Conocí una lágrima de cristal

Miguel Rubio Artiaga

 

 

Conocí una lágrima de cristal
que no sabía llorar
siempre estaba sonriendo.
Hasta en plena oscuridad
sonreía.
Cuando la sacaba al Sol
se convertía en colores,
en trazos de arcos iris
que imanaban vida.
Un calidoscopio
al aire libre
que cambiaba
de dibujo,
de mensaje,
según el último sitio
donde la ponía.

Transparente
en el agua,
en el aire
en el viento
mi lágrima de cristal
un trozo de una bola
fantasmal de bruja
para sus profecías.

Blanca como
la nieve blanca.
Negra entre
la negra pizarra.
Amarilla
entre girasoles
Multicolor
en una rosaleda.
Espiando
como lupa
un puñado de azafrán,
naranja.

Es la gota del llanto
de un dios rechazado
por la Reina de Saba.
La recogí al resbalar
por sus mejillas
al vuelo,
antes de romperse
en el suelo,
con una diminuta pecera
hecha de amoroso ámbar.

 

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