Un escritor que descubre, y dice a su manera, lo que algunos no deseamos o podemos ver: ¨Melodías en la orquídea¨ de Fernando Morote

Ricardo Vacca-Rodriguez

Los olvidados (1999)-Gerardo Chavez

 

Cuando descubrí a Fernando, en una librería de Queens, New York,  él leía unos escritos suyos en un recital que conducía el escritor, Arturo Ruiz-Sánchez. Hablaba fluido, con parsimonia, risueño, y a veces dejaba entrever aquellas puntas de ironía y sarcasmo que hacia arrancar por momentos risas al auditórium asistente. Al finalizar el evento, me acerqué a él y me presenté, iniciamos una conversación que luego continuamos en el tren que iba hacia Manhattan. En ese breve periplo me contó de él y una  breve historia de su vida en el Perú y en New York. Posteriormente me he encontrado con Fernando otras tantas veces en diversos eventos literarios, a la vez que mantenemos permanente conversación a través de la Redes Sociales. Estoy al tanto de su producción literaria y hace pocos días me hizo llegar – no la última- sino su reciente producción “Melodías en la Orquídea”. Lo leí no una sino, más de una vez. Y no es que sea un libro de difícil interpretación o complejidad verbal o temática, sino por lo divertido de sus historias, por la descripción de la cotidianeidad, por sus soliloquios o diálogos que hacen de los personajes seres, empáticos, misteriosos, a veces cotidianos y domésticos y hasta simpáticos, pero nunca planos.

Su reciente obra “Melodías en la Orquídea”, reúne en un inicio, dos historias relativamente extensas comparativamente al conjunto de micro-narraciones contenidas en la última parte del libro a la que denomina: el “País de los Feos”, el cual aglutina una serie de 18 micro-relatos, iniciando su serie con un corto poema en prosa o tal vez mini-relato evocando intensas vivencias a Lima, la ciudad capital del Perú. En la última parte de la obra sus micro narraciones fluyen y algunas dejan un divertimento por lo entretenido de la trama, una cierta enseñanza y otros nos deja un sabor de corrosivo sarcasmo y cuestionamiento, sin llegar a ser filosóficas ni moralistas.

Si bien es cierto que a veces abusa de ciertos términos propios de un localismo o peruanismo, al modo que los usó en su tiempo el célebre Juan Ramón Jiménez, en su obra “Platero y yo” o el gran Oswaldo Reynoso, esto no aleja al lector de la comprensión de la lectura, no lo confunde de la intención de Fernando, sino al contrario contribuye a situar al personaje en un contexto propio del lugar y en el tiempo en el cual se desarrolla la trama.

Durante sus narraciones no abunda en lirismo de la imagen en la forma o de la metáfora; son  numerosos los adjetivos y a veces usa la interrogación retórica, la admiración crítica y/o sarcástica. Sus relatos se desarrollan mayormente en ambientes urbanos, paseando al lector por ciudades en las cuales Fernando posiblemente vivió. Si no lo hizo, al igual que el autor del detective ingles Sherlock Holmes, Sir. Arthur Conan quien describe la ciudad donde suelen desarrollarse las aventuras del notable detective y su amigo el médico Watson sin haber vivido allí, así Fernando nos pasea por las calles de la ciudad de Lima, Barranco, Miraflores, etc. enriqueciendo el panorama temático y haciéndonos conocer por momentos, aspectos del “otro lado” de la ciudad  que para algunos se mantienen ignotos. Desde luego que “Melodías en la Orquídea”, no se trata de una obra histórica, está muy lejos de serlo, no obstante las pinceladas de eventos que en verdad ocurrieron, y de hechos registrados en su historia se aproxima a ello sin  serlo. En la trama de sus narraciones se conjugan vivencias, y acontecimientos que ocurren a los seres cotidianos y que a veces suelen pasar desapercibidos, cuando la gente se ve secuestrada por la rutina. Es de resaltar la riqueza de matices en la personalidad de sus protagonistas con ciertos esporádicos destellos de aliento poético. Son seres a veces marginales o que teniendo una profesión formal, viven al filo de la navaja, transgrediendo normas encubriéndose con la dócil apariencia del ciudadano común  y corriente.

Durante el desarrollo de “Melodías en la Orquídea” observamos una descripción y narración ágil. En su primer relato, mediante el personaje Eugenio, el escritor intenta construir una historia con un caustico cuestionamiento a una cultura en la cual él se ve imbuido, dejando ver a través de sus diálogos o soliloquios, su disconformidad y una pasiva critica rabiosa, que fluye no en un solo párrafo sino como una tenue sombra que va invadiendo y apoderándose de las palabras, del perfil de los protagonistas, y de los acontecimientos. Son lugares, momentos, personas, hechos que se introducen en los sentimientos del lector para aceptar al personaje, o no hacerlo; para incitar interrogantes como los que motiva el perfil psicológico de Eugenio, donde el mismo nombre de la historia lo está anticipando: “El salón de los rechazados”. Sin embargo, observamos a través de la trama, que no es que Eugenio, el que es rechazado por la sociedad o por una cultura que este siente y perfila como retorcida e incongruente; es el propio Eugenio que cuestiona y rechaza ser devorado por una sociedad que tipifica como mediocre y disonante, manteniendo incólume su mundo interior. Es el propio protagonista que se auto-margina para evitar una contaminación que según su vida y sus valores considera tóxicos. No obstante, considerando que toda persona es un ser social, y los anacoretas están en proceso de extinción, por eso Eugenio nos manifiesta “…Es una ventaja estar lejos para no respirar tanta miseria. He perdido el interés pero no el sueno. Es solo que no me emociona ni me ilusiona la droga del reconocimiento.”

