Viernes de cine: ¨Esta tierra es mía¨

Fernando Morote

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Ser valiente no significa carecer de miedo sino superarlo.

Charles Laughton es un profesor de escuela primaria en un pueblo francés ocupado por los nazis durante la segunda guerra mundial. En el refugio antiaéreo se siente aterrorizado por el bombardeo incesante y se cobija como un niño pequeño en el seno de su madre. Al retornar la calma se avergüenza de su cobardía y pide disculpas por ella. Su encomiable valor se manifiesta cuando es acusado de un crimen que no cometió y debe hacer frente a los abusos del opresor.

El británico, que trabajó en más de 50 películas y dirigió sólo una –La noche del cazador de 1955 con Robert Mitchum- ofrece una clase magistral de actuación. Sus gestos son perfectos, desde la forma en que le sirve la leche al gato hasta la manera en que se atora con el humo de un cigarrillo, pronunciando cada palabra con exquisita claridad, su desenvolvimiento ante la cámara es de una verosimilitud que el espectador no puede menos que conmoverse, admirarlo y quererlo.

A su lado destaca la guapa Maureen O’Hara, maestra también, hermana de un miembro de la Resistencia y novia de un funcionario de la empresa ferroviaria. La historia plantea el sabotaje como mecanismo de defensa e inserta un triángulo amoroso que acaba en tragedia para provocar el desenlace.

Con un elenco esencialmente europeo –en el que sobresalen figuras como George Sanders, Walter Slezak y Una O’Connor-, el director galo Jean Renoir, establecido por esa época en Hollywood, logra una auténtica pieza de artillería para denunciar y atacar las prácticas colaboracionistas de algunos de sus compatriotas en favor del invasor. Colegas suyos que permanecieron en el terruño mientras el período de dominación alemana no disfrutaban esa ventaja. Henri Clouzot, por ejemplo, el mismo año tuvo que desarrollar una trama en clave –El cuervo– para descargar una batería similar, aunque en diferente tono, contra el entreguismo de ciertas autoridades.

El film expone el dilema del honor y la libertad en contraposición a la necesidad de someterse a fin de mantener la paz, evitar la tortura y, si es posible, salvar el pellejo. La pantalla a menudo se llena de uniformes, panzers y esvásticas con el propósito de crear la impresión de avasallamiento. Los profesores se ven obligados a arrancar páginas consideradas subversivas de sus libros, los rebeldes son fusilados. Los tiempos de crisis revelan lo mejor y lo peor de los seres humanos. La miseria interior de algunos personajes produce un engorroso tejido compuesto de celos y venganza, delación y culpa, remordimiento y suicidio.

La ironía absoluta es puesta en evidencia cuando después de atentar contra una instalación enemiga, el héroe local huye por los techos y su recorrido es acompañado por las Valquirias de Wagner. La lealtad camina por las cornisas y es vista como una especie de traición entre los ciudadanos respetables.

La cinta es de igual modo un tributo al coraje de aquellos que anónimamente arriesgaron y brindaron su vida para desafiar el oprobio y la humillación causadas por el conquistador prepotente. Una lección válida aun hoy en muchos países, 7 décadas después del delirio fascista.

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