Fábulas del crimen: ¨La resurrección del acéfalo¨

Diego M. Rotondo

 

Entre el 24 de abril y el 14 de junio de 1982, en Montreal, Canadá, se registró una oleada de crímenes perpetrados por un individuo que dormía a sus víctimas para robarlas y empujarlas al vacío desde un puente. De esta manera el homicida pretendía aparentar que se habían suicidado. Durante algunas semanas la policía creyó, efectivamente, que se trataban de suicidios, no obstante, esa hipótesis fue descartada al comprobar que casi todos los cuerpos presentaban signos de intoxicación por cloroformo.

Durante tres semanas varios guardias de civil patrullaron las inmediaciones del acueducto intentando dar caza al asesino; pero los crímenes cesaron repentinamente tras hallar a la décima víctima, una joven puertorriqueña de 26 años.

Seis meses después, en Bilbao, España, se produjeron 10 crímenes con características idénticas a los de Montreal: las víctimas, también drogadas con cloroformo, habían sido despojadas de su dinero y empujadas al vacío desde un canal. Uno de los agentes a cargo del caso en Bilbao, casualmente era primo del detective que aun investigaba el caso de Montreal. Ambos quedaron perplejos al descubrir que iban tras la pista de alguien que usaba el mismo modus operandi en diferentes continentes.

Tal como ocurrió en Montreal los crímenes de Bilbao cesaron apenas encontraron a la décima víctima… El caso también fue cerrado, no hallaron ninguna pista significativa para dar con el responsable, los cuerpos estaban libres de huellas, y en esa época aún no había exámenes de ADN que sirviesen para identificar al criminal.

Danilo Barbosa voló a España para reunirse en Bilbao con su primo, Joao Barbosa. Un antepasado de ambos, de alguna imprevista manera, parecía estar implicado en los crímenes… Por eso los agentes viajarían a Portugal para investigar un hecho sucedido 141 años atrás… la ejecución de Diogo Alves.

En 1841, en Lisboa, Diogo Alves, de 31 años, fue condenado a la horca por matar a diez personas arrojándolas desde un acueducto. Alves atacaba siempre pasada la medianoche, se sentaba en un extremo del puente vestido como un indigente y pedía limosnas a la gente que pasaba, así decidía a quién atacar. Cuando las víctimas cruzaban la pasadera del acueducto, Alves corría detrás de ellas, les daba un palazo en la cabeza y las despojaba de los objetos valiosos; luego, las arrojaba al río desde 60 metros de altura, haciendo creer que se habían suicidado, ya que el acueducto de las Aguas Libres era conocido como “El puente de los suicidas”.

Alves no fue capturado por los ataques del acueducto, sino por rebanarle el pescuezo a un hombre para robarle un collar de oro; era la única vez que atacaba a plena luz del día, mucha gente lo vio y avisó a la policía.

El juez que lo condenó a morir ahorcado se llamaba Mateus Barbosa y resultó ser el bisabuelo de los detectives Danilo y Joao Barbosa. Lo que intrigaba a los primos era saber quién demonios era el demente que más de un siglo después había decidido evocar los crímenes de un tipo que había sido sentenciado por su bisabuelo; se preguntaban cuál era el mensaje que pretendía enviarles.

Danilo y Joao investigaron los archivos de Alves conservados en los tribunales de Portugal, querían descubrir si existían primogénitos entre los cuales pudiesen rastrear al actual criminal. Pero no hallaron nada, lo único que se sabía de Alves era que había nacido en Galicia, en 1810, que sus padres habían muerto cuando él tenía 2 años y que había comenzado a delinquir a los 12 años, pasando la mayor parte de su vida en reformatorios y cárceles. Lo que estremeció a los primos fue un ajado manuscrito del abogado del criminal, Stefano de Sousa, muerto envenenado un día antes de la ejecución. En el manuscrito, De Sousa alegaba que su cliente iba a ser ahorcado injustamente, ya que la familia del hombre asesinado por Alves, había sobornado al juez Barbosa. Aun sabiendo que la pena de muerte por ahorcamiento no estaba vigente en Portugal, Barbosa movió influencias para lograr ahorcar a Alves.

Horas después de la ejecución del galaico, un catedrático de la universidad de Medicina le pidió al juez si podía donar la cabeza de Alves para material de estudio. El docente y sus estudiantes estaban realizando una investigación para confirmar si la malignidad de una persona estaba relacionada con la morfología de su cerebro. Pensaban comparar el cerebro de Alves y el de otros asesinos con los de personas normales. (En aquella época el escaso conocimiento del cuerpo humano llevaba a los científicos a tomar en cuenta detalles que hoy resultarían risibles para un estudiante de primer año de Medicina)

Los primos visitaron el Museo del crimen de Portugal, donde se hallaba exhibida la cabeza de Diogo Alves dentro de un frasco con formol. Pero cuando llegaron al atril sólo hallaron unas fotografías de la cabeza… El guía del establecimiento les reveló que hacía unos meses habían entrado ladrones al museo y se habían robado el frasco… era lo único que se habían llevado.

La cabeza de Alves desapareció el 18 de abril de 1982, una semana antes de que comenzaran los crímenes del acueducto en Montreal.

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