Viernes de cine: ¨Orgía de terror para el verano¨

Fernando Morote

 

 

—Es verano, doctor Morote. ¿No cree que le vendrían bien algunas actividades al aire libre?

—No entiendo por qué lo dices.

—Pasa usted el día encerrado.

—Detesto a la masa. Las aglomeraciones de gente me enferman.

—Tampoco creo que sea saludable desperdiciar el día viendo esas vejeces en la televisión. En blanco y negro, además. ¿En serio le gustan?

—Es cine clásico. No tienes idea de qué se trata, ¿verdad?

—Puras películas olvidadas que a nadie le interesan.

—La ventaja de lo clásico es que no existe tiempo de por medio, por lo tanto se encuentra libre de modas idiotizantes. La escasa educación no te permite apreciar lo bueno. ¿Has visto alguna vez Nosferatu?

—No.

—Una joya muda del cine terror.

—No sería capaz de sentarme a ver algo así.

—Es la primera versión cinematográfica de Dracula. Tuvieron que ponerle ese nombre por un problema con los derechos de autor. La historia de ese lío es conocida, pero para qué te la voy a contar si ni siquiera sabes de quién estoy hablando.

—La verdad es que no.

—Murnau, el director, formó un elenco estelar con lo mejor del teatro y realizó esta pieza magistral sólo 4 años después de que Alemania perdiera todo durante la primera guerra mundial. Tiene mucho mérito, considerando que era un país quebrado económica, social y moralmente.

—Los cartelitos del cine mudo me parecen graciosos.

—A falta de sonido imperaba la sobre-expresión, los actores gesticulaban en exceso y lucían disforzados. Los escenarios y la utilería todavía eran de carácter monumental. En Nosferatu los paisajes, el castillo…hasta los muebles dan la impresión de haber sido construidos para gigantes. Murnau compensa esa falta de naturalidad utilizando técnicas audaces, muy adelantadas para su época; mueve la cámara a toda velocidad, superpone imágenes y juega con las sombras. Pero el toque de genialidad está en la caracterización del mono que representa al conde, un esperpento repulsivo y lascivo, que camina como robot envuelto en su abrigo de vigilante nocturno, con los brazos tiesos y las manos rígidas.

—Vaya, se le soltó la lengua otra vez, doctor Morote….

—Hay algo cómico en esas películas de terror.

—Las películas de terror deben asustar, doctor Morote.

—Para contar historias de terror se necesita mucho ingenio y un agudo sentido del humor. Esa combinación de elementos es la que produce la magia del espanto. ¿Te suena Bela Lugosi?

—No mucho.

—Dracula, en la versión de Hollywood en 1931. El tipo era húngaro de nacimiento, no sabía hablar una palabra de inglés, así que no tenía la puta idea de lo que estaba diciendo en el guión. Por eso pronuncia las palabras con tanto cuidado, más lento que la carreta que maneja cuando se convierte en murciélago. Es guapo, tiene modales refinados y cubierto con su capa negra adopta un aire de distinción que lo hace aún más atractivo. Hechiza a las rubias con su mirada fulminante y su pelo engominado. Si yo fuera una dama, con gusto dejaba que me incrustara los dientes en la garganta.

—Seductor el señor, ¿ah?

—Lo que hace Hollywood es rodear de glamour la figura del vampiro, recrea todo en ambientes cerrados, el interior del castillo tiene unas dimensiones inverosímiles y las ruinas infestadas de telarañas no engañan ni a un niño de 5 años. El mono de Murnau, en cambio, es realmente macabro; tiene un serio aspecto necrofílico. Los espacios en Nosferatu son genuinamente escabrosos, provocan la sensación de no querer estar ahí ni por broma. Quizás por eso los productores de Frankenstein intentaron mejorar la atmósfera introduciendo una advertencia al público antes de empezar la función. Uno de los actores sale al escenario y dice “si quieren evitar un susto del que no podrán reponerse, éste es el momento de abandonar la sala”.

—Nadie haría eso hoy en día.

—En esos años pensaban seguramente que era una buena forma de alimentar el morbo entre los espectadores.

—¿De verdad se iban?

—No lo sé, pero si ves la película con mente abierta, y no te dejas llevar por las apariencias, puedes notar que Frankestein es en realidad la personificación de la ternura; una víctima de la ambición de su creador.

—Doctor Morote, por favor, Frankenstein es un monstruo…

—El verdadero monstruo es el científico que juega a ser Dios, devolviendo la vida a los muertos. Trabaja en un laboratorio de alta tecnología que más recuerda a una mazmorra de la santa inquisición, pero su arrogancia lo sobrepasa y lo que se supone debía ser una maravilla del progreso termina siendo un peligro para la humanidad.

—Un experimento que sale mal.

