Fábulas del crimen: ¨Cadáver precioso¨

Diego M. Rotondo

 

Colonia Roma, México, 29 de abril 1979. La periodista Adela Lagorreta Díaz fallece al quedar atrapada en medio de un accidente automovilístico. En la intersección de las calles Chapultepec y Monterrey, dos autos chocan entre sí cuando uno de ellos cruza el semáforo en rojo; el infractor pierde el control y embiste a la mujer expulsándola violentamente contra un poste de luz. Minutos después del incidente, un fotógrafo de prensa que casualmente pasaba por ahí, se acercó a la escena y retrató a la víctima. La bella mujer, expuesta como una deidad, con los ojos abiertos y perplejos, con sus brazos desarticulados colgando por encima del mástil, acabó siendo una de las imágenes más cautivantes de todos los tiempos.

Cahil Atayan, un turco de 43 años, quedó tan deslumbrado con aquella foto que creyó que podría recrear imágenes similares y venderlas anónimamente a la prensa. El 8 de agosto de 1980, en Pendik, Estambul, salió a la caza de su primer cuerpo. La víctima sería Mushira Zamani, una joven de 19 años que retornaba a su casa pasada la medianoche. Cahil sorprendió a Mushira en una calle desierta y le reventó el cráneo a martillazos; luego la metió en el baúl de su auto y condujo 30 kilómetros hasta un desarmadero en las afueras de la ciudad. Allí, entre pilas de cadáveres de autos, buscó un vehiculo color blanco que no estuviese muy desvencijado y con el parabrisas intacto; arrastró y recostó el cuerpo de la joven sobre el capot, le separó los párpados con cinta adhesiva, le colocó una peluca rubia, le pintó los labios y le descubrió el torso. Con la propia sangre que aun brotaba de la cabeza esbozó un semicírculo a la altura del ombligo y unas líneas onduladas sobre sus senos… Luego, con una cámara de fotos barata, procedió a fotografiarla desde diferentes ángulos. Cuando concluyó, arrojó el cuerpo dentro de la máquina trituradora de chatarra y la puso a funcionar. Los huesos crujieron como maderas rotas en las entrañas de la máquina; sólo sangre, pelos y astillas salieron escupidos por el drenaje.

Para montar sus escenas, Cahil Atayan ultimó a 8 mujeres entre 15 y 38 años. Afortunadamente se trataba de un criminal bastante estúpido, que no reparaba demasiado en detalles que pudieran incriminarlo; así que gracias a las decenas de fotografías que envió anónimamente a todos los periódicos de Estambul, la policía consiguió descubrir dónde habían sido tomadas las fotos. Bastó con amplificar tres imágenes diferentes para distinguir un reflejo en el parabrisas del auto blanco. En ese reflejo podían apreciarse varias filas de autos desvencijados. Había un solo sitio con ese paisaje en todo Pendik, la ciudad desde donde habían sido enviadas las fotografías.

Atayan fue capturado en el desguazadero el 6 de octubre de 1980, cuando se disponía a retratar a su octava víctima. Según confesó un tiempo después de ser condenado, antes de arrojar los cuerpos a la trituradora, había fornicado con ellos.

En el juicio Cahil no negó haber asesinado a las 8 mujeres, no obstante, justificó sus actos diciendo que las había matado para rendirle un homenaje a la mujer de sus sueños: Adela Lagorreta Díaz.

Cahil Atayan fue ahorcado el 10 de enero de 1981.

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