Más cine: ¨Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage)¨

Estefanía Farias Martínez

 

Una mujer con un collar de perlas de varias vueltas conduciendo a toda velocidad por una carretera desierta en plena noche. Gira el espejo retrovisor para enfocar el asiento trasero. Allí se bambolea una figura vestida con una gabardina y un sombrero calado que oculta su cara. Ella aparca y saca al pasajero, ahora transformado en un fardo desmadejado que arrastra hasta la orilla del Sena y arroja al agua. Esta escena, que bien podría ser una apertura clásica de cine negro, es la que abre Los ojos sin rostro de George Franju.

La mujer que se deshace del cuerpo es Luoise (Alida Valli), la secretaria y ayudante del Doctor Génessier (Pierre Brasseur). Él es una eminencia médica que desarrolla una investigación sobre los heteroinjertos o transplantes de tejido vivo entre sujetos no compatibles, y mantiene oculta a su hija Christiane (Edith Scob) en una mansión a las afueras de París. La chica quedó desfigurada tras sufrir un accidente de coche del que fue responsable su padre. Christiane se quemó la cara por completo, sólo le quedaron intactos los ojos y el médico busca reparar el daño dándole un nuevo rostro, para ello recurre a jovencitas que Louise le provee.

El personaje de Christiane aporta el toque grotesco, la espeluznante muñeca de porcelana que recorre la mansión, donde todos los espejos están pintados de negro; que se desliza por los pasillos de la zona prohibida como un espectro; o se sienta en su sillón a observar con desidia como su padre prepara a una de las chicas para la operación.

La escena más escalofriante de la película ocurre precisamente en el quirófano secreto del médico: la extracción quirúrgica de la cara de una mujer, rodada en clave casi documental. Aunque tampoco deja de ser inquietante ver a Christiane entrando al quirófano unas horas antes, desprendiéndose de su máscara blanca, acariciando el rostro que podría llegar a ser suyo.

Con una escenografía teatral, donde las imágenes tienen más fuerza que los diálogos, la propuesta de Franju es una sombría advertencia sobre la deshumanización de la ciencia, representada a través del impasible doctor Génessier.

La película data de 1960 y se encuadra en el género de terror. Está basada en la novela homónima de Jean Redon, el guión es de Claude Sautet, Pierre Boileau y Thomas Narcejac. La fotografía de Eugen Schüfftan y la banda sonora de Maurice Jarre.

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