La edad del idiota: 16. Punks

Diego M. Rotondo

 

 

 

16

PUNKS

Si me hubiesen dado a elegir la música de fondo para mi primer beso, habría elegido «First Time». Desgraciadamente, este primer beso que me estoy dando con la negra Eugenia es tan grotesco que no me molestaría escuchar La Gallina Turuleca. Cada vez que intento meterle la lengua ella me la muerde. Llevamos cinco minutos batallando con los labios y ya empiezo a sentir gusto a sangre. No creo que exista beso más espantoso que éste; y no entiendo por qué mierda sigo intentándolo. Escucho las carcajadas de Pedro y Chino detrás de mí. Ellos lo sabían, claro; me engatusaron diciéndome que Eugenia sabía besar y dejaba que le metan la lengua hasta la garganta. Y yo, tan entusiasmado, cuando llegaron los lentos me apuré a sacarla a bailar.

—¿¡Podés abrir bien la boca, pelotuda!? —le grito al mismo tiempo que la empujo y la hago caer en un sillón encima de otras chicas. Todos los pibes de la fiesta empiezan a descostillarse. Eugenia me mira ofendida, tiene algo de mi sangre en sus labios, se levanta y se va corriendo al baño. Karina, la vecina de Pedro que nos invitó al Asalto, se acerca a mí enfurecida:

—¿¡Sos Boludo!?… ¿No ves que es su primer beso?

Hijos de puta, pienso.

—¡Y yo qué culpa tengo! ¡Me mordió la lengua!… mirá: —saco la lengua y se la muestro. Mientras tanto, Pedro y Chino se revuelcan en el piso, parece que fueran a reventar de tanto reírse. Karina inspecciona mi lengua con asco y no dice nada, se da media vuelta y camina rumbo al baño.

Cambian la música, empieza a sonar Our House, de Madness. Todos se ponen a saltar y a bailar. Pedro se me acerca con los ojos lacrimosos de tanto reír.

—La negra es caníbal, ¿no sabías?… Sus antepasados pertenecieron a una tribu del Amazonas en donde se morfaban entre ellos.

—¿En serio? —le pregunto.

Pedro estalla nuevamente en carcajadas y lo llama a Chino para contarle lo bobo que soy.

—Sos un forro… —le digo y me empiezo a reír con ellos.

—Vamos afuera —dice Pedro— Traje una petaca de vodka. Con eso seguro se te cicatriza la lengua…

Salimos al patio, nos sentamos en un banco hamaca debajo de un árbol y empezamos a escabiar. La lengua me arde con el primer trago.

—Invité a Martín —dice Chino—. Pero no creo que venga.

—¿Por? —pregunto fingiendo interés.

—Porque últimamente se lo pasa en La Villa. Se hizo muy amigo de esos gronchos.

—Va a terminar mal… —comenta Pedro y se empina la botella—. A los chorros siempre los mata la policía. Si sigue con ellos va a correr la misma suerte…

Llevo meses sin ver a Martín. Recién hace unos días volví a encontrarme con Chino y Pedro. Los extrañaba; ellos también estaban distanciados entre sí por los exámenes. Los dos pasaron a Segundo año, aunque Pedro se llevó 5 materias a marzo. Al menos sus padres ya no están para reprenderlo. Él mismo le encuentra el lado positivo a su desgracia. Mamá me dice que es un mecanismo de defensa o algo así. Yo creo simplemente que Pedro es un psicópata insensible.

Desde que empezaron las vacaciones estoy mucho mejor de ánimo. Nunca pensé que la pasaría tan mal en el primer año de la secundaria; ni que tendría un compañero tan insufrible como Ricardo. Gracias a Dios eso se acabó. Con mamá logramos convencer a Papá: el año próximo iré a un colegio mixto, un bachiller barato. Eso me gusta. Basta de talleres fríos y deprimentes, de herramientas, de óxido, de aserrín y de fanfarrones con padres millonarios. Quiero volver a tener compañeros auténticos, como en la Primaria. Y sobre todo compañeras… Fue una pesadilla pasar un año entero en un colegio de varones; fue como estar en el servicio militar, o peor aún, en la cárcel. Quiero ver faldas, muslos, pelos largos, maquillaje, tetas, etc. Nunca pensé que con 13 años las mujeres me harían tanta falta.

Karina sale al jardín a ver qué estamos haciendo. No confía en nosotros, apenas nos conoce. Nos invitó sólo porque gusta de Pedro, hace rato que quiere ser su novia. Pero Pedro prefiere a Gabriela, su mejor amiga, una de las más lindas de la fiesta. Mi amigo siempre apunta bien alto, no como yo, que con la negra Eugenia fui a lo seguro y acabé con la lengua cortada.

Chino se pone colorado cada vez que una chica le habla. Pedro dice que nunca la va a poner si sigue así. Es demasiado tímido. Si nosotros charlamos con chicas, él se queda en un rincón mirándose los pies. Puede estar la noche entera así.

—No pueden tomar alcohol acá… —nos regaña Karina.

Pedro la mira de reojo y se empina la botella.

—Me chupa un huevo… —le responde.

Karina resopla indignada y se mete en la casa.

—Sos un boludo… —le digo a Pedro—. Nos va a echar.

—No nos va a echar porque está enamorada de mí… —se ufana.

Seguimos dándole a la petaca hasta acabarla. Empiezo a sentirme mareado. Chino se queda dormido sobre la silla. Karina nos grita desde la cocina:

—Ahí llegó su amigo…

Con Pedro nos levantamos y caminamos zigzagueando hacia adentro. Lo dejamos a Chino con los grillos.

Martín se rasuró los costados de la cabeza y se dejó una cresta de 15 centímetros de largo. Lleva puesta una musculosa que dice Sex Pistols, una cadena con candado rodeándole el cuello y unos pantalones rotos en las rodillas. Valeria vino con él, tiene la cara maquillada blanca como un mimo, las pestañas postizas y los labios pintados de negro. Salvo por su remera, que tiene el símbolo de anarquía, va vestida igual que Martín. Nos acercamos a ellos. Mi viejo amigo se me queda mirando un instante y me abraza. Su piel huele a alcohol.

—¡Te extrañé boludo! —me dice algo sobreactuado.

—¿Se hicieron punks al mismo tiempo? —les pregunta Pedro mirándolos de arriba abajo y tentado de la risa.

Valeria suelta una carcajada maléfica. Martín asiente orgulloso. Se estira la remera hacia abajo y grita:

—¡Seeeee! ¡Aguanten los Sex Pistols! La mejor banda del mundo.

Valeria se me acerca y me abraza. También está ebria.

—¡Mi compañerito de jardín!… —me dice con ternura y me da un beso en la mejilla.

Martín la tironea del brazo.

—¡Eyyy!, no tanta confianza vos… —le dice y le encaja un beso. Las lenguas de ambos se entrelazan como víboras ante mis ojos estupefactos. Pedro se queda mudo y a mí todo empieza a darme vueltas. Se besan desfachatadamente frente a nosotros, saben que los estamos mirando, por eso se babosean con vehemencia. Mi estómago hace ebullición, salgo corriendo hacia el baño y vomito como si quisiese escupir los pulmones. Afuera el discjockey pone a girar el tema First Time.

 

 

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