Prólogo a ¨Crónica animal¨ de Fernando Veglia

Marita Rodríguez-Cazaux

 

PRÓLOGO

 

Escribir resulta ser desafiante. Ese parece el motivo por el que el joven escritor argentino Fernando Veglia, se interna en las tramas de sus obras.

Sin refute, la escritura de Veglia, responde a un impulso por la palabra y la magnitud del sentimiento. Puede advertirse en su estilo, un canal directo y feroz como el que iluminó a Roberto Arlt y un compromiso que trasciende el americanismo como en las composiciones de Eduardo Galeano.

Varias veces premiado, Veglia, tiene una notable estrategia para atrapar al lector: talento natural y una imaginación sin límites. Así, en CRÓNICA ANIMAL, sostiene de manera fluida y original diálogos entre animales que, sin duda, están dotados de particularidades humanas.

La primera parte aborda la etapa inicial de relación entre los hombres y los animales. “Presa fácil” muestra que el liderazgo suele perderse con los años y cazar se convierte en un ejercicio de desánimo para un tigre dientes de sable. La voz de la hembra incita a “volver a la manada” y, ante la negativa del líder avejentado, le propone cazar animales que no “darán problemas”, los hombres. Sin embargo, un tigre que se precie, jamás se ocupará de esos sujetos, la “escoria de la jungla”. Para este valeroso proveedor de su manada en tiempos idos, se torna más digno morir de hambre.

“Obsesión” plantea que un suceso fatal como la falta de agua vuelve más fieras a las fieras y solo sobreviven los fuertes. Y se entiende por fortaleza aquella conducta que logra modificar la situación funesta, mostrando en el propio cuerpo lo que puede ocurrir si no se interviene con sagacidad.

Veglia elije para este relato la figura de una hiena obsesiva de los bípedos, manejando hábilmente los parlamentos con sus congéneres y aportando un remate sustancioso en alegorías.

“Traidor” destaca la descripción impecable del escenario, es imposible no sentirse en ese bosque en el que se levantan seis chozas de ramas secas. Luego de reiterados ataques de una veintena de lobos, los hombres deciden emigrar y son seguidos por un macho y su compañera. Durante el avance detrás de la tribu humana, la pareja intercambia numerosos pronósticos y abunda en elocuencias dignas de resaltar. Ante la incitación a seguirlos la hembra se inquieta, “¿Estás seguro? Si lo hacemos, nunca podremos retornar a la manada”. La respuesta es claramente directa “La manada…–gruñó el lobo– La manada entera trabaja para el líder”. Ese enunciado detona una protesta de la loba “Lo sé, pero también nos asegura una ración de alimento” contra la que el parlamento del macho es irrefutable, “¡Mentira! –gruñó el lobo, exhibiendo los colmillos– Nosotros somos los primeros en atacar a las presas y los últimos en probar bocado. ¡Los cachorros del líder viven y los nuestros no! ¿Vendrás conmigo o no?”. Finalmente, la traición es la respuesta a un sentimiento de deuda y compromiso.

“Vínculo”, muestra al anciano de una tribu encargado de imponer y preservar las tradiciones entre hombres, mujeres y niños, quien toma al personaje central, Aeneme, bajo su tutela. Conociendo que el joven nunca resultará un buen cazador, lo inicia en sus artes. Pareciera que la vida transcurre mansamente hasta que la presencia de un animal y la iniciativa inesperada de Aeneme, dan un giro insospechado al destino.

“Identidad” permite dilucidar la relación del hombre y los primeros animales domesticados para su utilidad, los bueyes, destinados a tirar del arado, dormir en corrales y obedecer órdenes de la casta humana, apartados de tropelías dignas de su porte. Esta imagen de sumisión se perfila en el siguiente relato “Sacrificio”, donde noventa y nueve bueyes miran mansamente el horror de la muerte que les espera mientras no pueden quitar los ojos del cuerpo de su compañero que se desangra convulso.

“Perro de guerra” no deja en balde las palabras del pastor “que sabe de lo que habla”:

“… ¡Este perro me ayuda con el rebaño y lo defiende de fieras y hombres!–exclamó, señalando a su animal, un moloso adulto, de buen porte y aspecto– Una jauría bien adiestrada puede abrir una brecha en cualquier formación, no sabes de lo que son capaces…” asegura mientras cada una de las recomendaciones tiene continuidad en las escenas que cierran el relato.

“Trueque” lleva por primera vez en el libro a las aves, y las muestra sobrevolando Menfis; “… gansos, patos, codornices, cigüeñas y, aunque los sacerdotes lo desaprobaban, ibis sagrados” acompañan a Sennefer que tiene repartidas sus pasiones en ellas y en la construcción de palacios y templos. Asisten al constructor tres servidores, las esclavas Kakat y la bella Ahmose, y el joven nubio, Yuti, de educación cultivada y presto a la lectura y la escritura. Constructor y distinguido esclavo comparten los amores de Ahmose, aunque el triángulo no satisface los planes del nubio quien opta por un trueque de considerable peligro.

