La poética en un mundo descompuesto: ¨Alma y el Poeta¨, de José María Tamparillas

Francisco José Segovia Ramos

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De una obra como Alma y el Poeta se puede decir que la poética se pone al servicio de la literatura de alta graduación; sin matices, sin dejar nada al azar, sin pedir al lector misericordia. Una obra de las que dan caña, a saco.

José María Tamparillas desbroza los escabrosos caminos de un barrio depauperado, triste, sombrío… bueno, como hay muchos dispersos por cada ciudad de este mundo descolorido y egoísta. Poeta se mueve en un terreno espeso, donde el alcohol, las drogas, las putas y los criminales de cualquier cuño se desenvuelven a sus anchas. Pero él, el protagonista, trasunto del autor, sin lugar a dudas, no pierde esa capacidad poética, esa forma de ver el mundo desde otro punto de vista. Por supuesto, ni tan mojigato ni tan adulterado como el de la mayoría de los que viven, o sobreviven, el día a día.

Alma y el Poeta está magníficamente escrito. Aquí, las putadas, los cabrones, las jodiendas, tienen su sentido, su valor, y su Alma. Porque este personaje, una chica extraña, que aparece y desaparece como un simún asfixiante y sobrecogedor, sirve de argamasa para unir a los diferentes personajes que se mueven alrededor o a través de ella.

José María disecciona con maestría a Poeta, a Sotanas, a Miguelón, e incluso a los gatos tuertos que deambulan entre bares llenos de humo y cargados de alcohol. Las putas merecían un libro como este, y los chulos cabrones, también. ¿Quién, sino el bueno y jodido de Poeta, es el más indicado para contarnos sus vidas?

El libro de José María Tamparillas se lee de un tirón… o casi, porque hay momentos en los que hace revolverse las tripas del más duro, y otros en los que se nos encoge el corazón. Capítulos compactos, duros, manejados con soltura. Párrafos que nos arrastran a las tinieblas que se esconden tras las miradas vacías. Frases lapidarias, que caen como losa de cementerio sobre el imprevisto lector y le hace recapacitar sobre la realidad de la vida.

¿No somos, acaso, todos como Poeta? ¿O no? Quizá haya mucho de Poeta en cada lector, y también de Alma, y de Sotanas. El mundo no es tan perfecto como nos lo pintan por doquier. En él se resguardan, en esquinas llenas de podredumbre de barrios donde la desolación tiene su morada. Poeta vive en uno de ellos, en todos. José María lo borda, así de claro. Quién no haya leído nada de él se lo pierde. Una gran putada habérselo perdido.

Los dibujos de Marifé Castejón acompañan con soltura el relato. Son oscuros, sin concesiones al color, góticos hasta la plenitud, impactantes. Otro nuevo acierto de Dissident Tales unir a estos dos talentos en una de sus publicaciones.

El libro tiene un extra, el relato titulado “La mirada del Dodo”, que fue ganador de un premio Nocte en el año 2013, lo que ya dice mucho de su calidad literaria. También aparece Poeta como protagonista del mismo, y es un perfecto colofón a Alma y el Poeta.

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