Viernes de cine: ¨El hombre del brazo de oro¨

Fernando Morote

 

En una entrevista para la televisión, a principios de la década de los 80, Frank Sinatra declaró que consideraba El mensajero del miedo de 1962, estelarizada junto a Angela Lansbury, su mejor actuación cinematográfica.

Personalmente, he visto otras más brillantes de él. Por ejemplo, su interpretación de un asesino a sueldo contratado para eliminar al presidente de los Estados Unidos en De repente de 1954 compartiendo roles con Sterling Hayden, y su representación de un prófugo ayudando a salvar una comunidad en peligro en El diablo a las cuatro de 1961 al lado de Spencer Tracy.

Esas dos películas, incluso en mayor medida que su Oscar por actor secundario en De aquí a la eternidad (1953), me ayudaron a recuperar la fe perdida en el nativo de New Jersey. Acostumbrado a verlo en cintas como Ellos y ellas (1955), La cuadrilla de los once (1960) y El expreso de Von Ryan (1965), haciendo papeles estereotipados de galán irresistible o héroe inverosímil, acabé metiéndolo en el mismo saco que John Wayne, Steve Mc Queen y James Garner, a mi entender tres de las más grandes farsas creadas por la publicidad de Hollywood.

En El hombre del brazo de oro de 1955 encarna convincentemente a un adicto a la heroína recién liberado de prisión que, en su intento por reinsertarse de forma productiva a la sociedad, vuelve a su antiguo barrio y a su esposa paralítica. Pese a sus esfuerzos, la degradación moral del ambiente en el que vive lo hunde de nuevo en el vicio. Pierde la oportunidad de obtener un trabajo honesto como baterista en un club nocturno y termina repartiendo naipes en un clandestino salón de juego mientras le ruega al proveedor local de drogas que le venda la siguiente dosis para inyectársela directo en la vena. La escena en que, tras ser detenido por la policía, es encerrado en un calabozo y entra en pánico al toparse con otro toxicómano que es atacado por el síndrome de abstinencia, contiene una excepcional carga dramática.

Otto Preminger, director de Laura (1944), Al borde del peligro (1950) y Anatomia de un asesinato (1959), entre otros éxitos de cine negro, construye una estremecedora historia de lucha y triunfo individual frente a la adversidad que plantea una hostil y decadente atmósfera social.

El elenco es compuesto además por Darren McGavin, el traficante que incita despiadadamente a Sinatra a regresar al infierno de los psicotrópicos; Kim Novak, su ex novia, siempre dispuesta a echarle una mano para rescatarlo de la depravación; y Eleanor Parker, la inválida cónyuge que se pasa los casi 120 minutos de metraje en una silla de ruedas y al final se pone de pie sólo para correr despechada a lanzarse por el balcón al vacío. Sobresale en una aparición breve George Stone, viejo conocido en los films de gángsters de los años 30.

La banda sonora a cargo de Elmer Bernstein incluye fantásticas piezas de jazz que conjugan a la perfección con la sordidez de los escenarios en que se desarrollan los eventos y los momentos de tensión que experimenta el protagonista.

El hombre del brazo de oro es una prueba fehaciente de que Sinatra, bien manejado, podía ser algo más –mucho más- que la seductora voz detrás de New York, New York.

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