El insoportable recuerdo de lo que no fue: ¨Memoria de lo posible¨ de Angie Pagnotta

Valentina Vidal

 

El libro de relatos de Angie Pagnotta Memoria de lo posible (Peces de ciudad, 2017) podría dividirse en tres estilos que atraviesan cada uno de sus fragmentos aleatoriamente: uno de ellos, lo hace desde la primera persona y sugiere lo autobiográfico, narrando con minuciosa descripción cada roce que percibe en su tiempo físico con una mirada directa, sin artificios, en una suerte de voz que susurra y confiesa sin caer en la actividad del yo como único emblema: Dejo el espacio. En algún punto siempre estoy dejando el espacio. Insisto, maniática, en la pertenencia irreverente de esa zona sedada, creyendo que es —finalmente—para mí, (“Versiones sobre el río”).

Otro, juega con aquello de no nombrar para nombrarlo todo, dónde los silencios y los lugares para gritar lo que ya no se quiere ver son conocidos y dominados por la autora para borrar de la faz de la tierra ese objeto/sujeto deseado. Pero Pagnotta juega tan a fondo, qué el resultado es no es otro que eliminar  la tierra y a todos sus habitantes, menos a Federico, su figura oscilante y algo fantasmática, delineada desde sus contornos imprecisos y que retorna en varios de sus relatos como una especie de maniquí al que se da el gusto de pegar, chupar, coger, amar y en lo posible olvidar: Que Nietzsche se cambie el nombre. Que no haya más Federicos. Nadie más con tu nombre. Nunca más tu nombre. No decirlo, no sentirlo, no permitirme sentir nunca más ese nombre. Nada que diga tu nombre. No sentir nada por vos, (“Relato 1”).

Por último, se escinde con destreza el estilo que a mí más me gusta de Pagnotta, y que son sus párrafos eróticos: Te pido con los ojos que me cojas la boca.  Lo haces, agarrándome la nuca, hasta llevarme a vos. Tenerme arrodillada, a tus pies, te encanta. Mientras trago tu semen, me sostenes la mandíbula con fuerza, y yo, obediente, no dejo caer ni una sola gota, (Fragmento del “Relato 1”, dentro del “Relato 6”).  Sin dudas es aquí donde aparece la apuesta más visceral de “Memoria de lo posible”, con una prosa contundente y clara, podada de retórica que por tan fresca, lidera lo mejor de este libro de relatos breves y que nos deja de pie frente a una narradora que no tiene miedo de excavar en las turbulencias del deseo. Y lo bien que lo hace.

(Reseña publicada originalmente en Sólo tempestad)

 

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