Fábulas del crimen: ¨La ejecución de los hermanos Ruggles¨

Diego M. Rotondo

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27 de Junio de 1892, un ferrocarril proveniente de Reno se detiene en la estación de Redding, California. Los pasajeros que descienden del furgón se estremecen al ver a dos hombres ahorcados de un árbol. Son los hermanos Ruggles, que llevan tres días pudriéndose a la vista de todo el pueblo. Debajo de ambos cadáveres, tres pistoleros vigilan que nadie se acerque, pero consienten que unos niños jueguen arrojándoles piedras a los cuerpos. Entre esos niños está Sammy, de 11 años, hijo de Buck Montgomery, la víctima asesinada a balazos por los hermanos.

Montgomery era el administrador del único Banco de Redding. Su trabajo muchas veces consistía en transportar caudales de dinero de un pueblo a otro a bordo de una diligencia. Esta riesgosa faena fue la que lo puso en la mira de los bandidos, quienes decidieron hacerse con el botín.

Luego de ser capturado, Charles Ruggles, el mayor de los hermanos, explicó que Montgomery en realidad se había asociado con ellos para fingir un atraco y repartirse el botín entre los tres. Pero nadie se creyó esa historia. Montgomery era un hombre decente, muy estimado en el pueblo, al punto que varios vecinos lo incitaban para que se postulase a sheriff. Aquella historia del complot probablemente era una falacia inventada por los Ruggles para evitar la Horca.

Lo cierto es que Montgomery no era del todo inocente, él sabía que iban a atracar su diligencia, se lo había dicho su esposa, Anne, después de confesarle que llevaba tiempo acostándose con John Ruggles. John habría seducido a la mujer para obtener información de los movimientos de su marido. Anne le dijo a su esposo que el joven no paraba de sonsacarle información sobre el banco, sobre los horarios y trayectos que Buck usaba para transportar los caudales y evitar el ataque de bandidos furtivos.

John Ruggles había conocido a Anne en un almacén del pueblo. El joven, codiciado por muchas mujeres de Redding era uno de los tipos más apuestos del pueblo, tenía un rostro cándido, un par de ojos pequeños y cristalinos que contrastaban como yemas sobre su piel trigueña y cuarteada por el sol sureño. John parecía una escultura tallada en madera y las jovencitas enloquecían cuando lo veían cruzar el pueblo al galope.

Los hermanos Ruggles provenían de una familia de curtidores de cuero. Charles se había casado y tenía dos niños, y John, que era diez años menor, había conseguido una beca para la Universidad de Oregón luego de seducir a una de sus rectoras. Ambos trabajaban en el negocio vendiendo accesorios de cuero: monturas, morrales, cartucheras, cinturones, etc.; y salvo por las liviandades de John con las mujeres casadas del pueblo, los dos parecían honrados, no tenían antecedentes delictivos y todos los domingos asistían a Misa.

Montgomery discutió violentamente con su esposa, la azotó con un cinturón en las nalgas y la obligó a pedirle disculpas; no obstante decidió sacarle provecho a la situación y liquidar a John Ruggles; le exigió a Anne que se volviese a encontrar con él y le informase que la noche del 14 de mayo, entre las 2 y las 4 de la mañana traería 4000 dólares desde otro pueblo para depositar en el banco de Redding. Cuando Anne le contó a John sobre la transacción que haría su marido, éste se reunió inmediatamente con su hermano para planear el atraco.

La noche del 14 de mayo los hermanos Ruggles cabalgaron por el camino de tierra que tomaría Montgomery para regresar con la recaudación de otro pueblo, se detuvieron a unos kilómetros del Redding y se ocultaron entre unos matorrales. Sobre las 3 de la mañana la diligencia se acercó a toda marcha acarreada por dos corceles negros y brillantes. Los Ruggles salieron al galope detrás del carruaje, que iba dejando una densa nube de polvo en el camino. Cuando lograron alcanzarlo, intentaron cruzarse en su camino amenazando al chófer para que se detuviese. En ese instante Montgomery se asomó por la ventana de la cabina y comenzó a dispararles a mansalva. El chófer arreó los caballos y sacó una escopeta que tenía bajo su asiento. Estaba todo muy oscuro y nublado por el polvo, apenas alumbraba el camino la tenue luz de un cuarto menguante. Montgomery disparó contra John asestándole tres tiros en el pecho, éste cayó de su caballo y rodó por la carretera de tierra. Al ver a su hermano abatido, Charles vació el cargador de su pistola contra la diligencia, matando a Montgomery, al chófer y a los dos corceles. Luego retrocedió para buscar a su hermano, pero éste ya estaba muerto. Charles regresó a la diligencia, que había volcado a un costado del camino, saltó adentro de la cabina y se llevó la bolsa con el botín, volvió a su caballo y huyó galopando a toda velocidad, dejando detrás el cuerpo de su hermano. Dos semanas después fue capturado en un rancho abandonado y trasladado a la oficina del sheriff. Allí se sorprendió al encontrarse a su hermano vivo. Los guardias que hallaron la diligencia lo habían llevado al hospital en donde lograron extraerle los plomos y curarle las heridas. Luego de convalecer durante seis días, John se recuperó y fue trasladado a la comisaría.

Al enterarse la gente del pueblo de cómo habían masacrado a Montgomery, le exigieron al sheriff que ahorcase a los hermanos de inmediato, sin juicio previo. Pero el sheriff no quería ejecutarlos sin saber adónde habían escondido el botín. Durante varios días los hermanos fueron torturados para que dijesen adónde estaba el dinero. Ellos sabían bien que ese botín era la única garantía que tenían para que no los ahorcasen, al menos por un tiempo. Mientras tanto el pueblo se enardecía, arrojaba piedras contra los vidrios de la oficina intentando amedrentar al sheriff.

El 24 de julio de 1892, sobre la 1 de la madrugada, tres pistoleros irrumpieron en la jefatura. El sheriff y sus tres guardias fueron reducidos y maniatados. Los hombres abrieron la celda en donde estaban confinados los hermanos, los ataron del cuello y los arrastraron hacia afuera como animales. Los obligaron a caminar hasta la estación del ferrocarril, los subieron a un par de caballos y ataron las sogas de sus cuellos a las ramas de un árbol. Efectuaron un disparo al aire, los caballos salieron despavoridos y ambos cuerpos quedaron ahorcados. John murió enseguida al quebrarse el pescuezo con el peso de su cuerpo, pero Charles, que era muy delgado, pataleó unos diez segundos hasta morir. A la mañana siguiente los habitantes de Redding se encontraron con ese horrendo espectáculo.

Dos días después de la ejecución, Anne Montgomery se reunió en las afueras del pueblo con los pistoleros que habían ahorcado a los hermanos y se repartieron los 4000 dólares del botín con el que ella y Charles Ruggles pensaban fugarse.

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