Fábulas del crimen: ¨Mujer fósforo¨

Diego M. Rotondo

gloria-final

 

El 15 de octubre de 1927, en Siracusa, Sicilia, la policía halló a cinco hombres crucificados a orillas del mar. A todos les habían sacado los ojos y amputado los genitales.

Durante las autopsias los patólogos descubrieron que los cinco tenían sus falos atorados en la garganta; alguien los había forzado a tragárselos, y habían muerto asfixiados.

Sofía Rigantti, de 18 años, vivía junto a su madre en una casa cercana al puerto de Siracusa. El 5 de octubre de 1927, pasada la medianoche, la joven salió de un bar en donde se había reunido con tres amigas para festejar un cumpleaños. El local estaba situado sobre la calle Lungomare, a unos 200 metros de la playa. En vez de regresar, como lo hacía habitualmente, por la ruta costera, Sofía decidió volver a casa caminando por la playa.

Su madre vivía advirtiéndole que era peligroso a esas horas, pero era una noche fabulosa, azulada y plagada de estrellas. La luna orbitaba la tierra más cerca que de costumbre y su luz era tan intensa que alumbraba toda la costa como un gran reflector.

A mitad de camino Sofía se cruzó con un grupo de pescadores que bebían vino alrededor de una fogata. Pasó a unos metros de ellos, saludó cordialmente y siguió su camino. Los pescadores cortejaron a la joven mientras se alejaba, expeliendo algunos piropos de mal gusto. Un kilómetro más adelante Sofía fue atacada, se abalanzaron sobre ella, le vendaron los ojos y la violaron.

Después de dos horas de tormento en las que no pararon de vejarla una y otra vez, sodomizándola y obligándola a hacerles sexo oral, los abusadores la dejaron semidesnuda a orillas del mar, aun con la venda en los ojos.

En el horizonte, sobre el límite entre el mar y el océano despuntaba una lánguida aurora, algunas gaviotas volaban velozmente al ras de las olas. Sofía se quitó la venda, notó la sangre que bajaba por sus muslos y rodillas, se enjuagó la boca con agua salada y siguió su camino arrastrando los pies. Era muy temprano y no había nadie para auxiliarla.

Al llegar a su casa la joven se desplomó en el umbral y golpeó su cabeza contra la puerta. Su madre salió y encontró a su hija echada en el piso con la ropa rasgada y las piernas ensangrentadas. La mujer echó un vistazo hacia las casas vecinas para cerciorarse de que nadie espiaba, levantó a su hija en brazos y la llevó adentro.

Una vez en el interior de la casa, mientras le desinfectaba las heridas con hisopos y alcohol, la mujer insultó a su hija por no haberle hecho caso con lo de regresar por la playa; no manifestó ninguna compasión por ella, le dijo que se merecía lo que le había sucedido.

Gloria Rigantti no era una mujer cariñosa, tenía un genio de mil demonios y siempre andaba con el ceño fruncido. Su hija era el único ser querido que le quedaba después de que su esposo marinero muriese ahogado en el mediterráneo seis años atrás. No era una mala mujer, pero desconfiaba de todo el mundo, no tenía relación con los vecinos y siempre estaba a la defensiva.

Gloria no quiso hacer la denuncia en la policía, sabía bien las consecuencias que tendría una noticia así dentro del pueblo. Si se corría la noticia de la violación, Sofía acabaría más traumada de lo que ya estaba.

Rigantti era enfermera en la única clínica que había en el pueblo. Era una mujer fuerte y esbelta, de 1,82 metros de altura y unos 90 kilos de peso. Tenía el cabello corto, de un color anaranjado. Su piel era blanquísima y estaba salpicada de pecas. Cuando caminaba por el pueblo, los niños que jugaban en las calles huían despavoridos, le tenían pánico. Muchos en la comuna la llamaban: “Mujer fósforo”, por el color flameante de su cabello.

Gloria pertenecía a una familia descendiente de guerreros normandos, poseía una genética hercúlea que la hacía dueña de una fuerza física superior a la de otras mujeres de su edad. Sin ayuda alguna cargaba enfermos de una cama a otra. Era la mejor enfermera del nosocomio, eficiente y diestra con sus manos. Y aunque no mostraba ningún afecto por los pacientes, éstos se sentían muy seguros cuando estaban con ella.

Pasadas dos semanas del ataque, y ya casi recuperada de sus heridas, Sofía le habló a su madre sobre los hombres que la habían violado. A pesar de que le habían vendado los ojos, tenía una vaga idea de quiénes habrían podido ser. Le describió a su madre los pocos detalles físicos que recordaba de esos pescadores que se había cruzado en la playa. Gloria tomó nota de todo, como si fuese una detective. Estaba decidida a cobrarse venganza contra esos tipos.

Un mes después de ser encontrados los cuerpos crucificados, la policía recibió la denuncia de una joven que había sido violada en la playa. Gloria lo leyó el periódico y sintió ganas de vomitar, se había vengado de los hombres equivocados. El ataque tenía las mismas características que el de su hija: a la víctima le habían vendado los ojos antes de violarla.

A pocos metros de donde habían sido sacrificados los pescadores, unos niños que jugaban en la playa encontraron un pequeño estuche metálico rectangular que había sido arrastrado a la orilla por las olas. En su interior hallaron bisturís y agujas hipodérmicas. El estuche estaba muy corroído por el salitre pero los instrumentos estaban en buenas condiciones.

Había un detalle que, sumado al manejo idóneo de esos utensilios, colocaba a la enfermera como sospechosa. En las uñas de dos de las víctimas los forenses hallaron algunos cabellos de un color bastante peculiar. No obstante, no eran pruebas suficientes para detenerla, necesitaban algo más contundente. Sin embargo, al enterarse que los hombres que había asesinado no eran los que habían violado a su hija, la propia sospechosa se entregó a la policía y confesó todo.

Gloria Rigantti fue condenada a 60 años en la cárcel de mujeres de Roma.

Poco tiempo después de su confesión, la policía capturó a los violadores de la playa utilizando a una joven oficial como señuelo.

fábulas del crimen portadacomprar

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s