La edad del idiota: 13. Prueba de confianza

Diego M. Rotondo

 

 

13

PRUEBA DE CONFIANZA

Cuando escuché la voz de Martín sentí alivio. Ese alivio que sienten los personajes de las películas cuando están en una situación riesgosa y en el último instante aparece un héroe para salvarlos. El que me estaba estrangulando me soltó y se volteó hacia donde provenía la voz. El Tuca se levantó del banco y caminó arrastrando los pies hacia Martín. Los otros dos lo escoltaron. Pedro, Chino y yo nos miramos como preguntándonos si debíamos darle apoyo. Pero teníamos miedo; incluso a pesar de que seríamos cuatro contra tres… bueno, tres y medio contra tres, ya que Martín sólo tenía un brazo bueno. Pero nuestra desventaja era aún mayor: ellos eran villeros, estaban habituados a la violencia, nos harían pedazos, y si tenían oportunidad nos matarían. El Tuca se paró frente a nuestro amigo y lo miró gravemente. Era bastante más alto, pero Martín le sostuvo la mirada, de hecho, se puso en puntas de pies y se acercó hasta rozar su nariz con la de él. Y de repente, risas, risotadas, choques de manos, abrazos. Los cuatro se alegraban como si fuesen hermanos encontrándose después de muchos años.

—Pero, ¿qué mierda?… —murmuró Chino.

Martín caminó hacia mí, intentó abrazarme y yo lo esquivé.

—¿Qué es todo esto? —le pregunté.

Los tres villeros se acercaron amablemente y nos palmearon los hombros. El Tuca se arrodilló en el piso, justo a los pies de Chino, para juntar las piezas del ajedrez que había tirado.

—Esto significa que son de confianza… —me dijo Martín.

—No entiendo…

—Yo sí entiendo —interrumpió Pedro con tono áspero—: Fue todo una actuación. Martín quería probarnos… quería saber si estos tres, asustándonos, conseguían que les dijéramos dónde vivía…

Me quedé mirando a Martín decepcionado.

—¿Y por qué?… —le pregunté.

—Si queré le contesto yo… —interrumpió el Tuca mientras acomodaba las piezas en la caja.

—No hace falta, negro —dijo Martín—. Lo que pasa es que tenía miedo de que hablasen con alguien sobre mí.

—¿Y qué íbamos a contar? —preguntó Chino.

—Que estuve robando zapatillas con el Tuca… —le respondió Martín, tajante.

Se hizo un silencio de 10 segundos. Sólo se escuchaba mi respiración aun agitada y el sonido de las fichas de ajedrez que barajaba el Tuca en sus dedos torpes.

—Yo no sabía nada de eso… —respondió Chino.

—Vos no sabías… pero Pedro y Diego sí. —le dijo Martín.

Miré a Pedro con tirria, esperando una respuesta. Él se puso rojo.

—Bueno… sí, yo le conté lo que me dijiste sobre el robo a tu vecino y de tu sospecha de que él era uno de los chorros.

—Que bocaza tenés, pelotudo. —le dije.

—Y yo en ese momento me desesperé —comentó Martín—, porque pensé que…

—¿Que te iba a denunciar?

—No… bueno, no con la policía, pero sí con mi vieja, que hubiese sido peor.

—Que poco me conocés, forro…

—No podía arriesgarme…

—Y ahí e donde entro yo en la historia… —agregó el Tuca—. Porque yo taba con él ese día… yo le puse el chumbo en la panza al pibe para que me entregue la zapatilla…

—Pero… ¿por qué le contaste a éste que yo sospechaba de vos? —le pregunté a Martín—. Si no le hubieses dicho nada no habría hecho falta pasar por toda esta payasada…

—Habíamos estado fumando porro, escabiando… empecé a decir boludeces y se me escapó. —confesó Martín.

—Hizo bien… —opinó el Tuca—. Confió en mí. Entonce le pregunté si podíamo confiá en ustede, sobre todo en vo… —me señaló con el dedo—. Y fue ahí cuando decidimo ponerlo a prueba…

No sé bien por qué hice lo que hice en ese momento. Alcé mi puño y le pegué una flor de trompada a Martín. Fue tan fuerte que se cayó de culo con un tajo sangrante arriba del ojo. Era la indignación supongo, la prueba de confianza y el ardor que aún sentía en mi cuello.

Era la primera vez que le pegaba a Martín, su cara era dura, se sintió sólida en mi puño. Él no dijo nada. De hecho, se le saltaron un par de lágrimas que enseguida se tragó para que los villeros no creyesen que era un blandito.

—¡Bueno ya está, loco! —me dijo el Tuca empujándome—. Se entiende tu bronca. Pero acá se acabó el asunto. —de repente el villero salvaje se había transformado en un mediador pacífico.

Entre los otros dos levantaron a Martín del suelo, ya que con el otro brazo enyesado se le hacía casi imposible.

—Perdoname —me dijo. Se dio la vuelta y se fue acariciándose la cara.

El Tuca y sus dos secuaces nos saludaron sin decir nada y lo siguieron. Quedamos los tres solos nuevamente. Nos sentamos alrededor de la mesa de hormigón. La luna se escondía entre las ramas de los árboles, unas pocas ráfagas de luz nos alumbraban las caras. Los grillos, que habían permanecido en silencio como los espectadores de una obra de teatro, empezaron a bramar en todos los rincones de la plaza.

—Mirá como te tiembla—dijo Chino mirándome la mano—. ¿Te duele?

—Bastante… —tenía los nudillos inflamados.

—Me pregunto qué hubiese pasado si les decíamos dónde vivía Martín… —comentó Pedro.

—Nos hubiesen matado a tiros —respondió Chino mientras acomodaba las piezas de ajedrez que el Tuca había puesto así nomás en la caja.

—Martín no los habría dejado —dijo Pedro.

—Lo habrían matado a él también…

—Creo que lo mejor es que por un tiempo no volvamos a esta plaza de mierda —les dije, y estuvieron de acuerdo.

Esa noche, al acostarme, me quedé pensando en lo que había hecho. No me preocupaba la prueba de confianza a la que nos habían expuesto; me preocupaba haberle pegado un puñetazo a mi mejor amigo. Me preocupaba saber si en ese mismo instante le estaba doliendo la cara, si estaba llorando recordando nuestras aventuras en la Primaria. Me sentía culpable por haber hecho algo que habría hecho cualquiera en la misma situación. Tenía la necesidad de pedirle perdón y ponerle mi cara para que me devuelva la trompada y así quedar a mano. Pero Martín no me pegaría, nunca lo había hecho. Eso era lo que nos diferenciaba ahora, lo que me llenaba de culpa.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s