Sobre ¨Melodías en la orquídea¨, de Fernando Morote

Jorge Cuba Luque

 

Si uno de los méritos que puede tener un libro es el estilo que el autor le insufla,  Melodías en la orquídea lo tiene, y bien definido pues su autor, Fernando Morote, lo ha elaborado con un tono y un  ritmo narrativos que singularizan  las historias que reúne en este volumen de dos cuentos  y dieciocho relatos cortos. El tono es el del sarcasmo, el ritmo está por una cierta premura acaso inherente al relato corto: ausencia de preámbulos y descripciones innecesarias.

“El salón de los rechazados”, el cuento que abre el volumen, es en apariencia una suerte de ejercicio de auto ironía: Eugenio, un escritor, narra en primera persona  las consabidas peripecias del via crucis literario: la búsqueda de editor, las estrategas para eludir las reiteradas respuestas negativas, lograr salir de la condición de inédito y ser conocido. Hablando de sí mismo, habla de los otros, y lo hace con humor negro, con situaciones por momentos al límite de lo grotesco como cuando cuenta que a veces se sentía tentado de reseñar él mismo sus obras o recuerda al periodista cultural que le confiesa que sus comentarios de libros eran pagados por sus autores. Con “La toalla manchada de sangre” asistamos a un policial en torno a una intriga de celos con un desenlace inesperado, narrado también en primera persona.

El plato fuerte del libro lo constituye sin duda el conjunto de breves relatos reunidos con el título de “El país de los feos”: es en ellos donde Fernando Morote deja su impronta  ya no solo estilística sino que también recrea un ambiente, un ambiente limeño, reconocible por sus giros coloquiales, por los nombres de sus calles, de sus barrios. Pero no se trata aquí de “una Lima que se va”, sino de la constatación de que es una ciudad fea, y que el país del título es el Perú, país de fracasos, de insatisfacciones. “Lima mía”, el corto texto que abre la secuencia es una breve declaración de amor a la ciudad en la que el autor creció, expresión de afecto acaso necesaria para luego, en las páginas que sigue, poder burlarse a sus anchas de ella, enumerar sus defectos, sus carencias : el deficiente servicio de transporte urbano (“Audacia al volante”), la estridencia y sensacionalismo de la prensa (“Madrugada noticiosa”), la necrofilia (“Chuleta, el mimoso seductor”), etc.  En el relato que cierra la secuencia y que le da el nombre a la sección, dos amigos de infancia vuelven a la capital peruana tras largos  años en el extranjero, y, de casualidad, se encuentran en el jirón de la Unión, en el mismísimo centro de la ciudad, y constatan con ironía la fealdad que los rodea…para olvidar o ignorarla, deciden emborracharse.

Jorge Cuba Luque (Lima, 1960). Estudió Derecho en la Universidad de San Marcos, donde se graduó de abogado en 1988. En 2004 obtuvo en la Université de Toulouse-Le Mirail un doctorado en Estudios sobre América Latina tras sustentar su tesis La presse de Lima et la littérature urbaine au Pérou. 1948-1955. Ha publicado los libros de cuentos Colmena 624 (1995) y Ladrón de libros (2002); los breves recuerdos Yo me acuerdo (2008), a la manera de Georges Perec; la novela Tres cosas hay en la vida (2010). Actualmente reside en Francia.

 

 

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