—Con un cuerpo armado de varios cadáveres y el cerebro retorcido de un criminal, no es raro que la criatura se confunda y cometa actos atroces. Es un ser que se siente perseguido, amenazado, fuera de foco en un mundo que no entiende y que lo trata como atracción de feria. La actuación de Boris Karlof es portentosa. Cuando levanta los brazos al cielo tratando de atrapar la luz del sol es realmente sobrecogedor. Pero también muy divertido cuando de repente saca una garra debajo de la sábana y le tuerce el pescuezo al doctor que lo examina en la camilla de operaciones…Los exteriores son abominables, están pintados sobre telas, resultan muy obvios los trucos de ilusión, pero la historia del monstruo es una metáfora brutal. Su desesperación del final, entre las llamas del molino donde se refugia, es una denuncia tremenda. El sujeto no tiene la culpa de ser lo que es o de hacer lo que hace, pero la multitud se siente aterrada y quiere eliminarlo. ¿No pasa eso también con algunos gobernantes elegidos por el pueblo? ¿O con algunos inventos que después de ser aplaudidos producen catástrofes?

—Es posible, sí.

—El caso del Hombre Invisible es similar. Otro investigador que experimenta con drogas para perfeccionar el aprovechamiento de ciertos objetos. En el proceso se le pasa la mano y no sólo queda desfigurado sino que se trastorna al extremo de querer conquistar el mundo.

—Ah, bueno….

—James Whales, el mismo director de Frankenstein, monta una cautivante escena de apertura: un hombre camina pesadamente en medio de una tormenta de nieve; viste abrigo, sombrero y guantes; carga una maleta y lleva el rostro cubierto por vendas y lentes oscuros; de pronto irrumpe en una taberna y los parroquianos quedan paralizados al ver su estampa siniestra.

—Suena bien, pero todavía no me convence, doctor Morote.

—En el cine, igual que en la literatura, tienes que escoger o elaborar una escena que impacte para enganchar al espectador. El protagonista es Claude Rains, un extraordinario actor inglés con una soberbia voz. Su papel lo obliga a permanecer oculto tras el vendaje de la cabeza, pero su forma de caminar, la manera en que mueve los brazos, cada uno de sus gestos al servirse los alimentos o encender un cigarrillo es un deleite para la vista. Sólo se revela su identidad al final, cuando desaparece el efecto de las drogas que lo han poseído y muere.

—Imagino que no debe haber sido fácil hacerlo invisible en la película.

—Se supone que es totalmente invisible sólo cuando está desnudo, el resto del tiempo sale vestido. Los efectos especiales son bastante primitivos. Las limitaciones técnicas son evidentes. No es difícil descubrir los alambres que sostienen los objetos e indican los movimientos del personaje. Su ropa flota en el aire a una velocidad que rompe la armonía del conjunto y le agregan una risa histérica que no encaja con el tono de sus diálogos.

—Nada de eso me entusiasma, doctor Morote. Me gustan más las películas de acción.

—Son películas de los años 30. Arrastran algunos vicios del cine mudo, el ritmo es lentísimo y las pistas sonoras muy deficientes. Después de la segunda guerra mundial el panorama cambió. La gente tenía ahora motivos reales para vivir paranoica. La bomba atómica había demostrado que el planeta podía reventar en cuestión de segundos. Predominaban las películas de ciencia ficción basadas en invasiones de extraterrestres. The tingler optó seguir por un camino menos transitado.

—¿De qué?

—The tingler. Es que prefiero los títulos originales. Por lo general son traducidos de manera infame. Ésta, en algunos países, la llamaron El Aguijón de la Muerte y en otros se conoció como Escalofrío. Ninguno de los dos pega con el contenido, desbaratan el sentido de la película. Y el título es parte importante de ella.

—Ésa ya es una película más moderna, por lo que veo…

—Finales de los 50. Mientras la mayoría inventaba monstruos submarinos o insectos gigantes que despertaban gracias a la radiactividad producida por experimentos nucleares, William Castle, el director, crea un bicho asqueroso en forma de langosta con unas tenazas pegajosas, explicando que es la materialización del miedo humano, clavado en la espina dorsal. Sostiene que la única forma de deshacerse de él es gritando.

—¿Gritando?

—La teoría es simple: si gritas lo matas, si no gritas te mata.

—No me diga…

—¿No lo has probado alguna vez? “Un grito en el momento oportuno puede salvarte la vida”, es lo que dice el director en la introducción de la película. Y si escuchas a Vincent Price, el protagonista, diciendo eso por los altavoces del cine, a oscuras, cuando el bicho se ha escapado de su jaula, entenderás lo que digo. Aquí los efectos especiales muestran algo de progreso, sin embargo la advertencia al público al inicio de la película es un recurso ya gastado. El acierto radica en que la trama, valiéndose de un argumento sórdido, plantea un método práctico para liberarse del temor.

—Doctor Morote…

—La pareja que acompaña a Vincent Price en el reparto es fenomenal: ella, una sordo-muda que es un manojo de nervios y termina atragantada por su propio pánico al no poder expulsarlo, y él, un flaco aparentemente inofensivo, cabezón y ojudo, que planea la muerte de la esposa para apropiarse de su pequeña fortuna. Entre los dos arman una secuencia sensacional, cargada de humor y horror a la vez.

—Doctor Morote, lo siento mucho pero debemos cortar la charla. Pronto empezará el horario de visitas. Es hora de su medicina para los nervios.

—Prefiero las películas, corazón. ¿Me dejas ver una más?

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s