¨Mi perdición¨, de Alfred Hayes

Germán Cáceres

 

Escrita en 1968 en la primera persona de Asher–un guionista de Hollywood–, con el nerviosismo  y la ansiedad propios de un hombre desesperado que se siente en decadencia (le pesan sus cincuenta y un años y no consigue que le encarguen nuevos trabajos). Abundan los párrafos cortos de filosa puntuación, como de estilo agenda. La prosa registra el desahogo y abatimiento del protagonista y da la impresión de que el autor la escribió a ratos perdidos, ni siquiera con una birome, solo con un lápiz y un cuaderno. La supuesta espontaneidad y los constantes sobreentendidos y elipsis, otorgan vigor y tensión a esta narración colmada de personajes extraños, nada convencionales e impredecibles. Otro mérito lo constituyen los diálogos que reflejan –sin perder la calidad literaria– las pausas y oscilaciones de las conversaciones cotidianas. Lograda la traducción de Martín Schifino.

Asher descubre que su esposa lo engaña: es su segundo fracaso matrimonial y no tuvo hijos (“Porque el matrimonio, pensaba, es sin duda una asociación. Eso decían los manuales. Eso demostraba la experiencia. Estatutos, balances mensuales, endeudamiento mutuo y lo demás.”) Entonces se refugia en Nueva York para soportar su angustia (“La huida era lo único que me daba seguridad. Si paraba, me pondría a aullar.”). Allí redescubre la ciudad, cambiada después de diez años de no visitarla, y conoce a dos jóvenes veinteañeros, Michael y su novia Aurora, y reflexiona con una mirada sombría y plena de desencanto sobre el sentido de su vida, de su carrera y acerca del inexorable declive que le espera en la vejez.

Michael y Aurora conforman una pareja de mitómanos que desbordan  crueldad y terminan humillando a Asher, que equivocadamente se enamora de ella:”…esa cara maravillosa suya, y unas lágrimas reales, enormes y relucientes salían de sus ojos y corrían (miré fascinado el avance de una lágrima inmensa) por la curva de sus mejillas. La lágrima que observé se asentó en la comisura de sus labios, y su lengua, una víbora dulcísima, la lamió de un latigazo”.

La novela no podía concluir de otra manera que con el rotundo fracaso humano y sentimental del guionista.

Alfred Hayes (1911-1985) es de origen inglés pero se crió en Nueva York y su brillante literatura se considera eminentemente norteamericana. Fue guionista de cine y de televisión, novelista y poeta. Colaboró en Italia con Roberto Rossellini y Vittorio De Sica, y en Hollywood, entre otros, con Fritz Lang y Nicholas Ray. Adaptó al cine un musical de Maxwell Anderson/Kurt Weill. Deben citarse sus novelas Los enamorados, Que el mundo me conozca, La chica de la Via Flaminia, La sombra del cielo, Todas tus conquistas, The Stockbroker, el hombre joven amargo, y la muchacha hermosa; los libros de poesía El gran momento, Bienvenido al castillo, Justo antes del divorcio  y el libro de cuentos Las tentaciones de Don Volpi.

¨Mi perdición¨, de Alfred Hayes. (La bestia equilátera, Buenos Aires, 2015, 192 páginas)

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