PASOS

Estefanía Farias Martínez

pasos

 

 

Balbina vivía en el tercer piso del edificio con sus padres. Le gustaba la casa y conocía a los vecinos desde niña.  Le habían diagnosticado trastorno paranoide severo. No sólo tenía pánico a subir o bajar la escalera a oscuras. También sufría alucinaciones, por la noche, cuando sacaba la basura al contenedor que el portero dejaba en la calle. Le llevaba pasando desde los diez años y ningún médico conseguía explicar el por qué, de modo que la recomendaron enfrentarse a sus miedos. Ella contaba que las luces se apagaban cuando empezaba a bajar la escalera, oía pasos, pero aparecían y desaparecían. El interruptor del segundo rellano nunca le funcionaba, entonces era cuando los pasos se oían más cerca y su respiración se entrecortaba, sólo podía pensar en correr y se lanzaba escaleras abajo hasta llegar al portal, aterrada porque los pasos retumbaban en su cabeza. Al salir a la calle ya tenía taquicardias, se convencía a sí misma de que no había nadie allí. Pero cuando cruzaba el portal la pesadilla se repetía escaleras arriba. Llegaba a casa con el corazón desbocado. A los 14 creyó que le daba un infarto, se desmayó delante de su madre. Sin embargo, Balbina era terca y cada noche intentaba enfrentarse a sus alucinaciones. Un día su corazón no lo aguantó más y cayó desplomada junto al contenedor de basura. Hugo la encontró allí y llamó al portero para que avisara a sus padres. Luego subió a su casa desconsolado, le gustaba Balbina, ahora tendría que jugar con Angelita, pero no le caía bien.

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