¨CONURBANO MALDITO. ANTOLOGÍA DE RELATOS NEGROS¨ de VV. AA.

 

(Gentileza de http://www.evaristocultural.com.ar/ )

Hablar del conurbano es hablar de un cierto imaginario regado y creado por horas de televisión y diarios: el pibe chorro, la plaga del paco, la violencia que te mata por un ladrillo de merca, el celular o los diez pesos que te sobraron. El género negro, desde sus inicios, se encargó de mostrar el otro lado de la moneda. Los diez relatos -elegidos por el jurado compuesto por Osvaldo Bayer, Vicento Zito Lema y Damián Snitikfer- que forman parte de la antología se encargan de mostrar el otro lado del conurbano.

A lo largo de las historias podemos apreciar ciertos tópicos recurrentes: una construcción de la identidad del conurbano como territorio de frontera -situación que se potencia más aún por la construcción de los countrys-, la justicia por mano propia, el racismo -tema que parece ser algo que solo existiera en Estados Unidos-, de si sos gorra o visera.

En los relatos más contundentes, la prosa, el léxico, eso que bien podría ser lo que defina esta literatura de conurbano, es lo que más destaca. Esas bocas con dientes de asfalto y lenguas de barro que hablan calle, que son calle.

El conurbano como frontera de zonas definidas por el colectivo que las recorre como marcas. Esa zona a donde van a parar los sueños. Si en la novela negra yanki, la gente iba con sus deseos y sus valijas a Hollywood para ser estrellas, acá, en Argentina, el resto del país va para Capital, no para ser estrellas, sino para tener algo con que calmar el hambre. Y el Conurbano es donde la mayoría tira el ancla. En esas casas que se van construyendo. Y los billetes se van repartiendo. Un poco para la panza, otro poco para los ladrillos y el cemento.

En “Eva” de Nilda Leonor Allegri tenemos la construcción de dicho mito: ese escape de la pobreza para terminar “ahicito” de la Capital. De la madre que banca y llena la olla, como puede, para que los pibes estudien, sean alguien. Y los sueños sus hijos, de dos hermanos que se definen por medio de un arma y por decidir de qué lado de la culata estás, si sos cana, si sos pitufo, o si sos malandra.

Yo tengo mi orgullo. Saldré de pobre sin ser cobani.

Otro de los tópicos fundacionales de esta corriente es la identificación del enemigo en los representantes del Estado, aquellos encargados de impartir justicia y hacer cumplir las leyes, y la impunidad de usar esas mismas a su antojo: la maldita policía, la bonaerense. Ese odio hacia la chapa se encuentra en varios de los cuentos.

Se hace patente en el cuento de Enrique Antonio Rivas “Según el dato”, un secuestro amparado por la yuta que termina complicándose, Una telaraña de poder donde, como siempre, los únicos que quedan pegando son los más chicos.

El cansancio y el desencanto de la crisis eterna se hace carne en el relato “Un día hermoso” de Kike Ferrari. La deuda es la esclavitud moderna. Esas ganas del laburante de encontrar una salida a la mierda y  agarrárselas con el primer perejil que se cruce, de quemar esa furia archivada en los huevos.

Vale la pena también destacar los relatos “Cuerdas” de Sandra Gasparini acerca de las secuelas del miedo, “Celso Petrosian y la Patria Grande” de Nicolás Eloy Garibaldi Noya, y “El Retiro” de Fernando Aguirre, una historia que refleja esa máxima que dice que, en tierra de impunidad, la venganza es lo más parecido a la justicia.

¨Conurbano Maldito. Antología de Relatos Negros¨ de VV. AA.  Editorial: Hagamos lo Imposible. 72 páginas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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