Viernes de cine: ¨M¨

Fernando Morote

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No cabe duda de que el origen del  film noir –pese a su denominación francesa- está en Alemania a mediados de los años 20 del siglo pasado. Más allá de que aborda un tema de tipo policial, la película reviste todas las características del género negro ya que escarba en los rincones más oscuros del alma humana.

M es el estudio psicológico de un psicópata sexual que no puede dominar sus impulsos ante la tentación que provoca en él la temprana sensualidad de una ingenua e indefensa criatura. Pero es también una observación honesta de la degradación en la que cayó la sociedad alemana después de la primera guerra mundial (analizada por el director en otras obras durante su período mudo como El Doctor Mabuse de 1922 y Metrópolis de 1927).

Lang extiende a lo largo de la cinta una fina estela de pedofilia, hábilmente sugerida, sin llegar a ser explícita porque centra más la atención del espectador en las sucesivas y misteriosas desapariciones, seguidas por las posteriores muertes.

0056_m_el_vampiro_peter_lorre_fritz_lang_03M es asimismo una crítica feroz a la ineficiencia de la policía. Pese a la descripción de la avanzada tecnología de la época, que ya en 1931 empleaba sistemas de conexión inmediata entre empresas y compañías de alarmas, es una organizada y disciplinada red de delincuentes la que logra atrapar al asesino. La escena en el sótano de una destilería abandonada, donde el depravado es enjuiciado en forma sumaria por líderes y miembros del bajo mundo, perjudicados por sus fechorías, es un dinámico ejercicio de abogado del diablo, esgrimiendo argumentos a favor y en contra de él.

La fotografía es espectacular, de alta resolución, insuperablemente nítida, casi perfecta. El vestuario y la decoración, imponentes por su simpleza y funcionalidad. El cine alemán en general, y el de Fritz Lang en particular, siempre audaz e innovador, exhibía en esos años un elevado nivel de modernidad. m-el-vampiro-de-dusseldorf-globoLas tomas desde el piso o de ángulos poco usuales ofrecen vistas peculiares de los personajes y de las acciones. Los planos en silencio mostrando espacios vacíos y juguetes rotos son un excelente recurso para retratar la desolación interior de las víctimas, así como el pánico y la paranoia que genera en el vecindario la amenaza de un homicida suelto. Lang, sin embargo, no pierde la oportunidad de aplicar un sutil toque de humor en medio de la cruda narración de una desgracia de esta naturaleza.

peter-lorre-m-el-vampiro-de-dusseldorfLa actuación de Peter Lorre es soberbia, encarnando al monstruo que seduce y rapta preciosas niñas para luego violarlas y matarlas. Su intensa expresión corporal y el fuego en sus ojos desquiciados, sumados a su escasa estatura, constituyen elementos preponderantes para la construcción de su personaje.

La conclusión, como en muchas historias de Lang, es demoledora: no importa si el criminal es imputable o no debido a su condición mental, en el fondo resulta irrelevante si lo condenan a la pena máxima o lo recluyen en un manicomio. Nada de eso devolverá la vida a los infantes ultrajados. Lo que realmente cuenta es que las madres, las autoridades y la sociedad en general deben encontrar mejores formas de proteger a sus niños y asumir plena responsabilidad por ello.

Fritz Lang y Peter Lorre, poco después del estreno y consecuente éxito del film, tuvieron que emigrar a Francia –luego ambos recalaron en Hollywood- huyendo del nazismo; el primero por negarse a someter su arte a las directivas de propaganda del gobierno de Hitler, el segundo simplemente por ser judío.

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