La bella durmiente

Estefanía Farias Martínez

gustave-dorc3a9-la-bella-durmiente-del-bosque-ilustracic3b3n-de-los-cuentos-de-perrault-1867

 

 

Llevaba todo el día haciéndose la muerta. Había alquilado el torreón, la cama con dosel, el vestido con su corsé y su falda de vuelo, y el ogro para la puerta, el dragón se le salía del presupuesto, pero se había agenciado un portero de discoteca con antecedentes por romperle la crisma a más de uno. Había seguido sus instrucciones al pie de la letra, pero él no llegaba. Le dolía el estómago, estaba hambrienta. El ogro había venido ya dos veces a quejarse del retraso, se tenía que ir a las cinco a una comida familiar. A las cuatro y cuarto él apareció por fin, el ogro se dejó derrotar enseguida y se fue.

Cuando él entró a la habitación lo primero que hizo fue asomarse a la ventana, ella le observaba por el rabillo del ojo. Se había puesto el traje de sota de copas, estaba ridículo. Nunca se había fijado en esos horribles rizos rubios que le caían en cascada sobre los hombros. Siempre le vio con coleta. La espada no se le ajustaba bien a la cintura, no tenía culo. Se soltó el cinturón y lo dejó caer al suelo. Apenas hizo ruido, la espada era de atrezzo y de plástico probablemente. Se acercó a la cama muy despacio y se inclinó sobre ella; el enjuague bucal con aroma de eucalipto, sazonado con excesivas dosis de Old Spice, le entumecieron las fosas nasales; tenía los labios agrietados y resecos y al besarla fue como si le restregaran una lija por los suyos. Los mantuvo bien apretados y no movió un músculo. Él repitió la maniobra infructuosamente y acabó por apartarse de ella. Ya se despertará pensó, no es como las otras, y se sentó a esperar en un silloncito bajo junto  a la ventana.

Había sido un día muy duro en la funeraria. Le entraron cinco cadáveres para maquillar: una familia al completo, víctimas de un accidente de coche. Menos mal que estaban bastante enteros y conservaban la cara en buen estado. Aún así aquello hizo que se retrasara mucho, por eso ella se había dormido. Por lo menos no se había ido.

Él estaba agotado, pensó en dar una cabezada, descansar un poco mientras ella se despertaba. No era tan guapa como en la foto, tampoco era una rubia autentica, se le veían las raíces negras, no había tenido el detalle de pasar por la peluquería y el ogro le debió salir muy barato, era un cobarde. El torreón sí le gustaba y la cama con dosel era perfecta. Tantos años besándolas sin que se despertaran, esta vez seria diferente. Cerró los ojos y se dejó dominar por el cansancio.

Ella giró la cabeza suavemente, y le vio allí, en penumbra. No podía levantarse, la escucharía, así que decidió seguir haciéndose la muerta hasta que él se fuera.

Pasaron horas, amaneció, él la besaba de vez en cuando pero ella no reaccionaba, sus labios eran como compuertas selladas. Ella ya estaba desesperada. Por suerte aparecieron el dueño del torreón y la señora de la limpieza, le recomendaron a él que se fuera, de la bella durmiente ya se encargaban ellos, no era la primera vez que alguna no despertaba.

versiones-perversas-de-cuentos-clc3a1sicoscomprar

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s