¨Las montañas azules¨, de Begoña Ruiz

Editorial Cuadernos del Laberinto

 

 

Las montañas azules es una novela que nos traslada a épocas no demasiado lejanas de nuestra historia española, épocas en las que lo medieval, lo supersticioso, el caciquismo y el más absoluto sometimiento de la mujer se daban cita por doquier, muy principalmente en el mundo rural.
Begoña Ruiz, su autora, nos lleva con mano maestra a situaciones y vivencias que estuvieron ancladas entre nosotros durante siglos. Nos narra las ilusiones de una joven a la que, por su condición femenina, se le niega el acceso al estudio. Y nos introduce en el día a día de una España dura e injusta que muchos se empeñaron en que no cambiase jamás. Si cambió, fue gracias al esfuerzo de unos pocos valientes que se atrevieron a romper egoísmos y tabúes. Por la trama de la novela pasan dos filólogos alemanes que, asombrados de lo que aquí ven, lo quieren retener en su cámara fotográfica y en las notas minuciosas que toman para que las generaciones venideras supiésemos de qué raíces procedemos.
Estoy segura de que el lector que entre en esta «ópera prima» de Begoña va a saborear cada una de sus páginas con el placer que produce lo auténtico, aunque haya autenticidades que, zambullirse en ellas, cause a veces escalofríos. Pero son páginas de lucha contra un pasado cruel, páginas de amor, de compromiso con el futuro y con la vida, páginas henchidas también de optimismo y de esperanza.

El Periódico Irreverentes ha tenido la ocasión de charlar con Begoña Ruiz Hernández para profundizar en esta su ópera  prima literaria.

 

Las montañas azules, su ópera prima literaria, mezcla la ficción y la realidad para poner de manifiesto el sometimiento de las mujeres a lo largo de la historia. ¿Cómo surgió la génesis de esta novela? ¿Qué significado tiene el título?

La génesis surgió porque he oído durante toda mi vida lamentarse a las mujeres de mi pueblo sobre injusticias que les tocó vivir: mi madre que era muy lista y no pudo estudiar porque, cuando el maestro le sugirió a mi abuelo que la llevara a estudiar, él respondió que era viudo y su hija tenía que cuidarle a él; una vecina se quedó analfabeta porque desde los seis años tuvo que pastorear ovejas y no pudo ni asistir a la escuela primaria; otra señora que quería simplemente ir a servir a Madrid fue encerrada por sus padres para que no se escapara… Todos estos testimonios me fueron influenciando hasta que salieron de una forma novelada. El significado del título se debe al color azul que adquieren las montañas en la lejanía, pero al mismo tiempo es una metáfora para mostrar que una remota ilusión te puede sacar de una triste realidad.

 

En su novela se muestra claramente el contraste de una España de 1933 con la Alemania nazi del momento. ¿Cómo fue la documentación para este periodo tan convulso de la historia?

La parte de Alemania también está basada en la realidad. Cuando yo había empezado a escribir sobre una chica cuyos padres la encierran para que no vaya a estudiar, llegó a mi pueblo, El Losar (Ávila), una exposición fotográfica de un filólogo alemán, Albert Klemm, que había estado, en 1os años 30, por las aldeas de Gredos recopilando palabras y haciendo fotos de objetos que desaparecerían con el tiempo. Leí su tesis: La cultura popular de Ávila, unos ensayos sobre la misma en el libro Así éramos y observé sus fotos con detenimiento. Indagando, me di cuenta de que varios intelectuales alemanes vinieron por esa época a realizar  diferentes estudios. España debía resultar exótica y al mismo tiempo muy atrasada en comparación con Alemania. También consulté documentos históricos sobre la Alemania nazi: la quema de libros extranjeros, las leyes de educación…

 

¿Cómo sería el mundo contemporáneo si en el pasado la igualdad entre hombres y mujeres hubiese sido real?

No lo sé. Quizás lo descubramos en el futuro porque yo creo que vamos caminando hacia la igualdad, aunque a un paso demasiado lento.

 

¿Queda mucho por hacer en mundo de la equiparación entre hombres y mujeres?

Sí, bastante. En las noticias vemos demasiados crímenes debidos a la violencia de género. Tenemos un pasado de costumbres machistas que ralentiza la igualdad. Además los hombres han tenido privilegios y algunos no quieren perderlos, por ejemplo Donald Trump sigue empeñándose en hacer comentarios machistas y eso que en EEUU han tenido una educación menos sexista que en España. Llegar a la igualdad en cualquier aspecto es muy difícil pero no imposible.

¿Cómo ha vivido las palabras de los lectores, cómo se ve una novela en los ojos ajenos?

Las palabras de los lectores han sido un regalo inesperado, porque me animan a que continúe escribiendo. Yo pensé que mi primera novela sería como el manuscrito en una botella, al que alude Edgar Allan Poe, pero afortunadamente esa botella ha llegado a alguna playa y hay gente que está leyendo el mensaje que hay dentro.

 

¿Está inmersa en nuevos proyectos literarios?

Sí. Ahora que he encontrado mi camino, tengo que andarlo. He empezado otra novela.

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