Viernes de cine: ¨El beso de la muerte¨

Fernando Morote

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Filmada enteramente en locaciones reales a fin de evitar los artificios de los estudios e imprimirle un estilo documental, aun a costa de sacrificar la calidad del sonido, El beso de la muerte de 1947 registra una de las mejores performances de Victor Mature –alejado de sus clásicos roles en largometrajes sobre temas bíblicos- y el sensacional debut de Richard Widmark.

Mature es un ex presidiario que lleva un año sin poder conseguir trabajo debido a sus antecedentes penales. En vísperas de Navidad la desesperación por obsequiar algo a sus pequeñas hijas lo lleva a atracar, junto a dos cómplices, una joyería dentro de un rascacielos en pleno Times Square. kod10El espectador puede sentir la tensión del trío que suda y se ahoga en el ascensor mientras baja hacia el vestíbulo para largarse con el botín. Al sonar las alarmas, sus amigos se las arreglan para abandonar el edificio; él es el único que no logra burlar el cerco policial y es capturado a balazos.

El asistente del fiscal, representado por Brian Donlevy –también habitual del cine negro-, ofrece ayudarlo a cambio de su cooperación para atrapar a los prófugos. Trata de sensibilizarlo hablándole de su paternidad y el valor de la familia. Pero Mature se resiste a ser un soplón. Pese a su extenso prontuario criminal, desconfía de las autoridades que en su opinión usan prácticamente los mismos métodos que los maleantes para conseguir sus objetivos. 10“Hay una gran diferencia”, le dice Donlevy: “Nosotros los aplicamos para castigar a las personas malas, no a las buenas”. Al final es sentenciado y enviado a prisión. Sólo accede a delatar a sus compinches después de pasar tres años encerrado, cuando se entera de que su esposa le ha sido infiel con uno de ellos y se ha suicidado dejando a las menores en orfandad.

richard-widmarkRichard Widmark luce magnífico como el hampón de poca monta que ejerce además de brazo asesino del abogado corrupto que lo patrocina. Su risa macabra, de maníaco desatado, es memorable, pero la escena en que avienta escaleras abajo a una madre inválida, amarrada con un cable de teléfono a su silla de ruedas, es uno de los momentos cumbres de la película.

No hay mujeres fatales en esta pieza de film noir. El director Henry Hathaway prefiere introducir en el reparto tres figuras femeninas cuya ternura se contrapone al carácter oscuro de la trama: las graciosas huerfanitas que patinan a toda velocidad persiguiendo al papá; y la esplendorosa nodriza, encarnada por Coleen Gray -no ajena al género-, tan dulce, pulcra y recatada que provoca comérsela enterita; un auténtico primor.

Un par de detalles interesantes: Karl Malden aparece escasos minutos, como detective del buró neoyorquino, todavía con algo de pelo y sin hacer mucho ruido –su tiempo para descollar en la pantalla aún no había llegado-; la historia está basada en un hecho verídico narrado por un funcionario judicial que manejó el caso personalmente.

Sin duda el porte de Mature y su semblante de hombre sufrido, grandote, de manos regordetas, inocultablemente italianas, son perfectos para el papel del hombre bueno, obligado a delinquir por la fuerza de las circunstancias. No en vano fue una de las estrellas de la 20th Century Fox durante casi dos décadas.

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