¡Contéstame, Ricardo!…

Alberto Ernesto Feldman

ricardo

 

 

Recuerdo como si fuera  hoy, después de más de cuarenta años, el velorio de mi primo Ricardo, ¡qué buen mozo era el desgraciado! ¡ Hasta dentro del cajón, pálido y rígido se veía bonito!

¡Y qué escándalo se armó, cuando entró y se acercó hasta él esa linda piba culona toda vestida de azul, a la que nadie conocía, llorando e hipando con desconsuelo, hablándole bajito al muerto ante la curiosidad de familiares y amigos que se codeaban, hacían comentarios y la señalaban moviendo la cabeza, olvidando que estaban allí por Ricardo y no para observar el culo de la señorita.

Las tías y las primas, advertidas de lo que sucedía, tratamos de poner en orden discretamente a los muchachos, recordándoles que estaban en un velorio; pero no pudieron evitar que la Pirucha, la viuda, se diera cuenta de la situación y le preguntara sin miramientos a la intrusa: ¿Quién es usted y por qué está aquí?…

La piba se irguió, dejó de llorar y miró a la Pirucha como si no existiera y caminando como una reina, se abrió paso hacia la salida, ante la mirada atónita de los presentes.

De allí en adelante, nadie habló, el silencio que originó la chica con su presencia, siguió en los coches del cortejo fúnebre, también durante la misa y duró hasta que salimos de la Chacarita. El silencio entre nosotros se cortaba con serrucho.

¿Qué esperaba la Pirucha?…, ¿que la piba le dijera que era la amante de Ricardo?.. ¿Qué le pidiera perdón delante de todo el mundo?… ¿Qué le dijera que la culpa era de ella por no cuidarlo?…

Creo que nunca la familia se había sentido en una situación tan incómoda. Durante años se siguió hablando del velorio de Ricardo como se habla de la caída del Muro de Berlín o de la vez que nevó en Buenos Aires.

A mí, la culona me hizo un gran favor, gracias al revuelo que causó en el velorio, nadie preguntó por qué las últimas palabras de Ricardo, fueron para mí; nadie lo entendería, pero después de todo, fuimos primos veinte años antes de que él conozca a la Pirucha.

Yo lo quise desde chiquita, cuando el dejaba la pelota y yo las muñecas y Jugábamos al doctor. Cuando jugábamos al papá y a la mamá, los abuelos nos decían que los primos no se casan, vaya detalle, pero bueno, lo pasamos bien todo el tiempo que pudimos, y fue mucho tiempo.

Pero decime Ricardo, estoy más que grandecita y más cerca del arpa que de la guitarra; por favor, si donde estás podés oírme, decime, bonito sinvergüenza…, ¿Por qué nos engañaste a la Pirucha y a mí con la culona?

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