La obra más oscura del Dios del Manga: ¨MW¨ de Osamu Tezuka

Cristóbal Hernández García

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Existen muchos prejuicios contra el cómic, y más aún contra esa vertiente oriental que ha dado a llamarse “manga”. No obstante, como es matemáticamente inevitable, entre tantísimas viñetas dibujadas en el país del Sol Naciente, hay algunas obras maestras, y muchas de estas llegan de la firma de Osamu Tezuka. El conocido como “el Dios del manga” no sólo fue uno de los mayores renovadores visuales del medio y una figura capital en esta industria, aquel hombre era ante todo un gran narrador con muchísimas inquietudes.

“MW” es, sencillamente, una pequeña obra maestra. Sólo se le puede echar en cara quizás un final algo ingenuo que ha envejecido bastante mal, pero es una obra concebida en los setenta y cualquier lector ha de hacer concesiones en este sentido. Todo lo demás en esta obra es una auténtica maravilla. Argumentalmente la historia no estaba adelantada a su tiempo, esta adelantada incluso a nuestro tiempo. Es la obra más significativa del “Tezuka oscuro”, y cuesta imaginar algo más oscuro que esto. Esta obra coge todos los tabús habidos y por haber y monta una historia en base a ellos sin concesiones. En el primer capítulo ya vemos que los protagonistas son un cura y un asesino psicópata que mantienen una relación homosexual. Eran los alegres setenta de la denuncia social, pero aún así no deja de sorprender ver una obra tan rompedora surgida de un país tan conservador como Japón; Tezuka se mete de lleno con homosexualidad, religión, conspiraciones, corrupción, terrorismo y guerras…

555299d3dd055Es una obra corta, de apenas seiscientas páginas, pero al autor le bastan para desarrollar a la perfección sus personajes y tramas. Esta obra tiene denuncia social, política y moral, pero no se regodea en el drama o la introspección de personajes más allá de algunas viñetas puntuales; el arte de Tezuka no daba para las filigranas de interpretación facial de sus sucesores. Lo que importaba era contar la historia y en este manga no hay una sola viñeta desaprovechada, aunque como gran renovador visual del medio, Tezuka también encuentra lugar para alguna que otra fantasía visual, valiéndose incluso de la maquetación para mejorar el ritmo. El ritmo de la obra es bestial, todo se sucede a una velocidad pasmosa, pero al mismo tiempo no tenemos la sensación de perdernos nada ni de que nada avance forzado, y la obra en si engancha desde el primer momento.

Es quizás el manga más salvajemente transgresor que he tenido el placer de leer, y no puedo hacer otra cosa que recomendarlo encarecidamente. No obstante, habida cuenta de su temática, Tezuka no se corta a la hora de mostrarnos pilas de muertos, descuartizamientos, violaciones homosexuales entre niños y muchas otras escenas crudas que no hacen este manga recomendable para todos los públicos.

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