Fábulas del crimen: ¨Atuendo fatal¨

Diego M. Rotondo

1030-1

 

El 6 de mayo de 1962, sobre las 6 de la mañana, decenas de paperboys invadieron las calles de Brooklyn alzando sus ejemplares del New York Times al grito de: “¡Extra, extra!… ¡Encontraron a Dolores!… ¡Extra, extra!”. La mayoría de los transeúntes conocían bien la historia de Dolores, la habían seguido durante meses a través de la radio y la televisión. La insólita manera en que la joven acabó en manos de su asesino había sido la noticia más divulgada por la prensa. Se había producido un morboso feedback entre el público y los periodistas. Muchos seguidores obsesionados con el caso se jactaban de criminólogos, y varios programas se aprovecharon del crimen para excitar la morbosidad de los televidentes. Nadie se preguntaba por qué una desconocida como Hansen de repente estaba en boca de millones de personas. El programa de TV “Famous People”, conducido por su maligno presentador, Joseph Viale, organizó un concurso millonario en el que les proponían a los televidentes que resolvieran el caso antes la policía británica. La persona que expusiese una hipótesis concluyente sobre lo que había sucedido con la víctima, si una vez resuelto el caso se daba que era correcta, se haría acreedora de 1 millón de dólares en lingotes de oro. Por esa razón los paperboys anunciaban la noticia eufóricos y a viva voz, porque además del trágico desenlace de la joven, podrían estar anunciando al dichoso ganador del concurso What happened to Dolores?…

Dolores Hansen, de 20 años, había sido secuestrada por error; su atuendo –una imitación del vestido que usaba la cantante Judy Gewson– fue el principal causante de su trágica y mediática muerte. La noche del 15 de enero de 1962, cientos de fanáticos de Gewson se agolparon en la puerta del hotel Hilton de Londres. Los jóvenes pretendían conseguir un autógrafo de la cantante, que ofrecería cinco shows en la ciudad. Dolores amaba la música de Judy, y como tantas otras fanáticas, decidió lucir ese distintivo vestido rojo de cinturón verde que Judy usaba en cada concierto. Dolores, a diferencia de otras seguidoras, además de tener el mismo color de pelo que la cantante, tenía una contextura física similar.

Aquella noche la artista ingresó por la parte trasera del hotel rodeada de tres fornidos guardaespaldas; se hallaba algo indispuesta, por eso había decidido no ingresar por la entrada principal para evitar a la multitud de entusiastas que querían arrojarse sobre ella. Igualmente se tomó un tiempo para saludar a sus seguidores desde la ventana de su suite en el tercer piso. Con el avance de la noche los fanáticos empezaron a dispersarse de la puerta del hotel. Dolores en cambio, no se dio por vencida, había hecho autostop desde Oxford para conseguir un autógrafo de la cantante. Esperó durante varias horas sentada en un parque situado frente al hotel. Pasaría toda la noche a la intemperie con tal de lograr acercarse a ella; aunque después de unas horas cambió de parecer, se aseguró de que no quedara gente pululando en la entrada, cruzó la calle e ingresó furtivamente por el parking. Una vez en el subsuelo del hotel caminó con sigilo entre los autos hasta llegar a las escaleras de servicio. Por esas escaleras subió hasta el tercer piso, donde se hallaba la suite de Gewson, en el trayecto se cruzó con una mucama, quien sería la última persona que la vio antes de desaparecer.

Trevor Hamilton era un psicópata que estaba obsesionado con Judy Gewson. Asistió a cada uno de los conciertos que ésta dio en Inglaterra, compró todos sus discos y se masturbó incansablemente con sus fotos… Varias veces intentó acercarse a ella en la salida de algún show, pero los guardaespaldas siempre se encargaron de echarlo. Trevor amaba a Judy en silencio, sabía que ella jamás se fijaría en un fracasado como él. Por eso fue que decidió secuestrarla y hacerla su esclava.

Dos meses antes de que Judy viajase a Londres, Trevor se ofreció como lavacopas en la cocina del Hilton. Sabía que la cantante ofrecería un concierto en enero y que se alojaría en ese hotel. Una semana después de solicitar el puesto, Trevor recibió una carta informándole que debía presentarse a trabajar a partir del 16 de noviembre por la tarde.

Sobre la medianoche del 15 de enero, Trevor abandonó su puesto en la cocina del hotel aprovechando el revuelo que había por la presencia de la artista. Fue hasta el guardarropa de los empleados y se puso un traje de Botones. En ese momento se llevaba a cabo un banquete en el restaurante de la planta baja, unos cuarenta integrantes del equipo de Gewson comían y bebían manteniendo a todos los mozos ocupados. Trevor aprovechó la algarabía para pasar desapercibido. Caminó rumbo a las escaleras de servicio y subió hasta el tercer piso. Al llegar al largo pasillo alfombrado que desembocaba en la suite presidencial, Trevor se estremeció al encontrarse con Judy arrodillada frente a la puerta, espiando a través del cerrojo de su propia habitación. No había ningún guardaespaldas dando vueltas, estaba sola, vestida con su típico atuendo. Trevor se quitó los zapatos y caminó por el pasillo intentando no hacer ruido, se abalanzó sobre ella, la desmayó pegándole en la cabeza con una cachiporra, y la encapuchó. Luego la cargó en sus brazos y descendió por las escaleras hasta llegar al subsuelo del estacionamiento en donde tenía aparcado su auto.

Cuatro meses después hallarían el cuerpo de Dolores Hansen metido en el baúl de un auto robado que había sido arrojado al fondo de un precipicio. Los resultados de la autopsia confirmaron que la muchacha había sido torturada y violada durante mucho tiempo.

Durante las semanas posteriores a la desaparición, Judy Gewson dio varias entrevistas en donde manifestaba su preocupación por el paradero de la chica y ofreciendo su apoyo a la familia Hansen, aportando 50000 dólares para agilizar la investigación.

Con el pasar de las semanas el caso se volvió cada vez más fructuoso para los programas periodísticos. En las calles de Inglaterra y Estados Unidos era muy común encontrar puñados de personas discutiendo ávidamente el caso de Dolores. Todos conjeturaban y exponían sus puntos de vista sobre su desaparición. Los conductores de radio y televisión se las daban de criminólogos, debatiendo descaradamente sobre los pormenores del caso. Durante meses los medios manejaron cientos de hipótesis que claramente no pretendían llegar a ningún tipo de resolución, ya que mientras el caso mantuviera en vilo a la sociedad, los programas mantendrían sus elevados raitings.

En un programa especial de “Famous People”, transmitido la misma mañana en que el Times publicó la noticia del hallazgo de Dolores, Joseph Viale dio a conocer al ganador del millón de dólares en lingotes de oro. Se trataba de un inglés que, días antes del hallazgo del cadáver, había aventurado una hipótesis que coincidía exactamente con la declaración que la policía dio esa mañana a la prensa: “Dolores habría estado en el interior del hotel. Allí, por su vestimenta, el secuestrador la habría confundido con la cantante, quien probablemente era su verdadero objetivo…”. La hipótesis ganadora fue la de un tal Trevor Hamilton. Una semana después Judy Gewson en persona le entregó su premio al ganador, que, notablemente emocionado, abrazó y besó a la cantante repetidas veces, diciéndole que era uno de sus mayores admiradores.

fábulas del crimen portadacomprar

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s