época de post-segunda guerra mundial a principios de los 50’. La selección de actores no pudo haber sido más acertada. La música es excitante. Las escenas de violencia son un sueño hecho realidad.

En Muerte entre las flores el traqueteo de ametralladoras es pura magia, visual y sonora, que deja al espectador atado a su silla, muerto de pánico y éxtasis a la vez. Gabriel Byrne, en una de las mejores actuaciones de su vida –protagonista más tarde también en Sospechosos comunes de Bryan Singer en 1995-, personifica a un hampón manipulador que termina convirtiéndose en una especie de héroe del bajo mundo, fantásticamente acompañado por John Turturro (colaborador habitual de los Coen), miembro clave de una banda rival, y Marcia Gay Hayden (premiada por su trabajo en la cinta biográfica sobre el pintor Jackson Pollock), novia de su jefe y amante clandestina.

Los Ángeles al desnudo presenta una ciudad podrida. Las autoridades políticas, mezcladas en escándalos sexuales, están más interesadas en la farándula y el dinero. Los oficiales de policía, contaminados por la corrupción y el racismo, alcanzan insuperables niveles de brutalidad. Russell Crowe es una bestia que piensa con los puños. Guy Pearce es el respetuoso de la ley y los procedimientos. Kevin Spacey –otra cabeza visible de Sospechosos comunes– se presta al juego de la prensa amarilla dejándose sobornar para pasar informacion clasificada a Danny DeVito, un periodista sin escrúpulos. James Cromwell es el comisario que tras derribar al líder entra a comandar la mafia local. Kim Basinger, estrella en una red de prostitución, ni quitándose la ropa como en 9 semanas y media sería capaz de ganar siquiera el Oscar a las mejores tetas de Hollywood.

Los hermanos Coen y Curtis Hanson, con estas producciones, han sabido esquivar la trampa de realizar meras películas de acción y han sabido penetrar en el espíritu del cine negro. La crítica del momento –con esa ampulosa y falsa intelectualidad de los supuestos entendidos en cualquier materia- las encasilló denominándolas “films neo noir”, ignorando que el género no necesita maquillar o actualizar su definición.

Utilizando el paso del tiempo a su favor y valiéndose de las posibilidades que la tecnología ponía a su disposición, incluso dos décadas atrás, los directores revelan detalles crudos del mundo psicológico de sus personajes y reconstruyen el período en que vivieron. Cada una de las obras representa un magnífico ejemplo de que no es el tema el que falla –por su aparente anacronía- sino quien lo aborda o su forma de hacerlo. Prueba de ello es Enemigos Públicos (una nueva versión de la leyenda creada en torno al famoso gángster John Dillinger), dirigida en el 2009 por Michael Mann, con Johnny Depp como atracción, pese a lo cual no logra despertar en la audiencia las sensaciones y las emociones que Muerte entre las flores y Los Ángeles al desnudo consiguen desde el primer instante.

 

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