Fábulas del crimen: ¨Terapia de riña¨

Diego M. Rotondo

boxeadoras

 

 

A mediados del siglo XIX, en Macedonia, se creó el primer manicomio para mujeres criminales. La institución llegó a contar con más de trescientas internas, que habían cometido diferentes delitos a causa de la locura. Una de esas mujeres era Biljana Rivka, de 29 años, quien había sido encerrada por cocinar y comerse a sus dos hijos de 1 y 3 años, alegando que lo hizo porque necesitaba volver a tenerlos en su panza…

Otra de las internas era Domnika Doyle, de 16 años, una joven albina que sufría de un raro trastorno psicótico: afirmaba que la gente, al mirarla, le succionaba el cerebro por la nariz… Por eso, cuando la miraban fijamente durante más de cinco segundos, se ponía histérica e intentaba clavarle un objeto punzante en los ojos a su acosador… Entre los 12 y los 15 años de edad Domnika dejó tuertos a dos compañeros de colegio y completamente ciego a uno de sus seis hermanos. Hastiados de lidiar con su psicosis, sus padres llevaron a la joven con las autoridades para que se encargaran de ella.

El caso más interesante en todo el manicomio era el de Liljana Vicari, una mujer  de clase alta que, luego de envenenar a su esposo por serle infiel, decidió convertirse en vampiro y pasar sus días metida en un sarcófago. Liljana decía ser un vampiro de 800 años de edad, tenía colmillos de oro y bebía sangre, pero no de humanos, sino de pájaros a los que les arrancaba la cabeza de un mordisco y se empinaba como si fuesen botellas. Liljana pasaba el día entero durmiendo en el sarcófago porque decía que la luz del sol le calcinaba la piel. Una mañana, estando ya internada en el manicomio, los doctores intentaron curarle su vampirismo obligándola a exponerse a la luz del sol. La arrastraron hasta una ventana por donde se filtraba un tenue rayo de luz; la mujer chillaba como si la estuviesen masacrando, rasguñaba a los enfermeros y les suplicaba que la devolviesen a la oscuridad de su habitación. Cuando la luz del sol tocó sus piernas, increíblemente su piel comenzó a escaldarse. Los médicos quedaron absortos al ver aquello, pudieron ver el humo y sentir el olor a carne quemada que emanaba su piel. Pensaron que la paciente padecería algún tipo de enfermedad cutánea, así que decidieron utilizar otro tratamiento…

En épocas antiguas, los métodos utilizados para tratar la locura eran tan absurdos como inhumanos. Un tratamiento bastante usado a principios siglo XIX consistía en colocar al enfermo colgando de los pies sobre un tonel de agua helada en el cual sumergirle la cabeza durante breves lapsos de tiempo. Según algunos doctores de esa época, esta acción, repetida muchas veces al día, provocaba que la mente del chiflado se reiniciara y se sanara. Por supuesto ese tratamiento jamás funcionó; después de ser sumergidos en agua helada los pacientes terminaban más dementes de lo que estaban, o morían de neumonía… También se solía castrar a los locos, porque algunos doctores entendían que el deseo sexual estaba directamente relacionado con la locura…

Un renombrado psiquiatra inglés que ejerció a finales del siglo XIX, escribió una disparatada tesis sobre el tratamiento de la demencia. En esta tesis el doctor explicaba que la locura era producida por una bacteria que ingresaba en el cerebro del individuo a través de sus dientes… y para tratarlo recomendaba extirparle toda la dentadura y coserle las encías…

El doctor Andrej Baer fue el único psiquiatra que ejerció en el manicomio de mujeres criminales. Baer implementó un insólito método para tratar la locura de las internas: cuando tenían una crisis las encerraba en un cuarto sin ventanas con las paredes recubiertas de almohadones, les colocaba guantes de box y las hacía pelear entre ellas… Según la teoría de Baer, el principal causante de que una persona enloqueciese era la represión de sus impulsos agresivos… El doctor había analizado las vidas de cada una de las internas, casi todas arrastraban un pasado de abusos sistemáticos, tanto físicos como mentales; y siempre habían permanecido sumisas ante sus abusadores, jamás los habían enfrentado. Esos impulsos reprimidos tarde o temprano implosionaban, a veces en forma de brotes psicóticos pasajeros, y otras veces como locura permanente…

Luego de cada “Terapia de Riña” los delirios de las pacientes parecían menguar, se relajaban, mejoraban su humor y hasta lograban mantener una conversación coherente con sus doctores. El tratamiento, aunque violento, era muy exitoso; en poco tiempo muchas pacientes podían ser dadas de alta para continuar con sus vidas.

Biljana Rivka, Domnika Doyle, y Liljana Vicari fueron algunas de las pacientes que más progreso mostraron con el tratamiento. Luego de unas veinte sesiones, el doctor Baer les firmó el alta y las mandó a casa.

El caso de recuperación más asombroso fue el de Liljana, la mujer vampiro, quien luego de ocho sesiones de TDR logró exponerse a la luz solar sin sufrir ni una sola quemadura…

Domnika no tuvo más ataques paranoicos, logró llevar una vida normal, tolerando las miradas de la gente sin sentir que le chupasen el cerebro por la nariz…

Quien no se recuperó totalmente fue Biljana Rivka, que meses después de ser dada de alta quedó embarazada, y dos días después de dar a luz, se comió a su bebé…

Lo que el director del manicomio se abstuvo de informar, fue de las víctimas. Que las internas llevasen guantes de box en una habitación de paredes revestidas y amortiguadas, no fue suficiente para evitar que muchas de ellas terminasen con graves contusiones a causa de los poderosos golpes que se daban entre sí. Seis internas del manicomio murieron por hemorragias cerebrales luego de varias sesiones de TDR. Esto fue ocultado, tanto por el doctor Baer como por el director, quienes justificaron las muertes de esas mujeres diciendo que habían sufrido embolias…

El manicomio para mujeres criminales cerró sus puertas el 5 de septiembre de 1858, a sólo 5 años de su fundación, luego de que uno de los enfermeros informase a las autoridades sobre la bestial terapia de Baer y sus víctimas fatales.

Baer fue arrestado. Al investigar sus antecedentes descubrieron que era un impostor, jamás se había recibido de médico y no sabía nada sobre psiquiatría. Su nombre real era Leónidas Dimitrov, y era un boxeador fugitivo de la justicia acusado de haber matado a golpes a su esposa. Para no ser arrestado Dimitrov decidió cambiarse el nombre, mudarse a Macedonia y hacerse pasar por médico psiquiatra…

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