Prólogo a ¨Los herederos de Toth¨, de Estefanía Farias Martínez

Fernando Morote

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PRÓLOGO

Un escritor suele ser, por naturaleza, un individuo difícil de encajar en cualquier grupo humano. La elección de sus argumentos a menudo refleja los rasgos más notables de su carácter. Desde los trazos iniciales se puede apreciar de qué material está formado. El tono de su voz en la composición es un retrato de su interior.

Lo que se encuentra en el creciente trabajo de Estefanía Farias Martínez es fascinante. En su primer libro “Tengo un amante, 15 relatos devoradores” impresionó su soltura, su astucia y su sentido del humor; una prosa desprejuiciada que no admitía innecesarios remilgos académicos y que obtenía resultados contundentes con una actitud audaz e inteligente.

“Los herederos de Toth” es una confirmación de su progreso, un paso firme en su proceso de evolución como narradora. Del mismo modo que en su obra anterior, describe cada episodio con una naturalidad que pasma y despierta admiración. Por supuesto no es casualidad que haya escogido para insertar en el título el nombre del dios egipcio reputado, entre otras habilidades artísticas y científicas, como el patrón del lenguaje articulado.

En esta nueva entrega, Farias Martínez relata la historia de un grupo de niños iluminados, dotados con facultades excepcionales, poco estimadas, algunas de las cuales son vistas por la sociedad tradicional más bien como defectos. Contrario a lo que piensan sus propios padres, de mentalidad convencional (para quienes constituyen un auténtico reto de educación y crianza), no son locos, tristes ni peligrosos; sólo tienen intereses distintos a la típica población infantil. Por tal motivo son internados en un centro especializado para desarrollar sus talentos. La convivencia se encargará de plantear ciertos desafíos intrínsecos e inevitables. Son personalidades rutilantes, un encantador conjunto de pequeños con un coeficiente intelectual superior al promedio y con una particular visión del mundo, adelantada a su edad.

La autora aprovecha para expresar y compartir dos de sus principales pasiones, el cine y la música, introduciendo con sutileza curiosos datos y detalles relacionados a ellas. Los diálogos son punzantes y poseen un endiablado toque de humor muy negro. Hay además en su estilo un atractivo e inquietante ingrediente de sensualidad, finamente deslizado a lo largo del texto.

Construye la trama a base de capítulos breves que otorgan un ritmo dinámico a la narración. El uso de cursivas para diferenciar los tiempos es un recurso eficaz guiando al lector entre los hechos ocurridos en el pasado y aquellos que suceden en el presente.

“Los herederos de Toth”, por otro lado, propone un tema que configura a la vez un ideal y una esperanza: la fundación y la existencia de un espacio –físico, virtual, real- donde las criaturas no sean discriminadas por su condición, en este caso cultural, sino protegidas y estimuladas para hacerlas sentir bienvenidas, cómodas, y animarlas a participar activamente en la vida productiva de la comunidad a la que pertenecen.

Estefanía Farias Martínez conoce a la perfección esa realidad y sabe comunicarla de igual manera a través de su intensa y brillante destreza como escritora.

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