Fábulas del crimen: ¨La mujer del sótano¨

Diego M. Rotondo

16780138_10154351550346705_1250818137_n

 

Miska Konen vivió 30 años en un sótano. No conoció la luz del sol, ni las nubes, ni las estrellas. Ignoraba todo lo que estuviese más allá de esas escaleras. Cuando fue hallada su aspecto distaba mucho del de un ser humano; su piel era casi trasparente y a través de ella se podía distinguir la sombra de sus huesos. Sus arterias formaban grietas purpúreas sobre su cuerpo. Las uñas de sus manos y pies nunca habían sido cortadas, y con el tiempo, se habían enroscado hacia abajo como espirales. Al haber pasado toda su vida en la oscuridad, sus ojos no se habían desarrollado, estaban revestidos por una retina lechosa a través de la cual apenas se distinguía el color del iris. A Miska le faltaban varios dientes, además, le habían cortado la lengua y arrancado los incisivos, no obstante, había desarrollado un par de afilados colmillos. El hedor ácido que emanaba su cuerpo hacía arder los ojos; los policías tuvieron que colocarse máscaras de oxígeno para poder rescatarla. Todo era horror en ese sótano: excrementos, ratas secas, cucarachas y arañas pululando por las paredes.

Recostado en un arcaico sillón se hallaba un esqueleto envuelto en telas de araña… era su madre, Jussi, de la que Miska se había alimentado varias veces para no morirse de hambre.

Cuando los agentes lograron descender, además del esqueleto de su madre, hallaron el cadáver desangrado de su captor, Tauno Morchnen, a quien Miska había asesinado a mordiscos.

Febrero de 1906. Jussi Konen, una joven vagabunda de 19 años, embarazada de seis meses, deambula por las heladas calles de Helsinki golpeando las puertas de los hogares, ofreciendo sus servicios domésticos a cambio de cama y comida. Al advertir su aspecto sucio y su prominente barriga la gente le cierra la puerta en la cara. Nadie desea contratar a una vagabunda embarazada. Rendida a su suerte, Jussi camina tiritando por las calles, soportando los 5 grados bajo cero del inclemente invierno. Al borde de la hipotermia, Jussi se desploma casi muerta en el umbral de una residencia. Alguien sale, la carga en sus brazos y la lleva adentro.

Jussi despierta dos días después en un sótano, echada sobre un sillón, con los pies y manos atados. Frente a ella hay un hombre desnudo masturbándose, jadeando y echando baba por la boca; es Tauno Morchnen, el secuestrador que la mantendrá encadenada hasta su muerte seis meses después, cuando dé a luz a su hija, Miska.

El 4 de mayo de 1936, Morchnen descendió las escaleras del sótano. En una de sus manos llevaba una inyección, y en la otra un pequeño farol a kerosene. Al llegar al sótano un escalofrío le sacudió el cuerpo. Miska, su cautiva, no se hallaba encadenada a la pared como en los últimos 30 años.

Desde su nacimiento, la cautiva había sido alimentada con dos barras de pan mojado en leche, tres veces por semana… Esta miserable dieta a la que la sometió su captor, la llevó a un estado de tal desnutrición, que un buen día consiguió liberarse de sus grilletes apenas jalando de sus manos.

Esa noche Miska se abalanzó sobre su captor y le clavó los colmillos en el cuello arrancándole la vena yugular. Los clamores desesperados de Morchnen alertaron a sus vecinos, que enseguida dieron aviso a las autoridades.

Entre las inmundicias que había en el piso del sótano, los agentes hallaron varias hipodérmicas y algunos elementos fálicos que habrían sido utilizados para someter sexualmente a Miska. La inyección que el captor le administraba a su prisionera tenía vitaminas y narcóticos; por su condición de médico, éste sabía cómo mantener viva a Miska.

Tauno Morchnen ejercía en varios hospitales de Helsinki. Sus vecinos y sus colegas afirmaron que se trataba de un hombre muy cálido y solidario, de temperamento alegre. Atendía gratuitamente a sus vecinos, y jamás se quejaba si lo llamaban a altas horas de la madrugada por alguna urgencia. Él siempre estaba dispuesto a ayudar. Solía atender a muchos niños, y cuando tenía que darles una inyección, les regalaba golosinas o les contaba chistes para que no tuviesen miedo. Todos lo adoraban y no se imaginaban que detrás de ese doctor de ojos cándidos se escondía un ser abominable.

Con todos los pronósticos en contra, Miska logró recuperarse después de dos años de internación. Fue indemnizada por el Estado con todos los bienes de su captor. Necesitó de varios años para adaptarse a un mundo normal. A los 41 años contrajo matrimonio con uno de los enfermeros que habían cuidado de ella. Vivió felizmente hasta los 86 años de edad.

fábulas del crimen portadacomprar

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s