Cierra la primera parte, “Juegos”, plagado de astutas alegorías, mientras sus personajes dan contienda en el coliseo romano, donde el emperador con una mirada gélida fulmina a los organizadores del evento, pues “necesitaba el apoyo del pueblo, necesitaba mostrarse fuerte ante los opositores”.  Desde luego, el parlamento del personaje que actúa frente a la inquietud del soberano es concluyente manifestación.

La segunda parte de CRÓNICA ANIMAL, que roza un futuro pesimista de maltrato y matanza, abre en una isla pequeña del Océano Índico. “Conquistadores” pone voz a tres jóvenes aves (realista, soñadora y escéptica) que, finalmente, nada pueden contra el depredador más ambicioso de la tierra, tal como acontece en “Fantástico final” donde quien habla en nombre de sus congéneres de lidia, asegura que la historia no es como la cuentan los hombres.

“Jaulas” destaca la altura narrativa de Veglia y su observación puntillosa, a tal punto que el cuento aborda desde diferentes puntos temas que competen a hombres y animales. Los diálogos que entrecruzan los padres chimpancés con su hijo y los que mantiene la mujer con su pequeño frente a la jaula de los monos, son de calibrada agudeza. Esa relación que une a las crías con sus madres se manifiesta también en el siguiente relato donde las vacas tienen números en lugar de nombres y donde cada una cumple determinada función hasta el momento en que, de no poder ser llevada a cabo, deja de lado toda bucólica imagen.

“Diviérteme. Acompáñame” trae la escenografía del circo y su comparsa de elefantes movidos a fuerza de látigo al mismo tiempo que los puntapiés del padre de Natalia llevan a Negro al rincón del patio trasero, desde donde llegan los aullidos lastimosos del cachorro.

“Prisioneros” mantiene la incógnita sobre la especie del animal apresado, gruñendo aterrado, hasta el último tramo en el que uno de los personajes secundarios indica que “en la lucha de jerarquías el resultado determinará su lugar en el grupo, y que …se adaptará al cautiverio como cualquier bestia…”, ignorando la importancia del hábitat en las enfermedades que sufren los animales confinados.

“Cuestión de mercado” es una denuncia que transita la realidad de los pescadores y las consecuencias sobre el poder del mercado. Pompi, una cachorrita de Shih Tzu, llega para evitar la depresión de Cristina y Alberto. El hombre, preso de su propia rutina opta por dos resoluciones que mutilan y dejan en el abandono a la mascota.

“Paparazzi” vuelve a interpretar la voz “pensante de los animales”, jóvenes leones en la sabana que son estresados mientras la horda humana los fotografía; “Redes” que transcurre cerca de las costas de Islandia, desnuda el tráfico de orcas y la perversa ilegalidad en toda el tramado de su captura.

“Lluvia” goza de una prosa impecable y deja al lector sumido en la misma sensación que obliga a Lin Wei a no concurrir al trabajo. Cerrando esta segunda parte, “Risa animal”, recurre al realismo fantástico, “Hubo un día en que los animales, todos los animales del mundo, rieron”, suceso recordado por dos tortugas gigantes en un solitario paraje de las islas Galápagos. Fernando Veglia aporta en este relato una mirada punzante sobre el género humano y el futuro preocupante que le espera.

En el remate de la presente selección, los animales impulsados por el rencor a lo largo de la historia, parecen dar lugar a la venganza, como sucede en “Génesis marino”, montado en el océano Atlántico en aguas peligrosas y en “Rebelde polar”, en escenografías de la zona ártica de Canadá, que dominan los osos polares.

En “Mugidos”, narración instalada en un pueblo provinciano de Buenos Aires, se advierte la tragedia hasta llegar a los párrafos que la culminan, “un mugido estridente nació en cada uno de los corrales del establo, recorrió “La indomable” y fue, de campo en campo, de animal en animal, multiplicándose”, sin dejar de sentir cercano el terror de patrones y peones.  Tal como se repiten esos mugidos bonaerenses, “miles de aullidos invadieron Madrid” desde la casa de Aída y su caniche Muñequita, para dar justicia al encierro de la manera más natural.

“Roedores atómicos”, ocurre en Zhejiang, a un año de la escasez de alimentos de origen animal, elude a cuestiones de carácter científico y goza de un cierre altamente probable: podría ser perfectamente la próxima noticia del periódico.

Cierra la compilación “Hasta la extinción”, luego de la primera y última guerra termonuclear cientos de caballos, lobos, osos, jabalíes, zorros, buscan la guarida del bípedo. El relato tiene un único final.

Ambientada en diferentes partes del planeta y en geografía de prehistoria o imaginario futuro, CRÓNICA ANIMAL suma notables parlamentos entre humanos y animales y acredita ingenio para mostrar aquello que ocurre sin que muchos lo perciban, es decir, valioso testimonio que horada lo humanístico.

Veglia, aporta símbolos expresivos y superior montaje de escena, además de conciliar con el lector cercano registro de empatía. Cualidades que deparan un plus: personajes e historias quedan presentes aún después de cerrar el libro. Buen pronóstico para seguir leyendo a Fernando Veglia.

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