Los que conocemos a Fernando, podemos deducir, que no es el personaje Eugenio que habla, es decir es el propio escritor que está hablando por la boca de su protagonista. Conociendo a Fernando desde sus primeras obras publicadas en el Perú (Poesía Metalmecánica) en su poema “A la Bandera” cuando dice “… flamea mierda…” desde allí nos preconizaba su irreverencia. Desde aquellos momentos tenía ya en adolescencia a su personaje Eugenio que a través de “Salón de los rechazados”, ha crecido, madurado hasta llegar a manifestarnos su interioridad. Este personaje que en la trama esta supuestamente hablando al frente de un auditorio verbalizando los vericuetos y laberintos de su historia personal; nos expone el  motivo por el cual él ha decido por el autoexilio de su vida, al identificar y tomar contacto con la pseudo intelectualidad y la comercialización de la cultura con la cual desea no contaminarse. Por ello Eugenio manifiesta ante un auditorio donde drena su biografía contenida, y terminando con su catarsis concluye al final de su disertación: “…siempre que me invitan a hablar en estas ocasiones recuerdo lo que me costó aceptarlo internamente y declararlo luego en público por primera vez. Tuve que doblegar mi orgullo para romper el autoengaño. Soy un escritor rechazado y mi nombre es Eugenio. Muchas gracias a todos por estar aquí.”  De esta manera es que Eugenio se convierte para el lector en el “Amado” Eugenio, que en otras palabras vendría a decir en el “Amado Fernando”.

En su segunda y relativa extensa narración, “La toalla manchada de sangre”, Fernando nos pasea por la ciudad de Lima y sus distritos y nos mezcla con personajes marginales o que sin serlo se mezclan con la marginalidad. El protagonista de esta narración, es una persona que al igual que un sabueso sigue los rastros del asesino del “negro Cayetano” deslizándose por las calles de Barranco y no solo eso sino que nos narra mini historias de algunas de sus calles, parques y jirones durante sus pesquisas, recreando la trama haciendo más interesante y divertida la historia la cual concluye con un final inesperado.

En la reunión de los 18 mini-relatos  que constituye “El país de los feos”, Fernando nos pone en contacto con una serie de personajes cuyos perfiles psicológicos son diversos y hasta a veces con giros actitudinales fantásticos como ocurre con  el protagonista de “Preludio y fuga en do mayor (sin ayuda de Bach)”, de nombre Sebastián. Otras veces, como sucede en el mini-relato “Madrugada silenciosa”,  en el cual el protagonista, se constituye en una de los tantas personas insomnes que deambulan de madrugada por los pasillos de sus casas, evitando atiborrarse de pastillas psiquiátricas para poner fin a su insomnio crónico. El protagonista al igual que muchos otros incautos, opta desdichadamente por recurrir a ver televisión de madrugada. Lo que allí presentan los noticieros o las películas que proyectan lo induce a esbozar una crítica corrosiva y violenta contra el “amarillaje” y la manipulación que hacen diversos medios de información masivos. El visualiza una noticia la cual radicaliza un sentimiento que se mantiene flotando en su mismidad. Se trata de una Organización de voluntarios que recurre a salvar unos gatos callejeros que son encontrados acuchillados en la vía pública por un extraño y oscuro personaje. Este hecho promueve en él, el siguiente pensamiento: “…la verdad es que, un gesto de esta naturaleza me mueve hasta las lagrimas. Y también me inspira. Me gustaría implementar el mismo método de exterminio para los periodistas que conducen los noticieros…en mi camino noctambulo me ha resultado difícil tropezar con gremio mas cómico. Con esa congoja en el corazón, regreso a envolverme en las sabanas para no ver esa mierda en la televisión”.

Así es Fernando Morote, un escritor que descubre y dice a su manera, lo que algunos no deseamos o podemos ver, devolviéndonos de una manera muy personal esos trozos de la realidad, haciendo más divertida la vida. Porque definitivamente, así es la vida, la cual muchas veces pasa frente a nuestras narices, sin descubrirla, enmascarada con el rostro cotidiano de la rutina.

Gracias Fernando por este libro divertido.

 

Ricardo Vacca-Rodriguez, peruano, nacido en el Callao en el año 1947 Siguió estudios de Psicología y Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Formó parte del Grupo Poético “Amauta” conjuntamente con el escritor chalaco Luis Fernández-Zavala. Estudió Teatro en el Club de Teatro de Lima e Integró el Grupo de Teatro “Los Grillos”. Tiene publicados cinco libros de Adiccionologia, entre ellos: “Los padres, los hijos y la pareja del Adicto”, “Psicopatía y violencia Social”, “Adiciones a sustancias químicas y Conductas adictivas”, “Manual para evaluar conductas adictivas” y co-autor con el Psicólogo José Vallejo, del Libro “Estrategias Participativas para la Prevención de Drogas”. Integró el Grupo de música Folklórica “Maki”. Tiene su obra literaria de ensayos, poesía, micro relatos, artículos, dispersa en publicaciones diversas en varios países como Las Revista Zopilote, (México), “El llano literario” (Venezuela), “Callao, Pasado presente y futuro”, “Diario El Comercio” “Estandarte Poético”, (Perú). Parte de su obra literaria esta publicada en su Revista Virtual palabrasbrujas.blogspot.com  Está en vías de publicación su libro de micro relatos, “Encuentros en los Trenes de New York”. Es integrante del Grupo Literario “Letras sin Fronteras” Actualmente radica en New York.

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