La ofensa

Estefanía Farias Martínez

Gustav Klimt Judith I, 1901 Öl auf Leinwand 84 x 42 cm

 

 

—Tienes que aprender a dialogar.

—Lo sé, pero no es culpa mía. Tú sabes lo mucho que me esforcé esta vez.

—Sí, eso es verdad. ¿Qué pasó? ¿Qué te hizo este?

—Me llamó vieja, dijo que se me notaba la edad.

—Pero si sólo tienes cuarenta y estás estupenda.

—Y él tenía casi cincuenta y se estaba quedando calvo, cegato y el pecho se le descolgaba un poco.

—Era idiota. Pero prométeme que la próxima vez intentarás controlar tu temperamento. Que en los últimos dos años ya van siete.

—Sí, mamá.

—Bueno, ¿has quemado el coche?

—Sí, lo dejé calcinado en un descampado de la zona norte.

—Perfecto. ¿Y tienes ahí la cabeza?

—Sí, en la bolsa de basura, está en el maletero.

—Vale, pues ahora la dejamos en la panadería enfrente del bar de los mafiosos. Y todo listo.

Última hora: La aparición de una nueva víctima de la guerra de bandas mantiene en jaque a la policía. Las detenciones no se han hecho esperar. 

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