PULGARCITA

Estefanía Farias Martínez

 

Sus brazos no conseguían abarcar por completo el contorno, nunca había visto un tronco de árbol con aquel aspecto. La superficie era rugosa y compacta, emanaba calor y parecía tener raíces que se hinchaban por dentro. Estaba lo suficientemente inclinado como para que pudiera ascender por él lentamente, aunque la corteza se deslizaba un poco, haciéndola resbalar. Después de un rato, que creyó estar llegando a la copa, descubrió que no había ramas ni hojas, debía ser algún tipo de seta gigante. De pronto empezó a agitarse, unos gruñidos entrecortados resonaban por todo el bosque y vio explotar un geiser que derramó un líquido blanco y espeso sobre ella. El tronco fue perdiendo consistencia; Pulgarcita, toda pegajosa y mojada, descendió lo más rápido que pudo hasta pisar tierra firme. Luego salió corriendo y se bañó en un charco de lluvia que encontró por el camino. Ese día tomó una decisión: aquellas excursiones por el bosque se tenían que terminar, cada vez eran más peligrosas.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s